Viernes 22 , Septiembre de 2017

Edu Vago, el negocio de la ilustración

Contrario a lo que se piensa, en Paraguay es posible vivir del arte. El ilustrador Edu Vago, nos ayuda a desmitificar este y otros mitos, que durante años han estigmatizado la figura del artista, haciendo que muchos jóvenes dejen de lado su verdadera vocación para buscar carreras ´más rentables´.

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“Desde que tengo recuerdos, dibujo”, confiesa Eduardo Vago, “desde que pude agarrar un lápiz y mis padres empezaron a notar que tenía cierta motricidad fina, fui a clases de dibujo. Siempre que tenía un momento de ocio, dibujaba. Ya terminando la secundaria fui a estudiar a Buenos Aires la carrera de diseño gráfico, y tenía un amigo que era bastante malo dibujando, pero me impresionaba su determinación. Él me dijo: no puede ser que vos no practiques tanto como yo, siendo que tenés la habilidad innata. Este amigo me compró mi primer bocetero oficial y ahí fue donde empecé a practicar a diario”.

¿Cuándo decidiste apostar por la ilustración como carrera?

El bocetero se convirtió en una especie de diario personal y en un momento determinado lo dejé olvidado en la facultad. Mi profesora lo encontró y me dijo: Eduardo, tenés que hacer algo con esto, no lo desaproveches, porque si bien sos bueno en el diseño, me parece que la ilustración es una herramienta que bien te puede ayudar muchísimo. Esas palabras me incentivaron, porque hasta ese momento pensé que la ilustración era solo un pasatiempo y nada más. En el colegio conocí a personas con más talento que yo para dibujar, pero terminaron siguiendo otras carreras “más prácticas” por ese miedo a arriesgarse y por las presiones familiares.

¿En qué momento ser ilustrador se volvió rentable?

Al terminar la carrera en Buenos Aires regresé a Asunción. Y un amigo que conocía mis dibujos y era director de arte en una agencia de Brasil, me dio mi primer trabajo. Recuerdo mi preocupación y el compromiso que tomé con esas ilustraciones, tratando de entender las necesidades del cliente. Por suerte le encantó el trabajo y llegaron otros. Él también me ayudó a armar un portafolio profesional que me permitió trabajar en varias agencias publicitarias. Así fui creando mi propio lenguaje, esa marca de autor que te hace único y te permite cobrar más por tus trabajos, porque nadie la puede replicar.

¿Qué trabajos hace un ilustrador para una agencia publicitaria?

En publicidad se utiliza la ilustración sobre todo para situaciones irreales o metafóricas que no sabés cómo llevar a la fotografía, o al montaje fotográfico. Además, la ilustración casi no gasta recursos, es económico y solo interviene una persona. Por otra parte, hay marcas que se caracterizan por buscar más la impronta artística en sus publicidades. En las agencias, el ilustrador aplica sus habilidades a las necesidades del cliente. No tenés la misma libertad que cuando alguien te pide algo con tu estilo. Más bien trabajás en base a cosas muy específicas que ya vienen con un estilo adosado. El ilustrador en ese caso tiene que ser versátil y no tiene que ser orgulloso, queriendo imponer su estilo.

¿Hay demanda de ilustradores en el mercado paraguayo?

La verdad es que sí. Hasta yo me sorprendo. El año pasado no di abasto, tuve que rechazar muchos trabajos.

Una de las cosas más fascinante de las activaciones de marca en los últimos tiempos es cómo aprovechan el arte para darle un valor añadido a sus productos. Vos trabajaste para varias marcas en los últimos años. ¿Cómo llegaste hasta ellas? ¿Te gustó la experiencia?

En realidad ellas llegaron a mí. La plataforma de Instagram me ayudó muchísimo. La convertí en mi portafolio profesional. Y ahí empezaron a contactarme. Con Huawei hice ilustraciones para sus redes sociales, previo al lanzamiento del P9. Mis ilustraciones estaban inspiradas en el isotipo del teléfono, se repetía el motivo: dos círculos, que se fueron revelando de a poco hasta que salió el celular y se supo que eran sus dos cámaras. Con Nescafé Dolce Gusto estuve en el Asu Coffee Fest y luego con una promoción de Navidad. Mi trabajo consistió en customizar sus máquinas. Ellos me habían pasado una referencia que se había hecho en BA pero era algo muy rápido y sencillo. Yo les propuse darle un valor agregado a las cafeteras con una hora u hora y media de mi trabajo sobre cada una. Con Banco Atlas estuvimos en el Wine Fest. Ahí ilustré las copas y fue impresionante ver cómo se prendía la gente. También trabajé con Henckel en su décimo aniversario, ilustrando las copas de champagne. Me gustó mucho trabajar con una agencia de viajes, haciendo ilustraciones de sus destinos de viaje en identificadores de cuero para maletas, como regalo para sus clientes. También trabajé para el BBVA haciendo tags de cuero para carteras, y en el Brunch de ALDO en el Shopping del Sol, ilustrando marcos en conjunto con Regi Rivas para enmarcar las fotografías que Chiara Chiriani hacía con una polaroid.

¿Qué hace Edu Vago ahora?

Ahora soy director de arte de una agencia publicitaria que se llama Verde. Acepté la oferta para salir de mi zona de confort porque no puedo quedarme quieto y me encantan los desafíos. El significado de vivir pierde fuerza cuando la rutina es la constante, y creo que cuando ya aprendiste todo lo que podías en el lugar donde estás, es hora de volar hacia otros horizontes.

¿Qué dirías a otras personas que como vos tienen habilidades artísticas?

Que sigan su sueño, que sean constantes y no se rindan, porque hay trabajo. Si tenés la habilidad vas a encontrarlo. No tengo dudas. Incluso hay gente que no tiene tanta habilidad pero tiene responsabilidad, disciplina y constancia que casi son más importantes, porque sin constancia no vas a trascender.

Edu Vago de vago no tiene nada. Otro gran cliché con el que queremos romper es ese que asegura que todos los artistas son perezosos. ¿Qué decís al respecto?

Que es como en cualquier profesión. Hay personas perezosas y otras que no lo son. Pero para conseguir lo que uno quiere hay que trabajar muchísimo. Cuando hice mi última exposición por ejemplo, tuve que tomarme dos meses en los cuales trabajé de 12 a 14 horas por día, solamente en los cuadros. Era despertarme y dibujar hasta dormir, a veces ni comía. El sacrificio valió la pena, la evolución que tuve en esos dos meses en mi estilo fue impresionante. Y recuperé con creces mi dinero, siendo hasta hora lo que más me llenó de todo lo que he hecho.

¿El éxito cambió tu vida?

No mucho, siempre fui de bajo perfil. Los avances que veo se vienen dando de manera paulatina y en base a los esfuerzos que voy haciendo. Ahora el trabajo llega con más facilidad e incluso hasta tengo que rechazar algunos. Obviamente, en los últimos tiempos trato de no sacrificar el tiempo de ocio, con mi familia, tiempo de disfrutar. Más después de la intensidad profesional del año pasado.

(MA)

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