Puede provenir de fondos públicos, inversores ángeles, concursos o programas del MIC. La lógica es simple: financiar la idea o el prototipo para que el emprendedor pueda validar su modelo de negocio, producir sus primeras unidades o lanzar su producto al mercado.
Da Re señaló que estos fondos marcan la diferencia entre una idea que se queda en el papel y un negocio que efectivamente se pone en marcha, ya que la mayoría de los emprendedores paraguayos, sobre todo fuera de Asunción, no tiene acceso al crédito formal en esta etapa inicial.
El capital semilla les permite comprar insumos, desarrollar un producto mínimo viable, formalizarse o dar el salto al comercio digital. Además, cuando el fondo está acompañado de mentoría y capacitación, como se busca desde la Dirección Nacional de Emprendedurismo (DINAEM), el impacto es mucho mayor, porque no se trata solo de dinero, sino también de acompañamiento para que el negocio sea sostenible.
En cuanto a los emprendimientos que recurren a estos fondos, la directora mencionó ejemplos concretos como Pilar Emprende, en Ñeembucú, que es único a nivel nacional porque se financia con recursos provenientes de patentes comerciales municipales: el propio municipio destina fondos de capital semilla a emprendedores locales. También trabajan junto con PARCAPY y la Red de Inversores Ángel para conectar emprendimientos de base tecnológica con inversores privados dispuestos a apostar por ellos. Asimismo, en el marco del Premio Emprendedor del Año, entregan capital semilla como parte de los reconocimientos en distintas categorías.
Da Re afirmó que cada vez hay más oportunidades para iniciar un emprendimiento en Paraguay con capital semilla. Actualmente, trabajan en la construcción de un ecosistema de financiamiento más robusto: en 2026 se encuentran en una etapa de mapeo del Fondo de Capital Semilla e Inversores Ángeles; en 2027 buscan consolidar el marco legal, y para 2028 el objetivo es contar con un fondo operativo.
En paralelo, junto con el BID, están diseñando instrumentos de gobernanza financiera para poner en funcionamiento estos fondos en el marco de la Ley 5669/2016 de Fomento de la Cultura Emprendedora. La meta es clara: que cada vez más emprendedores paraguayos, no solo de Asunción, sino también del interior del país, tengan una puerta de entrada real al financiamiento.