El doctor en ciberseguridad Ariel Pedrozo explicó que el escenario actual refleja una etapa de aceleración productiva más que de autonomía real, ya que la inteligencia artificial ya traduce lenguajes de programación, genera documentación técnica y optimiza procesos de desarrollo, pero aún presenta fallas cuando se enfrenta a problemas que requieren razonamiento profundo o comprensión integral del sistema.
Pedrozo describió este punto con claridad al señalar que “está en una etapa avanzada, pero no madura en términos de autonomía real”, remarcando que la tecnología cumple múltiples funciones dentro del desarrollo de software, aunque todavía depende del criterio humano para asegurar decisiones correctas en arquitectura, lógica y seguridad.
En relación con el impacto laboral, el especialista descartó que la inteligencia artificial vaya a reemplazar completamente a los programadores, pero advirtió que sí está provocando una transformación fuerte del mercado, especialmente en aquellas tareas repetitivas de escritura de código que ya pueden ser automatizadas sin intervención constante de una persona.
En ese sentido, Pedrozo sostuvo que el valor profesional se está desplazando hacia perfiles más analíticos, al afirmar que “el cambio no elimina al informático, pero sí obliga a evolucionar hacia un rol más estratégico donde se diseñan, validan y controlan sistemas en lugar de solo programarlos”, lo que redefine el perfil del desarrollador moderno.
En materia de seguridad informática, el doctor advirtió que el uso de inteligencia artificial sin supervisión técnica genera riesgos significativos, ya que muchos sistemas pueden funcionar correctamente desde lo operativo pero contener vulnerabilidades invisibles, como errores de autenticación, mala validación de datos o fallas de lógica que no se detectan sin auditoría especializada.
También alertó sobre la dependencia excesiva de estas herramientas al señalar que “se generan códigos funcionales, pero inseguros”, lo que lleva a que muchos equipos confíen en resultados automáticos sin realizar revisiones profundas, aumentando la posibilidad de implementar sistemas con fallas críticas en entornos productivos.
Otro punto crítico que destacó fue la exposición de información sensible, ya que algunos desarrolladores introducen datos internos en herramientas de inteligencia artificial para acelerar procesos, lo que puede derivar en filtraciones de credenciales, lógica de negocio o información confidencial sin que exista plena conciencia del riesgo.
Finalmente, Pedrozo advirtió que la inteligencia artificial también facilita la creación de ataques cibernéticos más sofisticados y accesibles para personas sin formación técnica avanzada, lo que incrementa la velocidad y personalización de los ataques, aunque aclaró que no crea expertos en hacking sino que multiplica la capacidad operativa de atacantes menos especializados, por lo que concluyó que su uso debe ir acompañado de conocimiento profundo, criterio técnico y una comprensión clara de los riesgos asociados.