Uno de los principales desafíos aparece cuando llega el momento de la transición generacional. Según explicó Kriskovich, aunque muchas compañías logran consolidarse durante la primera generación, el paso a las siguientes etapas suele implicar cambios profundos en la forma de gobernar la organización.
Las empresas que se desarrollan en su etapa inicial suelen estar lideradas directamente por sus fundadores, los pioneros que dieron origen al proyecto. Sin embargo, a medida que el negocio crece y alcanza mayor madurez, se vuelve inevitable enfrentar procesos de delegación y sucesión.
En ese contexto, las nuevas generaciones —ya sean familiares o profesionales incorporados a la gestión— reciben una empresa con estructuras más complejas y mayores exigencias organizacionales. “Las siguientes generaciones reciben una empresa más madura, con una estructura formada profesionalmente, que demanda un gobierno distinto, compartido entre los sucesores y los profesionales que la integran”, explicó.
A este desafío interno se suma un entorno económico cada vez más cambiante, donde las condiciones del mercado evolucionan permanentemente y ponen a prueba la competitividad. En ese escenario, la forma en que las familias empresarias gestionan sus relaciones internas y los procesos de toma de decisiones puede marcar la diferencia entre la continuidad o el quiebre del proyecto.
Uno de los errores más frecuentes que amenazan la continuidad es evitar las conversaciones difíciles. Muchas veces, por el vínculo afectivo entre los miembros de la familia, se tiende a asumir cuáles son los intereses o temores de los demás sin plantearlos de manera abierta.
“Explorar, preguntar y acompañar al otro de manera abierta suele ser mucho más enriquecedor que suponer”, consideró.
En ese proceso, el gran desafío consiste en equilibrar los intereses individuales con los intereses colectivos, así como encontrar un punto de encuentro entre las necesidades de la familia y las de la empresa. En muchas ocasiones, esto implica realizar concesiones en ambos ámbitos para sostener el proyecto común.
Ese equilibrio se vuelve más alcanzable cuando cada integrante tiene claros sus propósitos y reconoce cómo puede contribuir tanto al desarrollo del negocio como a su realización personal y profesional.
Sostenibilidad en el tiempo
Los emprendimientos nacen con la aspiración de perdurar, pero ¿qué se requiere para alcanzar esa sostenibilidad? Según el empresario, un aspecto indispensable es atender y respetar la singularidad de cada familia y de cada empresa.
“Tanto las familias como cada una de las empresas de su propiedad tienen atributos que las distinguen, competencias únicas que deben ser identificadas y tenidas en cuenta para promover acuerdos que faciliten su trascendencia de generación en generación”, remarcó.
La creación de espacios formales de diálogo y de órganos de gobierno que gestionen esos acuerdos también juega un rol central. Estos mecanismos permiten modificar actitudes, generar aprendizaje colectivo y facilitar la adaptación al cambio, buscando un equilibrio entre la armonía familiar y el desarrollo del patrimonio común.
Trascender: Vida, Familia, Empresa
Estas reflexiones forman parte del libro Trascender: Vida, Familia, Empresa, presentado recientemente por Kriskovich. En la publicación, el empresario pone el foco en la continuidad y sostenibilidad de las empresas familiares, un sector clave dentro del tejido productivo paraguayo.
El libro propone herramientas para ordenar procesos sucesorios, consolidar acuerdos entre generaciones e integrar ejecutivos externos, con el objetivo de fortalecer la gobernanza y la profesionalización de las organizaciones familiares en contextos de cambio.