Así lo señaló Henrique Sznirer, director asociado de Calificaciones Globales para Instituciones Financieras de Sudamérica en S&P Global Ratings, durante su participación en la 2.ª Convención Bancaria Paraguay 2026.
De acuerdo con el especialista, S&P mantiene una perspectiva positiva sobre el sistema bancario paraguayo, lo que abre la posibilidad de una mejora en su evaluación durante los próximos dos años. Este escenario dependerá principalmente de los avances regulatorios y de la disminución de ciertas distorsiones dentro del mercado financiero.
Actualmente, la evaluación del sistema bancario se encuentra por debajo de la calificación soberana. Sznirer explicó que esta diferencia es habitual, ya que la evaluación del país también incorpora fortalezas como el bajo nivel de endeudamiento público y el compromiso fiscal.
La mejora de la calificación soberana, no obstante, favoreció la evaluación del sistema financiero. A finales de 2024, S&P elevó a “bb-” el denominado “ancla” del sistema bancario, punto de partida utilizado posteriormente para determinar la calificación individual de cada entidad.
Rentabilidad, crecimiento y estabilidad
Entre las principales fortalezas del sistema local, Sznirer destacó su adecuada rentabilidad, sostenida por márgenes amplios, pérdidas crediticias contenidas y una carga impositiva menor que la observada en otros mercados.
El retorno sobre el capital del sistema se mantuvo, en promedio, entre el 15% y el 18% durante los últimos años, un nivel competitivo frente a otros países de América Latina. A ello se suma un historial de más de una década sin quiebras bancarias, indicador que, según el representante de S&P, refleja la estabilidad alcanzada por el sector.
También valoró la relativa simplicidad de las operaciones bancarias paraguayas frente a mercados más sofisticados, como Brasil o Chile. Esta característica reduce algunos riesgos vinculados a productos financieros complejos, aunque también evidencia que el sistema todavía tiene espacio para ampliar y diversificar sus servicios.
El crecimiento económico y la mayor inclusión financiera impulsaron, a su vez, una expansión sostenida del crédito, que generalmente se ubicó por encima del 10% anual tanto en guaraníes como en dólares.
Consumo y vivienda todavía tienen margen para crecer
Dentro de la cartera bancaria, uno de los segmentos que más avanzó fue el crédito al consumo. Su participación pasó de representar alrededor del 5% del PIB en 2017 a aproximadamente el 10% actualmente. Aun así, sigue siendo mucho menor, como porcentaje del PIB, que en la mayoría de los países pares.
Sznirer vinculó este crecimiento con las reformas orientadas a la inclusión financiera, la digitalización de los servicios y la expansión de los bancos.
El financiamiento para la vivienda también ganó participación. En nueve años pasó del 1,3% al 2,8% del PIB, apoyado por programas públicos como Mi Primera Vivienda y Che Róga Porã.
Pese a esta expansión, ambos segmentos mantienen una penetración inferior a la registrada en economías como Brasil, Chile o Colombia. Esta diferencia representa una oportunidad para continuar profundizando el acceso al crédito de los hogares paraguayos, siempre que la expansión se produzca de forma prudente.
El agro sigue siendo una fuente de fortaleza y vulnerabilidad
La exposición al agronegocio continúa ocupando un lugar relevante en la cartera del sistema financiero. Aunque la economía paraguaya se volvió más diversificada durante la última década, la elevada participación del crédito agropecuario mantiene a los bancos expuestos a riesgos climáticos, sequías y variaciones en los precios internacionales de los commodities.
La diversificación económica permitió reducir la participación del sector primario en el PIB, desde aproximadamente el 25% hasta cerca del 20% en los últimos diez años. Paralelamente, crecieron actividades como la manufactura y la maquila, lo que disminuyó parcialmente la vulnerabilidad del país frente a choques externos.
No obstante, Sznirer advirtió que una desaceleración económica, luego de varios años de rápido crecimiento crediticio, podría generar volatilidad en los activos improductivos y deteriorar algunos indicadores de calidad de cartera.
Regulación: avances graduales y una transición pendiente
Sznirer también valoró la estabilidad institucional del sistema paraguayo. Durante la última década, las instituciones que atravesaron dificultades fueron absorbidas o reestructuradas mediante procesos de fusiones y adquisiciones.
El especialista destacó, además, la capacidad de respuesta de los reguladores frente a episodios adversos, como la pandemia de 2020 y la sequía de 2022. A esto se suman los esfuerzos para ampliar la supervisión de las entidades de pago y fortalecer los estándares de prevención del lavado de dinero y de gobierno corporativo.
Sin embargo, Paraguay todavía se encuentra en transición hacia Basilea III. Según la presentación, la implementación gradual del coeficiente de cobertura de liquidez comenzó en mayo de 2026, mientras que los requerimientos de capital y la gestión de riesgos aún no alcanzan el nivel de integralidad previsto en los estándares internacionales.
Otro desafío es la fragmentación de la supervisión financiera. Mientras los bancos están regulados por el Banco Central del Paraguay, las cooperativas —que concentran alrededor del 10% de los préstamos— se encuentran bajo la supervisión del Incoop, organismo con facultades de ejecución más limitadas que las del BCP.
Un mercado de capitales todavía estrecho
El bajo desarrollo del mercado de capitales aparece como otra de las limitaciones estructurales. Paraguay todavía cuenta con pocas emisiones internacionales y un mercado local reducido frente al observado en otros países de la región.
La ampliación de este mercado permitiría diversificar las fuentes de financiamiento de bancos y empresas, reducir la dependencia del crédito tradicional y generar nuevas alternativas para los inversionistas.
Para S&P, el sistema bancario paraguayo presenta condiciones favorables: una economía dinámica, bancos rentables, pérdidas crediticias controladas y un prolongado historial de estabilidad. El desafío será aprovechar ese punto de partida para fortalecer la regulación, acompañar prudentemente la expansión del crédito y desarrollar instrumentos financieros capaces de sostener una nueva etapa de crecimiento.
Las claves para profundizar el sistema
La convergencia hacia estándares internacionales como Basilea III y las Normas Internacionales de Información Financiera debe continuar de forma gradual. El director reconoció que la regulación paraguaya registró avances, aunque todavía quedan aspectos por alinear con las mejores prácticas internacionales.
Uno de los principales beneficios de esa modernización sería una mayor comparabilidad de la información financiera. Contar con balances y criterios estandarizados facilitaría el análisis de los bancos paraguayos por parte de inversionistas extranjeros y les brindaría mayor confianza al momento de evaluar oportunidades dentro del mercado local.
El ejecutivo también identificó la informalidad como una limitación para profundizar la inclusión financiera. Paraguay presenta un nivel de informalidad superior al de otros países de América Latina, lo que dificulta que las entidades reconstruyan el historial financiero y la capacidad de pago de los potenciales clientes.
Para los bancos, la falta de información sostenida sobre los ingresos vuelve más complejo el análisis crediticio. A esto se suma que los trabajadores informales suelen tener ingresos más variables y menor protección frente a situaciones como la pérdida del empleo, factores que pueden incidir en los niveles de morosidad.
En ese sentido, una reducción de la informalidad permitiría ampliar el acceso al crédito, mejorar la evaluación de los solicitantes y favorecer un crecimiento de mayor calidad en las carteras bancarias.
Consultado sobre los factores que observa S&P al evaluar un sistema financiero, Sznirer evitó formular recomendaciones directas debido a las políticas de la calificadora, pero mencionó tres aspectos centrales: la velocidad del crecimiento del crédito, el nivel de concentración de las carteras y la calidad de la supervisión.
Una expansión muy acelerada puede convertirse en un factor de riesgo, especialmente cuando el crecimiento de una entidad se distancia considerablemente del comportamiento de la economía. Del mismo modo, una elevada concentración en determinados sectores puede aumentar la exposición frente a choques específicos.
Una supervisión alineada con estándares internacionales y proporcional al tamaño y a la complejidad del mercado genera mayor confianza entre los inversionistas.