“Me presento, mi nombre es Ángel David Román Rojas. Actualmente tengo 25 años y me dedico al rubro de la artesanía, específicamente realizo la técnica del macramé”, comenzó diciendo a InfoNegocios. Su emprendimiento tiene hoy entre cinco y seis años de vida y surgió durante el aislamiento por la pandemia.
Antes de ese quiebre, Ángel vivía en Asunción, donde estudiaba y trabajaba. Con la llegada del Covid-19, tuvo que regresar al interior del país, específicamente a Itapúa, y enfrentarse a una rutina completamente distinta. “Con este tema de la pandemia yo tuve que regresar estando solo en casa, y fue una manera de distracción en lo personal”, recordó. Fue allí donde volvió a conectar con una técnica que había aprendido años atrás, en séptimo grado, durante la materia de Trabajo y Tecnología.
Ese conocimiento previo, sumado a su gusto por los trabajos manuales, fue esencial. “Siempre me gustaron los trabajos manuales, la artesanía, crear con las manos”, explicó. Así comenzó a experimentar con hilos y nudos, sin imaginar que ese pasatiempo terminaría convirtiéndose en un negocio.
El nombre del emprendimiento tampoco fue casual. Inimbo proviene del guaraní y significa “hilo”, la materia prima esencial de todas sus creaciones. “Me gusta mucho el tema de la cultura paraguaya, entonces Inimbo es una palabra escrita en guaraní que significa hilo”, detalló.
Sus primeros productos fueron portaplanteras de pequeño tamaño, y su primera clienta fue nada menos que una amiga de su madre. “Recuerdo muy bien, mi primera clienta fue la amiga de mi mamá… le vendí una portaplantera por 25.000 guaraníes”, contó. La inversión inicial fue mínima, ya que el objetivo no era ganar dinero, sino crear y despejar la mente.
Con el tiempo, y gracias al impulso de las redes sociales, el proyecto comenzó a crecer. “Ya después fui más reconocido a nivel nacional. Tuve clientes de Encarnación, luego de Asunción y así me fui expandiendo”, señaló. Hoy, Inimbo funciona principalmente como una tienda virtual, con envíos a todo el país.
La versatilidad del macramé permitió ampliar el catálogo: desde llaveros, que arrancan en G. 15.000, hasta cortinas, almohadones e incluso vestidos artesanales que pueden superar el G. 1.500.000, según la complejidad del tejido. Cada pedido se realiza a medida y requiere entre cinco y siete días hábiles de producción.
Más allá del negocio, Ángel deja un mensaje a todos: “Muchas veces tenemos nuestro talento oculto y por miedo no lo sacamos a la luz”. Su historia es una prueba de que animarse puede transformar un momento difícil en una oportunidad concreta, hecha a mano y con identidad paraguaya.