“El marketing hace que tu negocio se vuelva más predecible”, explicó Solaeche. Según el director, uno de los primeros pasos para un emprendimiento es entender que existen personas interesadas en sus productos o servicios, pero que todavía no conocen la propuesta. A través del contenido y la publicidad, el negocio puede comenzar a identificar cuántas personas llegan, cuántas consultan y cuántas finalmente compran.
Para Solaeche, las métricas cumplen un papel central en ese proceso. “Aquello que podés medir, lo podés mejorar”, sostuvo, señalando que el marketing digital permite analizar desde las visualizaciones y los clics hasta las consultas y las ventas generadas.
De vender en redes a construir una marca
El crecimiento de un emprendimiento también implica cambiar la manera de entender las redes sociales. Si bien pueden funcionar como canales de venta, el director de Élice consideró que su principal función está en construir una comunidad alrededor de la marca.
En ese sentido, no se trata únicamente de atraer nuevos clientes de manera constante, sino también de lograr que quienes ya compraron vuelvan a hacerlo. Para ello, considera importante trabajar sobre valores, intereses y contenidos que conecten con la audiencia, en lugar de convertir los perfiles sociales en simples catálogos de productos.
Desde Élice, explicó, trabajan principalmente en atraer clientes y aumentar las ventas mediante publicidad digital, desarrollo web y herramientas para realizar seguimiento de las consultas. La agencia también trabaja en colaboración con profesionales especializados en branding y contenido orgánico.
Estrategia incluso con poco presupuesto
Para los emprendimientos que todavía cuentan con recursos limitados, Solaeche plantea que no existe una única fórmula, ya que las estrategias dependen del rubro y de la etapa del negocio. Sin embargo, destaca el contenido orgánico como una herramienta accesible para comenzar a generar valor.
Reels, carruseles y contenidos informativos pueden utilizarse para mostrar los beneficios y diferenciales de un producto. A esto se puede sumar inversión publicitaria para llevar nuevas personas hacia Instagram y ampliar el alcance.
Las historias, por su parte, cumplen otro objetivo: fortalecer el vínculo con los seguidores que ya forman parte de la comunidad. Pero atraer personas no alcanza. El seguimiento de las consultas y la capacidad de convertirlas en ventas también forman parte del proceso.
Medir para encontrar una fórmula rentable
El marketing digital permite seguir diferentes indicadores para entender qué está funcionando. La lógica, según Solaeche, puede resumirse en una cadena sencilla: cuántas personas vieron una propuesta, cuántas se contactaron y cuántas terminaron comprando.
También considera importante identificar qué productos o servicios generan mejores márgenes para promocionarlos estratégicamente. “La idea no es invertir lo menos posible, sino llegar lo antes posible a una fórmula rentable”, afirmó.
Una vez encontrada esa fórmula, el negocio puede aumentar progresivamente la inversión publicitaria y escalar sus resultados.
El crecimiento también puede empezar desde cero
Élice conoce este proceso desde su propia experiencia. Solaeche contó que junto a su socio comenzaron prácticamente desde cero en Caaguazú y utilizaron la tecnología y el marketing digital para dar a conocer el negocio.
La agencia también acompañó a emprendimientos de distintos sectores, entre ellos una perfumería y una joyería que llegó a considerar pasar de un local físico a una operación principalmente online.
El crecimiento del comercio electrónico abre además nuevas posibilidades para empresas que ya cuentan con años de trayectoria, pero que todavía tienen una presencia digital limitada. Para Solaeche, cada vez más negocios pueden desarrollar canales de venta a través de redes sociales, WhatsApp y sitios web.
Mejorar un 1% cada vez
Para quienes tienen un buen producto pero todavía no logran convertirlo en una marca reconocida, el director de Élice propone incorporar una disciplina de análisis constante: preguntarse por qué algo funcionó cuando dio resultados y qué falló cuando no funcionó.
La clave está en repetir aquello que genera resultados, abandonar lo que no funciona y realizar pequeños ajustes de manera constante.
“Es hacerlo un 1% mejor cada vez”, resumió.
A esa metodología suma otra premisa: no enamorarse únicamente de la solución que ofrece el emprendimiento, sino comprender profundamente el problema del cliente. Conocer sus necesidades, deseos y aspiraciones permite construir propuestas que aporten valor real y, al mismo tiempo, desarrollar una relación más sólida entre la marca y su público.