Desde la Asociación Paraguaya de Productores y Exportadores de Carne (Appec), su gerente general, Claudia Bogado, plantea que el problema no es únicamente el valor actual por kilo, sino la estructura completa del negocio. “No hablamos solamente del mal precio de hoy, sino del contexto que hace que no se pague lo que realmente merece nuestra producción”, afirmó en entrevista con InfoNegocios.
El punto central es la asimetría en la transmisión de precios. Según explicó, cuando las industrias acceden a mejores valores en los mercados internacionales, esa mejora no siempre llega de forma proporcional al productor. En cambio, cuando los precios externos bajan, el ajuste sí se traslada con mayor rapidez al primer eslabón.
Estudios realizados con apoyo de la FAO ya habían advertido esta distorsión: la cadena no reacciona de manera simétrica frente a subas y bajas del mercado internacional. Para Appec, este fenómeno genera incertidumbre y erosiona la confianza en el sistema de formación de precios.
A la discusión estructural se suma un dato financiero clave: el tipo de cambio.
Aunque el precio pagado al productor registró una mejora reciente, la caída del dólar impacta de lleno en los ingresos reales. El sector exporta en moneda extranjera, pero liquida en guaraníes, lo que significa que una depreciación del dólar reduce el poder de compra y los márgenes del productor.
“El precio subió, pero el dólar bajó muchísimo, y eso también afecta”, señaló Bogado. En un negocio de márgenes ajustados y alta exposición internacional, la variable cambiaria se vuelve determinante.
El escenario se complejiza con la menor disponibilidad de ganado. Paraguay mantuvo niveles de faena similares entre 2024 y 2025, pero con una oferta más ajustada. La recomposición del hato es hoy una prioridad estratégica.
La retención de vientres y la inversión en genética requieren previsibilidad. Sin embargo, la falta de reglas claras genera el efecto contrario. “Cuando no tenés seguridad, no querés invertir”, resumió la ejecutiva.
Ese comportamiento —capitalizar rápidamente el ganado ante la incertidumbre— termina reduciendo el stock y afectando la sostenibilidad del negocio a mediano plazo. En un sector donde el ciclo productivo es largo y las decisiones impactan varios años después, la previsibilidad no es un lujo, sino una condición básica.
Frente a este escenario, vuelve a instalarse una propuesta que circula desde hace años: la creación de un instituto de la carne que integre a todos los eslabones (producción, industria, exportadores y Estado).
El problema es que todavía no existe consenso.
Desde Appec insisten en la necesidad de construir un espacio de diálogo formal. “Si no quieren el instituto, trabajemos en algo donde todos podamos participar y estirar juntos el carro”, sostuvo Bogado.
El objetivo es claro: generar información transparente, mejorar la trazabilidad en la formación de precios y construir mecanismos que otorguen previsibilidad financiera al productor.
Más mercados, pero con tensión interna
Paraguay mantiene acceso a mercados estratégicos y una reputación sanitaria consolidada. Desde el punto de vista comercial externo, el negocio exportador continúa firme.
Sin embargo, la discusión actual revela una brecha interna: el acceso a mercados no siempre se traduce en una rentabilidad equilibrada para todos los actores.
La ganadería paraguaya enfrenta hoy un desafío doble: sostener su competitividad internacional y, al mismo tiempo, ordenar su arquitectura interna. La asimetría en la transmisión de precios reabre una discusión que va más allá del valor por kilo.
Se trata, en definitiva, de cómo se distribuye el valor dentro de una de las principales cadenas económicas del país.
Y en un negocio donde cada punto porcentual cuenta, la transparencia también es parte del margen.