Paraguay continúa exhibiendo una de las tasas de desempleo más bajas de los últimos años. Sin embargo, detrás de esa cifra positiva emerge una realidad menos visible: cada vez más trabajadores tienen empleo, pero no logran trabajar las horas que necesitan para alcanzar ingresos suficientes.
Los datos más recientes de la Encuesta Permanente de Hogares Continua (EPHC) del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran que, al segundo trimestre de 2026, la subocupación alcanzó a 163.088 personas, superando a los 139.361 desempleados registrados en el país.
Para el economista Julio Fernández, este comportamiento revela una transformación en la problemática laboral paraguaya.
“El verdadero reto ya no es la falta absoluta de puestos de trabajo, sino la calidad e intensidad horaria del empleo generado”, sostiene.
El desempleo cae, pero la presión laboral se mantiene
En términos generales, el mercado laboral mostró avances durante el último año. La tasa de desempleo descendió del 5% al 4,1%, reflejando una mayor capacidad de la economía para absorber mano de obra.
Sin embargo, la subocupación siguió creciendo. La proporción de trabajadores que desean y están disponibles para trabajar más horas pasó del 3,8% al 4,8% de la fuerza laboral entre 2025 y 2026.
En otras palabras, mientras menos paraguayos están completamente sin trabajo, más personas se encuentran en empleos que no les permiten generar los ingresos que necesitan.
La diferencia parece sutil, pero tiene importantes implicancias económicas y sociales.
“Cuando una persona trabaja solo algunas horas por semana y quisiera trabajar más, deja de figurar como desempleada, aunque siga teniendo dificultades para sostener su economía familiar”, explica Fernández.
El crecimiento económico no está generando los empleos que el país necesita
Uno de los aspectos más llamativos del análisis es que el aumento del empleo estuvo impulsado principalmente por sectores con menor estabilidad laboral.
De los más de 114.000 nuevos ocupados registrados en el último año, prácticamente todos fueron absorbidos por actividades vinculadas al comercio y los servicios. Mientras tanto, la industria manufacturera y el sector primario redujeron su cantidad de trabajadores.
Para Fernández, esta composición ayuda a entender por qué la subocupación continúa creciendo.
“Los servicios suelen generar ocupaciones más flexibles y con jornadas fragmentadas, mientras que la industria tiene una mayor capacidad para ofrecer empleos formales y de tiempo completo”, señala.
El avance del trabajo por cuenta propia
Otro dato relevante es el crecimiento del empleo independiente.
Más de 70.000 nuevos ocupados surgieron dentro de esta categoría, especialmente entre los trabajadores por cuenta propia.
Aunque este fenómeno refleja capacidad de adaptación y emprendimiento, también evidencia las dificultades del mercado formal para absorber plenamente a toda la fuerza laboral.
“Muchas personas generan su propio empleo porque necesitan ingresos inmediatos, pero no siempre logran una actividad estable o suficiente para completar una jornada laboral plena”, explica el economista.
Informalidad y subocupación: una combinación persistente
La expansión de la informalidad continúa siendo uno de los principales desafíos.
Según los datos del INE, la ocupación informal no agropecuaria creció en más de 74.000 personas durante el último año, superando incluso la generación de empleo formal.
Para Fernández, existe una relación directa entre informalidad, precariedad y subocupación.
“La informalidad funciona como una válvula de escape para quienes necesitan trabajar, pero muchas veces ofrece ocupaciones con pocas horas, bajos ingresos y sin cobertura social”, afirma.
Un impacto directo en el bolsillo de las familias
La consecuencia más inmediata de la subocupación es la reducción de los ingresos familiares.
Trabajar menos horas de las deseadas significa percibir menores ingresos y contar con una menor capacidad para afrontar gastos básicos, ahorrar o invertir en educación y salud.
Pero el efecto también alcanza a toda la economía. Actualmente, los desempleados y subocupados suman más de 302.000 personas, equivalentes al 8,9% de la fuerza laboral paraguaya.
Esto reduce la capacidad de consumo de miles de hogares y limita el dinamismo de sectores que dependen del mercado interno, especialmente las micro, pequeñas y medianas empresas.
Las mujeres, las más afectadas
La situación golpea con mayor fuerza a las mujeres.
Mientras la tasa de subocupación masculina se ubica en el 3,3%, entre las mujeres alcanza el 6,7%.
La brecha refleja obstáculos persistentes relacionados con el acceso a empleos de tiempo completo, la distribución de las tareas de cuidado y las dificultades de inserción laboral en determinados sectores productivos.
El desafío de la próxima etapa
Para el economista, Paraguay enfrenta ahora un desafío diferente al de años anteriores.
Si durante décadas la prioridad fue generar más puestos de trabajo, hoy la discusión pasa por crear empleos con mayor productividad, estabilidad y jornadas completas.
Entre las medidas necesarias menciona el fortalecimiento de la industria y la agroindustria, la modernización del sistema previsional para facilitar la formalización, el apoyo a las mipymes y una mayor vinculación entre la formación técnica y las necesidades empresariales.
La conclusión es clara: el país está logrando que más personas tengan algún tipo de ocupación, pero todavía enfrenta dificultades para garantizar que esos empleos sean suficientes para mejorar el bienestar de las familias.
Y esa diferencia, aunque no siempre aparece en los titulares, podría ser una de las claves para entender el verdadero estado del mercado laboral paraguayo.