El establecimiento afectado corresponde a aves de línea genética, un segmento clave dentro de la cadena productiva. Como indica el protocolo internacional, las autoridades dispusieron el aislamiento del predio, la desinfección y el sacrificio sanitario de los animales comprometidos, además de la notificación formal a la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA).
Aunque el consumo de carne de pollo y huevos no representa riesgo para la salud humana, el impacto económico de un brote de estas características se mide principalmente en términos comerciales.
Argentina cuenta con una industria avícola exportadora consolidada. En el último ejercicio, el país embarcó más de 110.000 toneladas de carne aviar, generando alrededor de US$ 150 millones en divisas, con destinos clave como China, Sudáfrica, Chile y Hong Kong.
La suspensión temporal de exportaciones —una medida sanitaria preventiva— implica ajustes logísticos, renegociaciones contractuales y monitoreo constante de los mercados. La experiencia reciente indica que, si el foco es contenido rápidamente, el estatus sanitario puede recuperarse en cuestión de semanas o meses, permitiendo reactivar los envíos.
No es la primera vez que ocurre. En 2025, un episodio similar también obligó a frenar exportaciones, que luego fueron normalizadas tras cumplir con los estándares internacionales exigidos.
El efecto regional fue inmediato. En Paraguay, el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa) declaró alerta sanitaria máxima en todo el territorio nacional y dispuso la suspensión temporal de importaciones de aves vivas, huevos fértiles, carnes y subproductos avícolas provenientes de Argentina.
La medida busca preservar el estatus sanitario paraguayo y evitar cualquier riesgo de ingreso del virus. Desde la institución recordaron que la notificación temprana de aves enfermas o muertas es fundamental y habilitaron líneas de comunicación directa para reportes.
En términos productivos, el país mantiene una posición sólida. Paraguay produce cerca de 3 millones de huevos por día, lo que le permite sostener el abastecimiento interno sin depender de importaciones significativas. Si bien alrededor del 10% de los huevos fértiles importados provienen de Argentina, la mayor parte del suministro externo llega desde Brasil, lo que reduce el impacto inmediato de la restricción.
Hasta el momento, no se registran casos positivos en territorio paraguayo.
Bioseguridad: inversión más que gasto
Más allá del episodio puntual, el brote vuelve a poner sobre la mesa una discusión recurrente en el sector: la bioseguridad como herramienta estratégica.
Controles de acceso, desinfección de vehículos, manejo adecuado de residuos, protección frente a aves silvestres y monitoreo sanitario permanente son prácticas que hoy marcan la diferencia entre una contingencia controlada y un problema mayor.
Para la avicultura regional —un negocio que genera miles de empleos directos e indirectos— la coordinación entre el sector público y privado es clave. La interdependencia comercial entre países vecinos obliga a respuestas rápidas y transparentes para sostener la confianza de los mercados internacionales.
La industria avícola es una de las cadenas más dinámicas del sistema agroalimentario regional. En Argentina, el sector tiene un fuerte peso en exportaciones; en Paraguay, es un componente central de la seguridad alimentaria y del empleo rural.
Un foco sanitario no implica necesariamente una crisis estructural, pero sí exige reacción técnica inmediata y comunicación clara. La experiencia demuestra que los mercados valoran la transparencia y la capacidad de respuesta.
Por ahora, el escenario es de vigilancia reforzada. Argentina trabaja para contener el foco y recuperar su estatus sanitario, mientras Paraguay y otros países del Mercosur ajustan sus controles preventivos.
El mensaje es claro: en un negocio donde la sanidad es sinónimo de competitividad, cada alerta es también una oportunidad para fortalecer el sistema.