Más cuentas bancarias, pero ¿más ahorro? El desafío de transformar la inclusión financiera en una cultura

(Por MV) Aunque el acceso al sistema financiero creció significativamente, solo el 37,5% de los adultos paraguayos declaró haber ahorrado en 2024. En el marco del Día Mundial del Ahorro, los datos revelan los desafíos que enfrenta el país para convertir la bancarización en una verdadera cultura de ahorro, una condición fundamental para fortalecer las finanzas familiares y financiar el crecimiento económico.

Tener una cuenta bancaria ya no es una realidad lejana para una parte importante de la población paraguaya. La expansión de los servicios financieros, las cuentas básicas y las herramientas digitales permitió que más personas accedieran al sistema formal. Sin embargo, ¿tener más cuentas significa que los paraguayos están ahorrando más?

Los datos de la Estrategia Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2026-2031 muestran avances en el acceso, pero también desafíos para consolidar una cultura de ahorro. En 2025, el 97,3% de las cuentas de depósito correspondía a productos transaccionales, utilizados principalmente para realizar operaciones financieras cotidianas.

Entre estos instrumentos destacan las cuentas básicas de ahorro, cuya cantidad pasó de 143.300 en 2016 a más de 2,7 millones en diciembre de 2025. Si bien representan una herramienta importante de inclusión financiera, su crecimiento no necesariamente implica que los usuarios estén destinando parte de sus ingresos al ahorro.

La diferencia se refleja en el comportamiento de la población. Según los datos recogidos en la ENIF, el 37,5% de los adultos paraguayos declaró haber ahorrado durante 2024, una proporción que se encuentra por debajo del promedio regional del 45,4%.

La bancarización avanza

La expansión del sistema financiero continúa mostrando resultados favorables. Según datos proporcionados por el equipo de la Intendencia de Inclusión Financiera y Finanzas Sostenibles de la Superintendencia de Bancos, durante 2026 unos 4,4 millones de personas cuentan con al menos una cuenta de depósito habilitada, frente a los 1,6 millones registrados en 2016.

En la última década, la cantidad de cuentas de depósito creció a una tasa promedio anual del 19%, impulsada en parte por la digitalización de los servicios financieros y la modernización de los sistemas de pago.

Uno de los principales motores de esta expansión fueron las cuentas básicas de ahorro, que pasaron de aproximadamente 144.000 en 2016 a 3,09 millones en 2026, con un crecimiento promedio anual del 49%.

Sin embargo, el aumento de la cantidad de cuentas no necesariamente representa un crecimiento equivalente en la capacidad de ahorro de las familias, ya que estos productos también se utilizan para recibir dinero, realizar pagos y administrar los gastos cotidianos.

Más interés por instrumentos

Los datos también muestran avances en la utilización de instrumentos financieros orientados a la acumulación de recursos a mediano y largo plazo.

Entre 2016 y 2026, los certificados de depósito de ahorro (CDA) registraron un crecimiento promedio anual del 11%, equivalente a unos 9.930 nuevos certificados por año. En paralelo, las cuentas de ahorro programado crecieron a una tasa promedio anual del 19%, incorporando aproximadamente 15.000 nuevas cuentas anuales.

Desde la Superintendencia de Bancos señalaron que esta evolución refleja avances en el uso de productos destinados al ahorro y la planificación financiera.

No obstante, reconocieron que todavía persisten desafíos relacionados con la capacidad de ahorro de los hogares y la preferencia por instrumentos de alta liquidez, que permiten disponer del dinero de manera inmediata.

Para el economista Jorge Garicoche, Paraguay logró avances importantes en el desarrollo del mercado financiero, aunque todavía tiene un largo camino por recorrer para incorporar el ahorro como una práctica habitual.

“La cultura del ahorro es algo que realmente en Paraguay tenemos que seguir empujando”, señaló.

El especialista explicó que el aumento de las cuentas bancarias constituye un avance positivo, pero no debe confundirse con una mayor capacidad de ahorro. En muchos casos, las personas utilizan estos instrumentos principalmente para recibir dinero, realizar pagos o administrar sus gastos cotidianos, sin necesariamente acumular recursos para objetivos futuros.

Pasar de las transacciones al ahorro

Uno de los principales retos que identifica la estrategia nacional es lograr que el acceso a los servicios financieros se traduzca en un uso más profundo de los instrumentos disponibles.

Aunque el ahorro en instituciones financieras aumentó durante los últimos años, todavía existen diferencias importantes entre quienes tienen una cuenta y quienes efectivamente la utilizan para guardar dinero.

En 2024, el 52,4% de los adultos que declararon haber ahorrado lo hizo mediante canales formales, como bancos, cooperativas, entidades financieras o billeteras electrónicas. Otro 12% recurrió a mecanismos semiformales, mientras que el 35,6% utilizó alternativas como guardar dinero en casa o invertir en bienes físicos.

La composición de los depósitos también evidencia esta diferencia. En 2025, los productos específicamente destinados al ahorro representaban alrededor del 3% de las cuentas del sistema financiero, pero concentraban el 46,8% de los fondos depositados en bancos y financieras.

Esto indica que, mientras una gran cantidad de cuentas se utiliza principalmente para operaciones transaccionales, una proporción importante de los recursos permanece concentrada en instrumentos de ahorro.

Entre estos últimos se encuentran los certificados de depósito de ahorro (CDA) y los depósitos a plazo, que permiten mantener recursos durante determinados periodos y obtener rendimientos.

Sin embargo, solo el 33,1% de las personas que ahorraron formalmente declaró haber recibido intereses por sus ahorros, frente al promedio regional del 38,8%.

¿Por qué cuesta ahorrar?

Para Garicoche, las dificultades para consolidar una cultura de ahorro responden a una combinación de factores económicos y de confianza en el sistema financiero.

El primero está relacionado con los ingresos de las familias. Si bien Paraguay registró avances en la reducción de la pobreza durante las últimas décadas, una parte de la población todavía enfrenta condiciones económicas que limitan su capacidad para reservar dinero después de cubrir sus necesidades.

Esta situación también aparece reflejada en la ENIF. Entre los adultos que no poseen una cuenta financiera, el 46,2% menciona la falta de fondos como una de las principales razones, mientras que el 44,8% señala la percepción de costos elevados.

El documento también identifica diferencias en los hábitos de ahorro según el nivel educativo, los ingresos y la participación laboral. Los grupos con mayores recursos y formación presentan una capacidad de ahorro considerablemente superior a la de los segmentos económicamente más vulnerables.

A estas condiciones se suma, según Garicoche, el peso de las experiencias del pasado en la confianza de algunos ahorristas.

El economista recordó que la crisis financiera iniciada en 1995 afectó a una generación de paraguayos y dejó consecuencias sobre su relación con las instituciones financieras.

Recuperar y fortalecer la confianza resulta fundamental para que más personas consideren al sistema financiero como un espacio seguro donde mantener sus recursos a largo plazo.

En ese sentido, destacó la importancia de la credibilidad institucional y del papel que desempeña el Banco Central del Paraguay como regulador del sistema.

El ahorro también financia el crecimiento económico

Más allá de su importancia para la economía familiar, el ahorro tiene una función determinante en el financiamiento de las actividades productivas.

Los recursos depositados en el sistema financiero permiten ampliar las posibilidades de otorgar créditos a empresas, productores e inversionistas que necesitan capital para desarrollar sus proyectos.

El economista destacó el crecimiento de instrumentos como los certificados de depósito de ahorro, que contribuyen a canalizar recursos hacia el financiamiento.

No obstante, una capacidad limitada de ahorro interno también puede convertirse en una restricción para la inversión, especialmente cuando se trata de proyectos de largo plazo.

Si la economía necesita financiar nuevas inversiones y los recursos disponibles localmente no resultan suficientes, una alternativa es recurrir al financiamiento externo.

Aunque esta posibilidad permite acceder a capital adicional, también puede generar riesgos relacionados con las variaciones del tipo de cambio, particularmente cuando las obligaciones se encuentran denominadas en monedas extranjeras.

Por ello, Garicoche considera que fortalecer el ahorro nacional trasciende la administración de las finanzas personales y adquiere una dimensión macroeconómica.

La disponibilidad de recursos internos puede contribuir a desarrollar un mercado financiero más profundo, ampliar las alternativas de financiamiento y reducir determinadas vulnerabilidades asociadas a la dependencia del capital externo.