Este desempeño se sitúa por encima de la meta planteada por autoridades económicas para 2025, que apuntaba a un crecimiento cercano al 6 %, y representa una aceleración respecto a los registros de 2024, cuando el BCP reportó una expansión menor.
Un repunte con matices productivos
El análisis de las cifras oficiales muestra que la actividad económica obtuvo impulso en casi todos los grandes sectores productivos. Servicios, agricultura, energía y manufactura aportaron de forma significativa al resultado global, reflejando una economía que está más diversificada y no dependiente de un solo motor de crecimiento.
En particular, el sector agrícola —tradicional pilar de la economía— mantuvo un ritmo vigoroso de expansión, impulsado por una buena campaña productiva que benefició a cultivos clave como maíz y otros granos, así como a la ganadería. Aunque la producción de soja enfrentó ciertos retos climáticos durante el año, el balance general del sector primario fue positivo y contribuyó de forma notable al crecimiento interanual.
La manufactura y la construcción también se destacaron con avances sostenidos, señal de que la actividad industrial y la inversión en obras públicas y privadas siguieron activas. Mientras tanto, el sector de energía eléctrica y agua, que incluye a las binacionales, creció con fuerza, reflejando una demanda interna resiliente.
Los servicios, por su parte, incrementaron su participación en el crecimiento total de la economía, con sectores como comercio, transporte, comunicaciones y servicios financieros mostrando un comportamiento firme, apoyado en el consumo de hogares y empresas.
¿Qué explica el crecimiento?
Desde el punto de vista de la demanda, el BCP señala que el crecimiento de 2025 estuvo fuertemente impulsado por el consumo privado y la formación bruta de capital fijo, un indicador clave de inversión interna. Esto sugiere que tanto los hogares como las empresas mantuvieron niveles de gasto e inversión relativamente altos durante el año, lo cual fue determinante para sostener el impulso económico.
Sin embargo, el reporte también señala que las exportaciones netas y el consumo del sector público tuvieron una contribución negativa al crecimiento del PIB, lo que indica que el componente externo y el gasto gubernamental no fueron factores de expansión en 2025. En un contexto global con desafíos comerciales y presiones inflacionarias diferenciadas en mercados internacionales, esto subraya la importancia de la demanda interna como motor principal de la economía paraguaya.
Más allá de los números
Aunque el crecimiento de 6,6 % es una señal clara de fortaleza macroeconómica, el impacto real en la vida de los ciudadanos es un punto de debate entre analistas y actores sociales. Para amplios sectores de la población, los beneficios de la expansión no siempre se traducen de forma inmediata en mejoras en ingresos, empleo o acceso a servicios. Este desbalance entre cifras agregadas y percepciones cotidianas puede influir en el ánimo social y en la evaluación política de la gestión económica.
Por otro lado, la evolución de la inflación —que ha mostrado moderación en los últimos meses del año— y las decisiones de política monetaria del BCP serán factores esenciales para 2026. La sostenibilidad del crecimiento dependerá de la capacidad de las autoridades para equilibrar impulso interno con disciplina macroeconómica en un entorno global todavía sujeto a incertidumbres.
Perspectivas para 2026
Con el dato de cierre de 2025 ya en mano, los analistas miran hacia adelante con cautela. Si bien la expansión registrada es robusta, mantener ritmos similares en 2026 requerirá tanto dinamismo interno como estabilidad en el contexto internacional. Sectores intensivos en exportación, así como la inversión pública y privada, jugarán un papel crucial en decidir si Paraguay logra sostener un crecimiento alto o si enfrentará una moderación en su trayectoria.
En suma, el dato final de 6,6 % refleja una economía que ha sabido consolidar su crecimiento en 2025 con base en una demanda interna fuerte y una diversificación productiva creciente, aunque los desafíos para que ese crecimiento llegue de manera palpable a todos los segmentos de la sociedad persisten como tema central para el debate económico de 2026.