Aunque suele pasar inadvertido frente a otros factores productivos, el suelo es uno de los principales capitales del agro paraguayo. Sin él no hay cultivos, alimentos ni exportaciones. En un país donde la agricultura y la ganadería representan una parte importante de la economía, conservar este recurso dejó de ser únicamente una cuestión ambiental para convertirse en una decisión estratégica con impacto directo sobre la productividad y la rentabilidad de los sistemas de producción.
En el marco del Día Internacional de la Conservación del Suelo, que se recuerda cada 7 de julio, tanto productores como técnicos son llamados a fortalecer las prácticas de manejo sostenible para garantizar que las próximas generaciones puedan seguir produciendo sobre tierras fértiles. La fecha fue instaurada en 1963 en homenaje al científico estadounidense Hugh Hammond Bennett, considerado el padre de la conservación del suelo, y busca generar conciencia sobre un recurso del que depende más del 95% de la producción mundial de alimentos.
En diálogo con InfoNegocios, Ken Moriya, jefe del Departamento de Manejo del Suelo de la Dirección de Extensión Agraria (DEAg), explicó que uno de los mayores errores es atribuir la degradación del suelo a determinados cultivos. Según señaló, el verdadero problema radica en la forma de producir.
"Cada cultivo tiene distintas exigencias, pero lo que realmente degrada el suelo es el sistema de manejo", sostuvo. En Paraguay, el principal inconveniente sigue siendo la remoción intensiva de la tierra, especialmente en los sistemas tradicionales de producción. Esa práctica acelera la pérdida de materia orgánica, uno de los componentes más importantes para mantener la fertilidad de los suelos tropicales.
Moriya explicó que, a diferencia de otras regiones del mundo donde predominan suelos naturalmente ricos en minerales, en Paraguay el potencial productivo depende en gran medida del carbono y de la materia orgánica presentes en el suelo. Por ello, recomendó mantener siempre cobertura vegetal, incorporar rastrojos, utilizar cultivos de cobertura o abonos verdes y reducir al mínimo la remoción del terreno.
En ese contexto, destacó que la siembra directa continúa siendo la principal herramienta de conservación en la agricultura mecanizada. Este sistema permite proteger la estructura del suelo, mejorar la infiltración del agua, disminuir la erosión y recuperar progresivamente las condiciones naturales que se perdieron durante décadas de laboreo intensivo.
Consultado sobre el nivel de conservación que existe actualmente en el país, Moriya diferenció claramente los modelos productivos. Estimó que la agricultura mecanizada podría recibir una calificación de entre 7 y 8 sobre 10, gracias a la adopción creciente de prácticas como la siembra directa, la rotación de cultivos y el uso de coberturas vegetales.
La realidad es distinta en buena parte de la agricultura familiar tradicional, donde todavía predomina la preparación convencional del suelo mediante remoción. Esa situación, explicó, limita el potencial productivo de numerosas fincas y obliga a seguir fortaleciendo la asistencia técnica para promover la agricultura de conservación entre los pequeños productores.
El especialista también recordó que la protección del suelo no es exclusiva de la agricultura. En la ganadería, por ejemplo, un manejo inadecuado del pastoreo puede generar compactación por exceso de pisoteo, lo que reduce la infiltración de agua y el ingreso de oxígeno, dos factores esenciales para mantener la actividad biológica del suelo. En regiones como el Chaco, agregó, este aspecto cobra especial importancia por las características propias de los sistemas de producción.
Respecto al uso de fertilizantes y productos fitosanitarios, Moriya indicó que, si bien un manejo inadecuado puede ocasionar problemas de contaminación, el factor que más influye sobre la calidad del suelo continúa siendo la reposición de materia orgánica. "La clave de nuestro modelo productivo está en el carbono", resumió.
Como parte de las alternativas para recuperar la fertilidad, el técnico destacó el potencial del compost elaborado a partir de residuos agrícolas e industriales, así como de la lombricultura, especialmente para explotaciones de menor escala. Además de aportar nutrientes, estos sistemas permiten reincorporar carbono al suelo y mejorar su estructura física y biológica.
La preocupación no es exclusiva de Paraguay. Según datos de las Naciones Unidas, alrededor del 34% de la superficie terrestre del planeta presenta algún grado de degradación como consecuencia de la erosión, la contaminación y las malas prácticas agrícolas. Al mismo tiempo, el suelo cumple funciones clave como reservorio de carbono, regulador del ciclo del agua y hábitat de más de una cuarta parte de la biodiversidad mundial.
Para un país cuya economía sigue estrechamente vinculada al desempeño del agro, la calidad del suelo representa una ventaja competitiva que debe preservarse. "Hay que cuidar el suelo. No tenemos otra alternativa. De eso depende no solo el ambiente, sino también nuestro futuro económico y productivo", concluyó Moriya.