Perimenopausia: la transición silenciosa que muchas mujeres atraviesan sin reconocerla

Aunque forma parte de una etapa natural de la vida, la perimenopausia sigue siendo un tema rodeado de desconocimiento. Muchas mujeres comienzan a experimentar cambios físicos y emocionales sin asociarlos con las fluctuaciones hormonales propias de esta transición hacia la menopausia. Alteraciones del sueño, cansancio, ansiedad, cambios en el ciclo menstrual o dificultades para concentrarse suelen atribuirse al estrés, al ritmo de vida o simplemente al paso del tiempo.

La Dra. Marcia Barrios, especialista en ginecología, explica que la perimenopausia es el período de transición previo a la menopausia, durante el cual la función ovárica comienza a modificarse y los niveles de estrógeno y progesterona presentan importantes variaciones. “Durante la perimenopausia la mujer todavía puede menstruar e incluso quedar embarazada. La menopausia se diagnostica cuando han transcurrido 12 meses consecutivos sin menstruación”, señala.

Esta etapa suele comenzar entre los 40 y 50 años, aunque la edad de inicio puede variar considerablemente de una mujer a otra.

Uno de los primeros signos suele ser la irregularidad en los ciclos menstruales. Sin embargo, los síntomas van mucho más allá. Sofocos, sudoración nocturna, trastornos del sueño, irritabilidad, ansiedad, disminución de la energía, dolores de cabeza, cambios en la libido y sequedad vaginal forman parte de las manifestaciones más frecuentes.

Según la especialista, muchas mujeres no identifican la relación entre estos síntomas y los cambios hormonales porque suelen aparecer de forma gradual y pueden confundirse con situaciones cotidianas.

“Una mujer puede consultar por insomnio, cansancio o ansiedad sin relacionar estos síntomas con los cambios en su ciclo menstrual. Por eso es importante abordar esta etapa de manera integral”, afirma.

Las alteraciones hormonales también pueden repercutir en la calidad del descanso. Los despertares nocturnos, el sueño poco reparador y los sofocos durante la noche pueden generar fatiga persistente durante el día.

Además, algunas mujeres experimentan dificultades para concentrarse o recordar determinadas palabras y situaciones, un fenómeno conocido popularmente como “niebla mental”.

“No significa que la mujer esté perdiendo la memoria. Son síntomas que pueden formar parte de esta transición hormonal y que muchas veces mejoran cuando se identifican y se tratan adecuadamente”, aclara la profesional.

La perimenopausia también representa una etapa clave para revisar la salud general. La disminución progresiva de los estrógenos puede acelerar la pérdida de masa ósea, aumentando el riesgo de osteopenia y osteoporosis.

Asimismo, pueden producirse cambios metabólicos y cardiovasculares relacionados con la distribución de la grasa corporal, el colesterol y otros factores de riesgo.

Por ello, la especialista recomienda aprovechar esta etapa para realizar controles médicos periódicos y evaluar indicadores como la presión arterial, la glucemia, el perfil lipídico, el peso corporal y la salud ósea, según la edad y los antecedentes de cada paciente.

Más allá de los tratamientos médicos, el estilo de vida cumple un papel fundamental para atravesar esta etapa con mayor bienestar.

Una alimentación equilibrada, rica en proteínas, frutas, verduras, calcio y vitamina D, junto con la práctica regular de actividad física, contribuye a preservar la masa muscular y ósea, además de favorecer la salud cardiovascular.

“El ejercicio ideal combina actividad aeróbica con entrenamiento de fuerza. También es importante cuidar la calidad del sueño y trabajar en estrategias para manejar el estrés”, destaca la profesional.

Para la Dra. Barrios, uno de los principales desafíos sigue siendo derribar la idea de que los síntomas deben soportarse porque forman parte natural del envejecimiento.

“La perimenopausia es una etapa fisiológica, pero eso no significa que la mujer tenga que sufrirla. Existen herramientas y tratamientos que pueden mejorar significativamente la calidad de vida”, enfatiza.

La especialista recomienda consultar cuando los síntomas interfieran con las actividades diarias o ante señales de alarma como sangrados abundantes, sangrado entre menstruaciones, sangrado después de las relaciones sexuales o cualquier sangrado que aparezca tras 12 meses sin menstruación.

La clave, concluye, está en informarse y entender que no todos los cambios que aparecen alrededor de los 40 o 50 años deben asumirse como una consecuencia inevitable de la edad. Reconocer los síntomas y buscar orientación profesional puede marcar una diferencia significativa en la salud y el bienestar de las mujeres durante esta etapa de transición.

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