Según una publicación de las Naciones Unidas (ONU), solo el 20% de las importaciones estadounidenses entran con las tarifas generales. El resto depende de acuerdos bilaterales, sanciones o excepciones.
Lo que antes se interpretaba como ajustes técnicos en los aranceles hoy adquiere un matiz mucho más amplio, geoeconómico. Así lo sostiene Carlos Olmedo, especialista en gobernanza, desarrollo institucional y análisis político en América Latina, quien analizó de qué manera estas medidas están redistribuyendo competitividades, alterando flujos de abastecimiento y redefiniendo el lugar de países desarrollados y en desarrollo dentro de los mercados globales.
Para Olmedo, los cambios arancelarios de EE.UU. no deben leerse únicamente como herramientas económicas. “No son simples ajustes técnicos; son decisiones estratégicas que reordenan alianzas y hacen que el acceso a los mercados dependa cada vez más de la política que de la pura eficiencia económica. En un contexto así, los aranceles dejan de ser solo instrumentos de protección industrial y pasan a ser una señal política, una forma de marcar posiciones, de premiar a algunos socios y presionar a otros”.
Prueba de ello es que, en 2024, según Olmedo, casi dos tercios de las importaciones estadounidenses ingresaban bajo el régimen de Nación Más Favorecida (NMF). Sin embargo, a inicios de 2026 esa proporción cayó abruptamente al 20%, según la UNCTAD. “Eso no es un detalle técnico; es una señal clara de que el sistema comercial se está fragmentando. Ya no son solo una barrera económica para proteger industrias; también son una herramienta de posicionamiento internacional”, puntualizó.
La UNCTAD mencionó también en su informe que los países desarrollados, en promedio, salieron mejor parados. Su desventaja arancelaria frente a competidores se redujo. Los países en desarrollo, por el contrario, vieron cómo su desventaja crecía: del 1% al 3%. Y los países menos adelantados, que antes estaban en una posición neutral, ahora parten con un 2% de desventaja.
Mercosur ante un escenario de riesgos y oportunidades
Para Olmedo, “está el riesgo: si economías grandes como Brasil o Argentina reciben subas arancelarias más fuertes en ciertos sectores, automáticamente pierden competitividad frente a otros proveedores que quedan mejor posicionados. Y eso no es menor, porque en algunas categorías ya se vio que países emergentes —incluido Brasil— enfrentaron aumentos más marcados, lo que abre espacio a competidores externos”.
Pero, simultáneamente, surgen oportunidades. La desigualdad en los aumentos arancelarios abre nichos donde ciertos países del bloque pueden quedar relativamente mejor posicionados. “La competitividad ahora se vuelve mucho más específica, sector por sector. Quien lea rápido el movimiento del mercado podrá capitalizarlo”, advirtió Olmedo.
En cuanto a la posición de Paraguay, también presenta dualidades. “Paraguay es más vulnerable, porque es una economía pequeña, tiene menos capacidad de influir en las reglas del juego y depende mucho de factores externos como los precios, la logística o la demanda internacional. Y, además, los datos muestran que los países en desarrollo están perdiendo algo de ventaja relativa en el mercado estadounidense, lo que aumenta la presión competitiva para exportadores más periféricos como nosotros”, señaló el especialista.
“Pero, al mismo tiempo, también puede ser más flexible. Justamente porque Paraguay no está en el centro de las tensiones geopolíticas, tiene cierto margen para moverse rápido, encontrar nichos, reacomodarse dentro de cadenas regionales o incluso aprovechar espacios que dejan otros proveedores”, agregó. Sin embargo, Olmedo remarcó que esa flexibilidad depende en gran medida de la coordinación público-privada y de las decisiones de Brasil y Argentina, actores centrales para Paraguay.
¿Subirán los costos de importación para Paraguay?
Carlos Olmedo sostuvo que el riesgo existe, aunque de forma indirecta. Paraguay no paga los aranceles de EE.UU., pero sí sufre los efectos colaterales. Si los grandes compradores globales cambian de proveedor, también cambian las rutas, los precios internacionales y los costos logísticos. Además, si las nuevas reglas empujan a producir más cerca de los grandes mercados, algunas etapas de mayor valor pueden relocalizarse y alterar la forma en que se abastece el mundo. Para Paraguay, eso se traduce en algo bastante concreto: ciertos insumos podrían encarecerse o volverse más volátiles, no por razones técnicas, sino por decisiones políticas que reordenan el comercio global.