Almuerzo escolar, negocios locales y desarrollo: la otra cara de Hambre Cero

(Por Romina Da Re) Cuando hablamos de creación de empresas, generación de empleo, innovación y desarrollo, las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (mipymes) tienen un rol protagónico en Paraguay. Las mipymes representan más del 97% del tejido empresarial y concentran el 76,9% del empleo.

Con Hambre Cero, además de la alimentación de nuestros niños, nace una nueva oportunidad y un cambio silencioso pero profundo en la forma en que el Estado compra: el programa establece la obligatoriedad de que mínimamente un 5% de las compras del programa, provenga de las mipymes locales y un 10% de la agricultura familiar, esto implicó la apertura de un mercado que anteriormente estaba reservado casi exclusivamente para un número reducido de grandes empresas. De esta manera, se impulsó y formalizó al tejido productivo más importante del país, dinamizando la demanda interna.

Hoy, esto significa que, cada guiso, cada fruta y cada panificado que llega a una escuela puede ser una puerta de entrada para pequeñas y medianas empresas de alimentos, fincas familiares, pequeñas industrias locales. Y no es solo teoría: ya hay casos de empresas que multiplicaron su facturación de G. 20 a 400 millones mensuales al convertirse en proveedoras del programa, y a esto se suman los cientos de empleos formales que se generan, en su mayoría ocupados por mujeres y a más de US$ 40 millones se han comprado a pequeñas empresas y productores locales de todo el país, a poco más de 15 meses de su implementación.

Pero para entrar a esta cancha, no alcanza con “cocinar rico”, “tener un buen producto” o “brindar un buen servicio”. Hace falta:

        Formalización: contar con RUC, cédula mipymes, habilitaciones sanitarias y cumplir con las normas laborales.

        Gestión y digitalización: saber cuánto cuesta realmente el producto, emitir facturas, usar herramientas básicas para ordenar stock, compras y cobros, y planificar aumentos de volumen sin perder el control.

        Innovación y sostenibilidad: pensar en envases más responsables, reducir desperdicios, comprar materia prima local y diseñar productos que respeten criterios nutricionales y sanitarios sin disparar costos ni residuos.

        Capacidad de respuesta y adaptación: organizar la producción para entregar de manera sostenida, sin interrupciones, adaptarte rápido a cambios, requisitos o volúmenes.

La capacidad de una empresa para cumplir con estos altos estándares de calidad y gestión se convierte automáticamente en una ventaja competitiva estructural.

La proyección internacional

Lo interesante es que las mismas capacidades que hoy exige Hambre Cero son las que mañana permiten:

        Venderle a un hotel que busca proveedores sostenibles.

        Competir en una feria internacional, con un producto mejor presentado.

        Participar en una rueda de negocios frente a un comprador de una cadena de supermercados, una multinacional o un comprador de otro país.

        Estar en un marketplace de clase mundial, y llegar a clientes de todo el mundo.

En otras palabras: el plato del almuerzo escolar puede ser el primer eslabón de una cadena que termina en la exportación.

La pregunta estratégica

Entonces, las empresas no deberían preguntarse solamente “¿cómo entro a Hambre Cero?”, sino:

        ¿Estoy listo para formalizarme de verdad?

        ¿Qué parte de mi proceso podría digitalizar hoy, aunque sea con herramientas simples?

        ¿Qué puedo hacer para que mi negocio sea más sostenible y competitivo, no solo más “barato”?

        ¿Estoy mirando las ferias, las ruedas de negocios y las compras públicas como pasarela hacia otros mercados?

La buena noticia es, que con la nueva Ley N° 7444/2025 de Mipymes, el camino para hacer esto realidad, es hoy más sencillo y económico: la formalización tiene costo cero para las microempresas y descuentos significativos para las pequeñas, reduciendo una de las principales barreras de entrada.

De la oportunidad a la acción

Paraguay está ante una oportunidad histórica donde la inversión pública se convierte en el motor de su propia economía. Hambre Cero demuestra que el apoyo Estatal es la catapulta más poderosa hacia el crecimiento. Al mismo tiempo, las compras públicas dejan de ser un fin en sí mismas para convertirse en el primer paso de algo que termina con el sello Made in Paraguay en los mercados internacionales más exigentes. El potencial está, sólo necesitaba el empujón para empezar como proveedor local hasta convertirse en una futura gran empresa exportadora del Paraguay.

Los hornos de estas pequeñas empresas están cocinando el futuro económico del país, y el resultado final es un país más próspero y competitivo para todos.

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