Según la especialista, el crecimiento de casos detectados no necesariamente significa que la enfermedad “apareció más”, sino que más personas acuden a consultar y acceden a estudios médicos. “Hoy en día la cantidad de enfermos celíacos que conocemos subió, considero que es más bien porque más gente acude a consultar y se hacen los estudios para el diagnóstico”, sostuvo Gauto durante la entrevista.
La médica aclaró que, a diferencia de lo que muchos creen, la celiaquía no surge por consumir más productos industrializados, ni por exposición excesiva al gluten. Desde su enfoque clínico, la enfermedad celíaca responde principalmente a un origen genético. “La enfermedad celíaca es una enfermedad genética, es una enfermedad hereditaria”, afirmó. En ese sentido, insistió en que el problema no es cuánto gluten consume una persona, sino si porta o no la predisposición.
Sin embargo, la doctora señaló que la industria alimentaria sí puede jugar un rol clave en la calidad de vida de los pacientes. Para ella, el desafío no pasa por fabricar más alimentos “de moda”, sino por garantizar información clara y segura en el etiquetado. “Lo que podrían hacer para ayudar a estos pacientes es catalogar bien si el alimento es o no libre de gluten”, remarcó. También mencionó que muchos productos no incluyen el sello correspondiente de “libre de TAC” (trigo, avena, cebada y centeno), lo que dificulta la compra segura.
Gauto explicó además que una persona puede heredar el gen asociado a la enfermedad incluso hasta la cuarta generación, pero eso no significa que necesariamente la desarrollará. “No todos los pacientes portadores del gen desarrollan la enfermedad”, indicó, y agregó que existe un porcentaje que nunca presentará síntomas ni daño intestinal, incluso consumiendo gluten durante toda su vida.
En cuanto al diagnóstico, la gastroenteróloga detalló que la celiaquía no se define por intuición ni por síntomas aislados, sino por pruebas médicas específicas. El proceso incluye serología positiva en sangre y biopsias del duodeno obtenidas mediante endoscopía, además de evaluar la clínica del paciente. También recordó que la enfermedad puede presentarse de forma típica, atípica o incluso asintomática, lo que complica su detección temprana.
Uno de los puntos más críticos gira en torno al auge del autodiagnóstico, especialmente en jóvenes. La doctora advirtió que eliminar el gluten sin orientación médica puede alterar estudios y generar resultados engañosos. “Los marcadores pueden ser falsos negativos. Los estudios endoscópicos pueden ser falsos negativos”, alertó. Además, recalcó que no es lo mismo una intolerancia al gluten no celíaca que una enfermedad celíaca confirmada, ya que esta última puede afectar varios órganos y no solo el sistema digestivo.
La especialista también puso sobre la mesa un tema poco discutido: el impacto emocional y social del diagnóstico. Desde su experiencia, muchos pacientes atraviesan ansiedad, aislamiento y temor al rechazo. “Uno ya se siente excluido en el grupo familiar, en el grupo de amigos, en la facultad, en el colegio”, expresó. Según comentó, la falta de preparación de restaurantes, bares e instituciones educativas obliga a muchos celíacos a limitar su vida social, especialmente en etapas sensibles como la adolescencia.
Gauto lamentó que Paraguay todavía no incorpore la celiaquía de forma seria en programas educativos ni en estrategias de salud pública. “La verdad que no, no se está promoviendo eso”, dijo al referirse a la educación nutricional en escuelas, colegios y universidades. Para ella, una política efectiva debería incluir capacitación, concientización y entornos más inclusivos, donde el paciente no se sienta señalado por su condición.
En ese contexto, la doctora cuestionó el peso que ganaron los contenidos sin respaldo profesional en redes sociales. Si bien no se mostró en contra de los influencers ni de los médicos que divulgan información, exigió mayor criterio ciudadano para diferenciar fuentes confiables. “Sería bueno que las personas se basen en las sociedades científicas, en la lista de médicos que participan en las sociedades científicas”, indicó, como una forma de verificar quién realmente está certificado.
Al cerrar, Gauto dejó un mensaje para quienes sospechan ser celíacos: evitar la improvisación. La profesional insistió en que las personas no se diagnostiquen y primero acudan al clínico, gastroenterólogo o nutricionista. Según su observación, el fenómeno creció con fuerza en los últimos años y afecta a todas las edades, aunque golpea con más intensidad a los jóvenes, por su exposición permanente a redes y por el impacto emocional que genera vivir con restricciones alimentarias sin apoyo adecuado.
Mientras Fupacel continúa su trabajo de detección y avanza en la actualización de la Guía de Alimentos y Medicamentos rumbo al 2026, la advertencia médica resulta clara: la celiaquía no se diagnostica en redes sociales ni se trata con tendencias, sino con estudios clínicos, acompañamiento profesional y una sociedad que todavía necesita aprender a incluir.