Uno de los casos más visibles es el de Oro Bruto, marca paraguaya de indumentaria que lanzó una colección inspirada en la selección nacional y registró un fuerte crecimiento de la demanda.
“Me animo a decir que crecimos entre 600% y 700% en comparación con otras colecciones. El volumen de pedidos diarios supera entre ocho y diez veces lo que recibíamos normalmente”, afirmó Lucas We, copropietario de Oro Bruto.
La colección fue lanzada a principios de junio y representó la apuesta más grande en la historia de la marca. Para financiarla, recurrieron a un importante préstamo, además de reinvertir todo el capital acumulado durante casi tres años de trayectoria de la empresa.
La respuesta del público superó ampliamente las expectativas.
“Durante nuestro evento de lanzamiento en Club Touch, cientos de personas hicieron fila para ingresar. En una sola jornada se vendió cerca del 65% de toda la producción. En un día se vendió prácticamente lo mismo que habíamos vendido en toda nuestra colección anterior. Fue una locura”, recordó We.
Actualmente, la empresa enfrenta una situación poco habitual para una marca emergente: la demanda supera constantemente la capacidad de reposición de stock.
“Estamos en una situación de sobredemanda. Todo el tiempo estamos reponiendo mercadería, pero no damos abasto. Hay más demanda que stock”, explicó.
Aunque el fenómeno mundialista aceleró las ventas, desde Oro Bruto sostienen que la conexión con la identidad nacional forma parte del ADN de la marca desde sus inicios.
“Oro Bruto nace un poco como reacción al ver otras marcas, ya sean locales o extranjeras, y a gente usando ropa con nombres de ciudades que ni siquiera conocen. Todo el mundo tiene una remera que dice Venecia, Nueva York o Londres. Nosotros dijimos: ¿por qué no hay una marca que diga Asunción o Capiatá? Creemos mucho en lo artesanal. Dibujamos a mano, cosemos, pensamos cada diseño y tratamos de usar lo artesanal como la herramienta que hoy puede diferenciarnos”, señaló.
Para We, el contexto actual favorece la revalorización de la identidad nacional.
“El Mundial aceleró un proceso que ya venía ocurriendo. La gente se siente orgullosa de ser paraguaya y Paraguay también está de moda por todo lo que está pasando en el país”, sostuvo.
Un poco de contexto histórico
Desde una mirada más histórica, el fenómeno encuentra explicación en el rol que la selección paraguaya adquirió dentro de la construcción de la identidad nacional.
El historiador Fabián Chamorro consideró que “hoy la Albirroja es uno de los pocos elementos capaces de generar un sentimiento colectivo que atraviesa diferencias políticas, sociales o geográficas. Actualmente, la selección paraguaya es el único elemento que definitivamente nos une a todos. Eso se pudo ver claramente durante el debut mundialista y el ambiente de efervescencia que se vivió fue impresionante”.
Según explicó, Paraguay no enfrenta hipótesis de conflicto bélico ni tensiones fronterizas que obliguen a fortalecer constantemente los símbolos nacionales, como ocurre en otros países. En ese contexto, el fútbol terminó ocupando ese espacio de cohesión social.
“La selección comenzó a convertirse en un elemento de identidad nacional a partir de la década de 1970, cuando el fútbol se profesionalizó y empezamos a equiparar la bandera con la selección”, explicó.
Chamorro señaló que la consolidación del fenómeno llegó durante las décadas siguientes gracias a la expansión de los medios de comunicación.
“La televisión fue importante. Antes la gente seguía los partidos por radio, pero cuando el fútbol entró en los hogares a través de la televisión, el sentimiento de pertenencia se potenció muchísimo más”.
Para el historiador, los grandes momentos de unidad nacional estuvieron históricamente vinculados a acontecimientos políticos o militares, como los centenarios patrios o las victorias de la Guerra del Chaco. Sin embargo, en las últimas décadas el fútbol pasó a ocupar ese lugar.