Sin alcohol: más allá de la calidad, hay conversaciones pendientes

(Por Florencia Parodi, comunicadora especializada en vinos) El vino sin alcohol abre debate sobre su calidad sensorial, pero mientras se discute si está a la altura, el mercado introduce nuevas preguntas y redefine el interés del consumidor.

De acuerdo a la IWSR (International Wine and Spirits Record), el segmento sin alcohol en su conjunto proyecta un crecimiento del 7% anual hasta 2027, y el vino sin alcohol específicamente, se estima en un +5% anual proyectado hacia 2028. Los números todavía son modestos en términos de volumen global, pero con una tendencia de crecimiento constante.

Estos datos abren debates desde muchas aristas. Por un lado, el consumidor, quienes, cómo, cuándo, porqué. Y por el otro, dentro de la industria y de los profesionales del vino, la comparación entre vino “tradicional” y vino sin alcohol. 

Más allá de la calidad que a veces se discute, creo que hay una realidad, el alcohol es una pieza fundamental en el ensamblaje del vino. Producir vinos sin alcohol representa importantes desafíos, en materia económica, pero también en materia enológica y química para preservar la estructura, la complejidad aromática, los sabores y texturas. Ni hablar de lo que también conlleva la comunicación en un mercado todavía de nicho. 

La opinión generalizada es que el camino está en exploración, aunque el vino desalcoholizado todavía no logra “equipararse” al que sí tiene alcohol, por los motivos mencionados. 

Esto me lleva a preguntarme, si el consumo de un producto, que dista un poco en sabor y estilo de su versión tradicional, aumenta y crece, ¿quiere decir que hay un público que no está dedicado a comparar versiones, sino que abraza esta alternativa como válida para su vida?

¿Se abre entonces una brecha entre consumidores de vinos sin alcohol y vinos con alcohol? ¿O nos reflejamos en la categoría de las cervezas y mantenemos el discurso de que son para diferentes ocasiones? ¿Coincidimos en que será siempre “una alternativa” para algunas ocasiones y que se acepta, aunque no sea igual? 

Creo que las respuestas a estas preguntas y a otras tantas que surgen, son fundamentales para reflexionar sobre el futuro. Es un momento maravilloso de cambios que como profesionales del vino nos toca explorar, y como consumidores, descubrir. 

Para quienes trabajamos en comunicación del vino nos plantea un desafío concreto, ya que estamos acostumbrados a partir del producto para construir el relato. Pero esta tendencia nos invita a hacer el recorrido inverso, mirando al consumidor para entender qué necesidad está cubriendo este producto en su vida y cómo conectarlos.

Soy consciente de que todavía es muy incipiente, pero no debemos olvidar que son las generaciones más jóvenes las que irán tomando el mando de las casas productoras en el futuro y con este recambio generacional habrá modificaciones, como las hubo en épocas pasadas. 

El tiempo nos dirá si esta tendencia transforma o no la industria. Por el momento, hay una certeza: la pregunta de si el vino sin alcohol está logrado o no… es simplemente el principio de la conversación.

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