El origen del proyecto estuvo atravesado por el contexto sanitario y el encierro. “Fue una idea un poco loca de parte de mi papá, porque estábamos todos encerrados y él dijo: ‘yo no doy más, tengo que irme al campo’”, recordó en entrevista con InfoNegocios Jazmín Candia, propietaria del emprendimiento. A partir de esa decisión, la familia comenzó a experimentar con una pequeña granja, adquiriendo inicialmente 70 gallinas como prueba piloto.
Con el tiempo, aquella experiencia tomó forma de negocio. “Empezamos de verdad hace dos años, ya con la marca La Ponedora, con 200 gallinas, que fue nuestro modelo inicial”, explicó Candia. Desde entonces, el crecimiento fue gradual pero sostenido: primero se incorporaron 1.000 aves y, actualmente, la granja cuenta con unas 2.200 gallinas en total.
El proyecto es llevado adelante por Candia, ingeniera de profesión, junto a su socio técnico, el ingeniero Javier Marella. Ambos coinciden en que el camino no fue sencillo. “Es un negocio muy sacrificado, de trabajo diario, y hay que asumir ese desafío con mucha responsabilidad”, señaló la emprendedora, al describir una actividad que no admite pausas.
Del total de aves, unas 1.200 se encuentran hoy en plena etapa productiva, mientras que las restantes corresponden a pollitas adquiridas recientemente, que comenzarán a poner durante este año. Con ese plantel activo, La Ponedora alcanza una producción diaria de entre 28 y 30 maples de huevos. “Treinta maples diarios es bastante, pero es sacrificado. Un huevo que se pierde es un peso que se va”, resumió Candia.
La granja se desarrolla en un predio de dos hectáreas y media, superficie que hoy resulta adecuada para la escala actual del emprendimiento. “Yo creo que todavía podemos crecer un poco más, pero hoy estamos cómodos con esta cantidad”, comentó, al referirse a las posibilidades de expansión futura.
Uno de los ejes centrales del proyecto es el sistema productivo. Las gallinas, de la línea H&N Brown, provenientes de Brasil, se crían libres de jaulas, con acceso al exterior y espacio suficiente para moverse. “Nosotros queremos animales libres, sin jaulas, con una alimentación más natural. El respeto a los animales es la base de lo que hacemos”, enfatizó Candia.
La alimentación combina balanceado con pasturas naturales, además de cortes de diferentes variedades forrajeras. “Creemos que la calidad del huevo es distinta cuando la gallina come pasto y no está enjaulada, y eso es lo que queremos mostrar”, sostiene.
En cuanto a la comercialización, toda la producción se vende en formato maple, con destino a hogares, restaurantes, shoppings y comercios especializados de Asunción y el área metropolitana. “Gracias a Dios estamos cubriendo toda la producción”, destaca la propietaria, confirmando que el mercado responde al producto.
El emprendimiento se apoya casi exclusivamente en mano de obra familiar. Entre cuatro y cinco personas participan de las tareas diarias, con un rol clave del padre de Jazmín, quien permanece en el campo. “Hoy mi viejo es nuestro mentor, él está ahí día a día, mientras nosotros nos ocupamos más de la logística y las ventas”, explica.
De cara a este año, el objetivo está claro. “Queremos fortalecer nuestra producción y que la gente empiece a conocer la diferencia que existe entre el huevo campero y el industrial”, afirma Candia. Con una historia familiar detrás, huevos sin jaulas y un mercado firme, La Ponedora se posiciona como un ejemplo de cómo una crisis puede transformarse en un proyecto productivo con futuro.
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