Para José Ottaviano, propietario de la Academia Barba Jiu-Jitsu, la pandemia marcó un punto importante en la expansión de esta práctica. La necesidad de realizar actividad física y, al mismo tiempo, recuperar espacios de interacción social llevó a más personas a acercarse a las academias.
Según explicó, uno de los principales atractivos del Jiu-Jitsu es la posibilidad de generar vínculos. La disciplina permite compartir entrenamientos, superar desafíos y construir una comunidad que trasciende la práctica deportiva.
Aunque el Jiu-Jitsu suele asociarse con las artes marciales mixtas y las competencias, Ottaviano sostiene que cada vez más personas llegan a las academias por motivos diferentes.
Algunos buscan aprender defensa personal; otros quieren mejorar su estado físico o encontrar una actividad que les permita liberar estrés. También existen alumnos que simplemente buscan un espacio para compartir con otras personas.
En este contexto, la academia reúne perfiles diversos, desde niños hasta profesionales, empresarios y emprendedores. Para Ottaviano, esta variedad demuestra que el Jiu-Jitsu puede adaptarse a diferentes edades, objetivos y necesidades.
Uno de los puntos que más destaca el propietario de Barba Jiu-Jitsu es el efecto que la disciplina puede generar en personas sometidas a altos niveles de responsabilidad.
Durante una clase, el practicante necesita concentrarse completamente en el entrenamiento. Cada movimiento exige atención y obliga a dejar momentáneamente de lado las preocupaciones laborales o personales.
Para empresarios y emprendedores, esta concentración funciona como una especie de pausa mental. El entrenamiento permite desconectarse del trabajo durante un período y regresar posteriormente con mayor claridad.
Ottaviano consideró que el Jiu-Jitsu también ayuda a combatir el sobrepensamiento, ya que obliga al practicante a concentrarse en el presente y resolver los desafíos que aparecen durante cada entrenamiento.
La relación entre Jiu-Jitsu y liderazgo constituye uno de los aspectos más interesantes de la disciplina. Según Ottaviano, una de las principales enseñanzas que puede trasladarse del tatami al ámbito empresarial es la capacidad de mantener la calma bajo presión.
En una lucha, perder la concentración puede llevar a una posición desfavorable. En los negocios, una reacción impulsiva frente a una crisis también puede generar consecuencias negativas.
Por eso, considera que un buen líder debe aprender a controlar sus emociones y transmitir tranquilidad a sus colaboradores, especialmente en momentos de incertidumbre o dificultad.
Además del aspecto físico, Ottaviano destaca el impacto que el Jiu-Jitsu puede tener sobre la confianza y la gestión de las emociones.
En su academia trabajan con niños y también acompañan a personas que atraviesan diferentes situaciones personales. El entrenamiento se complementa con conversaciones que buscan ayudar a los alumnos a reconocer y expresar lo que sienten.
La frustración, la derrota, la presión y los desafíos que aparecen durante el entrenamiento pueden convertirse en oportunidades para desarrollar herramientas emocionales.
El crecimiento de la disciplina también se refleja en el ámbito competitivo. Ottaviano consideró que Paraguay está comenzando a formar atletas con mayores posibilidades de competir internacionalmente.
Una persona de 35 o 40 años que nunca practicó artes marciales puede comenzar a entrenar y adaptar la intensidad a sus capacidades. La competencia es opcional y existen categorías diferenciadas por edades para quienes desean participar en torneos.
Para quienes no buscan competir, el objetivo puede ser simplemente mantenerse activos, aprender defensa personal, reducir el estrés o desarrollar nuevas habilidades.
Ottaviano también considera importante derribar algunos prejuicios relacionados con la disciplina, como la idea de que necesariamente implica una práctica excesivamente agresiva o competitiva. La elección de una academia adecuada, el entrenamiento progresivo y la supervisión profesional son fundamentales para desarrollar la actividad correctamente.
Al resumir lo que representa el Jiu-Jitsu, Ottaviano lo define a través de tres conceptos: presente, comunidad y cambio.
El presente, porque el entrenamiento obliga a concentrarse en lo que ocurre en cada momento. La comunidad, por los vínculos que se construyen entre compañeros y profesores. Y el cambio, porque la disciplina exige adaptarse constantemente a nuevas situaciones.