Su historia comenzó mucho antes de subir a un barco. A los siete años inició sus estudios de danza paraguaya y jazz en el CPJ. “Al año siguiente recién se agregó ballet, y a mí me gustó un montón. Empecé a estar más involucrada. Cuando cumplí 11 años, vino una profe de reemplazo, me vio y me dijo que tenía muchas posibilidades físicas. Me invitó a ir a otra academia, donde me aceptaron como becada, y ahí estuve hasta los 17 años, cuando terminé la carrera. Fue entonces cuando empecé a profesionalizarme más y a prepararme para concursos en Argentina”.
Sin embargo, como ocurre con muchos artistas, el camino no siempre fue lineal. Durante un tiempo decidió alejarse del baile, aunque ese descanso duró apenas dos años. La necesidad de seguir creciendo la llevó a tomar talleres y clases independientes, hasta que una beca para estudiar en la Fundación Julio Bocca, en Buenos Aires, cambió por completo su perspectiva. “Ahí me di cuenta de que realmente quería ser artista”, afirmó.
De regreso a Paraguay decidió ampliar su formación. Ingresó a la carrera de actuación y, al mismo tiempo, cursó la Tecnicatura en Danza Contemporánea en el Instituto Superior de Bellas Artes. Durante esos años combinó clases, ensayos y trabajo como profesora de danza, dedicando prácticamente todo su tiempo al arte.
Una vez finalizados sus estudios, apareció una oportunidad. Mientras buscaba audiciones internacionales, encontró en Instagram la publicación de una paraguaya que reclutaba artistas para compañías de cruceros. Se trataba de Crucerito, una exbailarina que hoy trabaja como agente de talentos.
“Me pidió videos, fotos, currículum y todo mi material. La primera vez no quedé. Pasó un año completo hasta que volvimos a intentarlo”, relató.
Tras una nueva postulación y varios meses de espera, recibió la noticia que esperaba: su primer contrato llegó en 2024. Embarcó en Brasil cuando el crucero finalizaba su temporada sudamericana y, desde allí, inició una travesía rumbo a Europa.
El viaje incluyó escalas por distintos países hasta llegar a rutas por Islandia y Noruega, donde permaneció durante varios meses presentando espectáculos para pasajeros de todo el mundo. Los contratos suelen extenderse entre seis y siete meses, aunque uno de sus últimos compromisos alcanzó los diez meses de duración.
A diferencia de lo que muchas personas imaginan, el trabajo va mucho más allá de bailar sobre el escenario. Cada barco cuenta con seis espectáculos diferentes que se presentan durante la temporada. Dependiendo del itinerario, los artistas realizan dos e incluso tres funciones por día. “Es completamente distinto a lo que pasa en Paraguay. Acá uno puede ensayar durante meses para una función. En un crucero, el trabajo es todos los días”, dijo.
“Cuando llegás, ya asumen que tenés el nivel necesario. No hay clases diarias obligatorias. Es responsabilidad de cada uno entrenar, reforzar las coreografías, grabarse, practicar en la cabina e ir al gimnasio para mantenerse en condiciones”, señaló.
En su caso, fue contratada como bailarina clásica, por lo que debía interpretar coreografías de ballet sobre puntas y responder al nivel técnico exigido por la compañía. La vida a bordo también implica asumir responsabilidades propias de cualquier tripulante. Además de los ensayos y funciones, los artistas participan en simulacros de emergencia, capacitaciones permanentes y protocolos de seguridad marítima.
Uno de los aspectos que más valora de la experiencia es la convivencia con artistas de diferentes nacionalidades. “Hice amigos de todas partes. Aprendés muchísimo de otras culturas y también terminás compartiendo la tuya”, comentó.
“Con mis compañeros siempre compartíamos palabras en guaraní, nuestras costumbres y nuestra forma de hablar. Incluso viajé con otro bailarín paraguayo; él hablaba mucho mejor que yo guaraní y nos enseñaba a todos”, recordó.
Actualmente se encuentra en Paraguay, luego de finalizar un contrato de diez meses, aunque ya prepara su regreso al exterior. Si todo avanza según lo previsto, volverá a embarcar en octubre. Paralelamente, tiene proyectado probar oportunidades en parques temáticos y otras producciones internacionales.
“Mientras pueda moverme, voy a seguir haciéndolo. Sentí que este era el momento para salir del país, crecer como artista y formar parte de proyectos mucho más grandes”, dijo.