El origen del personaje surgió a partir de un cortometraje humorístico que parodiaba a los superhéroes internacionales. “Era un corto cómico, no era nada serio”, recordó González. Sin embargo, la respuesta del público definió el rumbo del proyecto. Durante la proyección del material en un festival de cine independiente que recorría distintas ciudades del país, el personaje generó una conexión inmediata. “Sucedió que en las ciudades donde recorríamos, los chicos se mataban de la risa del superhéroe; ahí a mí se me prendió la lamparita y decidí hacer el cómic. Me contacté con Leda Sostoa, que es la ilustradora del cómic; yo soy el escritor y el productor de los materiales, y a partir de ahí me centré en los cómics”, detalló Vidal.
En 2012 se publicó el primer cómic, dando inicio a una serie que, con el paso de los años, alcanzó siete ediciones. Aunque no se logró una periodicidad estricta, el proyecto se mantuvo vigente, incluso con reimpresiones de ejemplares agotados y nuevas propuestas, como un cómic interactivo desarrollado durante la pandemia.
El proceso creativo detrás de Coquitoman también fue evolucionando. En sus primeras entregas, el personaje estaba fuertemente influenciado por modelos internacionales. Sin embargo, con el tiempo fue adquiriendo una identidad más local. “Me di cuenta de que era demasiado importante tener un superhéroe paraguayo”, explicó el autor.
Así, el personaje comenzó a reflejar características propias de la cultura nacional: “Es un formato demasiado importante para la sociedad en general por el hecho de que acerca a los padres y a los niños, porque se da esa acción de compartir, de situarnos dentro del contexto local. Cuando ellos escuchan términos nacionales o ven que algo se desarrolla en la Costanera, se sienten más identificados y se conectan más con el material, y te comento que a lo largo de los años eso fue algo que a mí me motivó también, porque hacer cómics acá en Paraguay es demasiado difícil en cuanto al retorno económico; es una inversión alta, porque se necesita tiempo y se gasta también tanto en la impresión, dibujos, distribución y venta”, manifestó.
A partir del segundo ejemplar, las historias comenzaron a incluir mensajes vinculados a problemáticas sociales. Por ejemplo, uno de los villanos, el “Mosquito Karateka”, introduce el tema del dengue y el cuidado del medio ambiente. También se desarrollaron materiales con enfoque turístico, como un mapa interactivo para conocer distintos puntos del país, que incluso fue declarado de interés turístico.
A pesar de su crecimiento y recepción positiva, el camino no estuvo exento de dificultades. González reconoció que producir cómics en Paraguay implica una inversión significativa, tanto en tiempo como en recursos económicos. “Es muy difícil recuperar la inversión”, admitió. En respuesta a este escenario, González impulsó desde hace dos años una asociación de autores de historietas y humor gráfico en Paraguay, que actualmente reúne a 23 artistas. El objetivo es generar un espacio de colaboración y fortalecer las condiciones para el desarrollo profesional del sector. “El desafío es que el artista nacional pueda crecer”, sostuvo.
El proyecto también tuvo incursiones en otros formatos. Además del cómic, Coquitoman fue adaptado a un espectáculo de títeres y a contenidos audiovisuales disponibles en plataformas digitales. Incluso se desarrolló una canción y se proyectó la realización de un videoclip animado, que aún no se concretó. A futuro, González no descartó llevar nuevamente al personaje al lenguaje audiovisual, ya sea en formato animado o live action.
“Mi intención siempre fue fortalecer al personaje desde el cómic y luego llevarlo al audiovisual”, dijo. Sin embargo, reconoció que este paso depende principalmente de recursos y apoyo institucional.