Verónica Pardo, propietaria de La Casa VRO, recordó ese punto: con las cocinas cerradas, eventos cancelados y una incertidumbre generalizada, la empresa necesitaba sostener su flujo diario. “Fue un momento durísimo para nosotros, en el cual, vamos a decir que Marito habló un viernes y nosotros el sábado ya estábamos vendiendo frutas y verduras. Al mes nos dimos cuenta de que teníamos todo un networking armado y entonces ahí apareció la oportunidad de vender chocolate. Nos reinventamos, seguimos adelante, teníamos el flujo del día a día con la venta de frutas que hacíamos nosotros, y apareció esta oportunidad, que al mismo tiempo fue un resurgir nuestro”.
La marca apostó a productos premium que dialogaban con su propia esencia: calidad, estética y una experiencia cercana, pero sofisticada.
Hoy, el consumidor paraguayo ya no busca solamente un producto accesible o funcional. Según Pardo, hay un segmento que exige algo más: una experiencia. “Ya todos se dan cuenta entre un chocolate sucedáneo y uno de verdad”, afirmó. Y dentro de ese mundo, VRO ofrece opciones con identidad, origen y una variedad que va desde chocolates belgas hasta República del Cacao, una marca de referencia mundial.
Sus líneas van desde chocolates blancos caramelizados con un toque de sal, comerciales pero elegantes, hasta cacaos de origen ecuatoriano, considerados los mejores del mundo. “Es un lujo posible, accesible, más aún con República del Cacao, que se disfruta sin culpa y que conecta con las personas que valoran la calidad, la estética y el significado de consumir un buen producto. Eso nos permite, como paladar paraguayo, elevar muchísimo nuestro perfil y posicionarnos ante el mundo dentro de la gastronomía”, mencionó.
El chocolate rubí, uno de los productos insignia que comercializa la marca, encarna esa filosofía. Es afrutado, de perfil moderno, disruptivo y conectado con nuevas tendencias de consumo. “El rubí tiene identidad propia. Cuando lo probás, no es un chocolate normal. Es más como la mujer de hoy: no buscamos encajar con moldes, sino ser fieles a lo que somos. Rubí tiene una identidad propia y, para nosotros, representa una diversidad más dentro del amplio catálogo que tenemos en chocolates”, detalló.
Uno de los cambios más visibles está en el sector gastronómico. Restaurantes premium, pastelerías y heladerías están incorporando chocolates de alta calidad como ingredientes y como parte narrativa de la experiencia culinaria. “Hoy un restaurante serio ya no pone sucedáneo”, afirmó Pardo. “La gente quiere comer y gastar por algo que le guste. Y cada vez hay más curiosidad por productos de calidad”, agregó. Los paraguayos empiezan a identificar origen, matices y perfiles de sabor, un indicador claro del crecimiento del paladar local.
La Casa VRO mantiene su esencia local y su identidad emprendedora. “Somos una empresa muy paraguaya. Nuestro ADN se nota en que, cuando estamos en una situación extrema, salimos adelante con más fuerza”, dijo.
Hoy cuentan con un centro de producción en Paraguay, emplean mayoritariamente a mujeres y también tienen presencia en Dubái. Ese impulso creativo y resiliente permitió que, además de chocolates, la empresa importe productos de Emiratos Árabes y continúe diversificando su catálogo sin perder la calidad, la estética ni la experiencia.