La presentación se realizó durante un taller de integración gasífera convocado por la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE), en el que participaron representantes del Viceministerio de Minas y Energía.
Aunque todavía no existe un estudio específico de prefactibilidad o factibilidad para la planta de fertilizantes, el viceministro de Minas y Energía, Mauricio Bejarano, explicó que la propuesta se desarrolla dentro de un análisis regional más amplio vinculado a la denominada Integración Gasífera del Mercosur + Chile.
El análisis, financiado por CAF - Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe en el marco del trabajo desarrollado con OLACDE, estudia distintas alternativas para utilizar el gas natural disponible en la región y desarrollar industrias asociadas, entre ellas la producción de fertilizantes.
El gasoducto, la pieza necesaria
Antes de avanzar con una planta, el foco del Gobierno está puesto en viabilizar la infraestructura que permitiría disponer del gas natural en territorio paraguayo.
Bejarano explicó que actualmente se están intensificando los estudios de prefactibilidad del gasoducto y se está buscando financiamiento para avanzar posteriormente hacia la etapa de factibilidad.
La inversión preliminar estimada para esta infraestructura ronda los US$ 2.000 millones y el objetivo es desarrollar una conexión que atraviese Paraguay y permita integrar las reservas argentinas con el mercado brasileño.
Paralelamente, el Viceministerio trabaja en la actualización y armonización de la normativa paraguaya relacionada con el transporte de gas natural, con el objetivo de compatibilizarla con las regulaciones de los países vecinos.
Para este proceso, CAF otorgó una cooperación no reembolsable de US$ 150.000 destinada a una consultoría internacional actualmente en proceso de contratación.
Según Bejarano, contar con esta regulación es una condición necesaria para materializar una integración gasífera regional.
Urea, el producto con mayor potencial
Dentro de los fertilizantes analizados, la urea aparece como uno de los productos con mayor potencial para una eventual planta instalada en Paraguay.
Todavía no existe una definición sobre la capacidad que tendría la instalación, ya que durante los estudios se analizaron distintos tamaños y configuraciones posibles.
Lo que sí existe, explicó Bejarano, es un mercado regional considerable.
De acuerdo con el estudio presentado por OLACDE, el Cono Sur importa alrededor del 92% de los fertilizantes nitrogenados que consume, por un valor aproximado de US$ 6.500 millones anuales. Solamente las importaciones de urea superan los US$ 4.000 millones.
La disponibilidad de gas de campos como Vaca Muerta permitiría, según el análisis técnico elaborado junto con CAF, sustituir eventualmente el 100% de las importaciones regionales de urea. Para alcanzar ese escenario serían necesarias inversiones regionales estimadas en US$ 15.000 millones y unos 12 millones de metros cúbicos adicionales de gas por día.
¿Por qué Carmelo Peralta?
La elección de Carmelo Peralta está relacionada principalmente con su posición logística.
La localidad se encuentra en un punto de convergencia entre la Ruta Bioceánica y la hidrovía Paraguay-Paraná, dos corredores que permitirían transportar la producción hacia importantes mercados agrícolas de la región.
“Tenemos una ventaja muy competitiva a partir de que contamos con la logística para mover el producto por la hidrovía y por la Ruta Bioceánica”, sostuvo Bejarano.
Entre los mercados considerados aparecen Paraguay, Argentina y los estados brasileños de Mato Grosso, Mato Grosso do Sul y Paraná, importantes zonas de producción agrícola y, por lo tanto, grandes demandantes de fertilizantes.
A estas condiciones se suma la disponibilidad de tierra y agua en la zona, elementos necesarios para el desarrollo de una industria de estas características.
Una planta íntegramente privada
A diferencia del gasoducto, para el cual todavía podrían analizarse distintas modalidades de participación, la intención es que la eventual planta de fertilizantes sea desarrollada íntegramente con capital privado.
“La planta sería totalmente de capital privado”, confirmó Bejarano.
La inversión, operación, mantenimiento y comercialización quedarían así en manos del sector privado.
En el caso del gasoducto, el Gobierno trabaja inicialmente sobre un esquema concesional que también buscaría atraer inversión privada, aunque el viceministro no descartó que eventualmente pueda evaluarse alguna modalidad de asociación público-privada.
Todavía no existe una estimación del capital requerido específicamente para instalar la fábrica de fertilizantes.
El razonamiento del Gobierno es que disponer primero de la infraestructura para transportar gas permitiría posteriormente atraer inversiones hacia distintas industrias intensivas en el uso de este recurso energético.
Además de fertilizantes, Bejarano mencionó sectores como vidrio y cerámica, así como la generación de energía eléctrica.
Gas argentino primero y paraguayo después
En una primera etapa, el proyecto contempla utilizar gas proveniente de la cuenca de Neuquén, Argentina.
La construcción del gasoducto permitiría que esas “moléculas argentinas”, como explicó Bejarano, atraviesen territorio paraguayo y lleguen hasta Carmelo Peralta.
Pero el Gobierno también observa esta infraestructura como una forma de incentivar una mayor exploración de hidrocarburos dentro del propio territorio.
Si en el futuro Paraguay consiguiera desarrollar reservas comerciales de gas natural en el Chaco, esa producción también podría incorporarse al mismo ducto y abastecer tanto a industrias nacionales como a mercados regionales.
Por eso, el proyecto está pensado en dos etapas: inicialmente con gas argentino y, eventualmente, con producción paraguaya.
Una ventana de cinco a seis años
El horizonte para materializar una industria de esta magnitud todavía es de mediano plazo.
Bejarano estima que el gasoducto podría estar terminado en aproximadamente tres a cuatro años, mientras que la construcción de una planta de fertilizantes podría demandar alrededor de dos años adicionales.
Sin embargo, si ambos proyectos avanzan paralelamente, los tiempos podrían reducirse.
“En aproximadamente cinco o seis años podríamos tener una planta de fertilizantes en ese punto y, ojalá, otras industrias conexas que puedan ser consumidoras”, indicó.
La instalación de otros emprendimientos también sería relevante para aumentar la demanda de gas y mejorar la viabilidad económica de la inversión realizada en el ducto.
De país de tránsito a polo industrial
Para el Gobierno, el potencial del proyecto no se limita a producir fertilizantes.
La estrategia apunta a aprovechar el futuro paso del gas por territorio paraguayo para convertir al país en un consumidor y transformador de ese recurso, generando industrias que puedan abastecer tanto al mercado interno como a los países vecinos.
En el caso de los fertilizantes, la coyuntura internacional agrega otro argumento: gran parte de la oferta mundial está vinculada a proveedores externos y a regiones expuestas a conflictos geopolíticos, lo que introduce riesgos de disponibilidad y volatilidad de precios para los países agrícolas del Cono Sur.
Tu opinión enriquece este artículo: