Según los datos oficiales manejados por la DEAg, la cosecha nacional de papa finalizó el 15 de diciembre, con una producción aproximada de 15 millones de kilos. En tanto, la cebolla y el tomate culminaron su ciclo el 19 de diciembre, alcanzando en conjunto alrededor de 20 millones de kilos. Sotelo aclaró que se trata de volúmenes habituales dentro de la producción anual, aunque remarcó que el desafío central no está únicamente en la cantidad producida, sino en cuántos meses del año esa producción logra abastecer el mercado interno.
En el caso de la cebolla, la producción nacional permitió cubrir la demanda desde septiembre, octubre y noviembre hasta el 19 de diciembre. La papa, por su parte, abasteció el mercado durante su ventana productiva habitual. “En ese período se cubrió la demanda nacional”, señaló el funcionario, quien explicó que cada rubro presenta requerimientos climáticos distintos, lo que obliga a una planificación específica para ampliar los tiempos de cosecha.
Desde el MAG se analizan alternativas técnicas para lograr ese objetivo. En papa, por ejemplo, se estudia la posibilidad de iniciar siembras entre marzo y abril, lo que permitiría sumar una primera etapa productiva y extender el período de oferta. En cebolla, Sotelo explicó que es posible comenzar la producción desde agosto y, mediante siembras tardías, llegar hasta enero, especialmente teniendo en cuenta que se trata de un cultivo que puede almacenarse sin mayores inconvenientes.
El tomate ocupa un lugar central dentro de la estrategia oficial. Actualmente se encuentra en marcha el proyecto de producción de tomate durante todo el año, que atraviesa su segundo año de implementación. En la presente campaña se lograron plantar 1.400.000 plantas, que hoy están en plena cosecha. A esto se suma la producción de agricultores particulares que aún mantienen parcelas importantes en actividad.
“Disponemos todavía de producción nacional para cubrir la demanda del mercado”, afirmó Sotelo. En ese contexto, el MAG realiza un monitoreo permanente del abastecimiento, con el objetivo de respaldar a los productores locales y ordenar el ingreso de importaciones mientras exista oferta nacional disponible.
Esa disponibilidad impacta directamente en la formación de precios. De acuerdo con el director de Comercialización de la DEAg, los valores actuales del tomate buscan un punto de equilibrio entre la rentabilidad del productor y el consumo. “El precio está entre el valor que quiere vender el productor, que va de G. 7.000 a G. 8.000 o hasta G. 10.000, porque es un período difícil de producir”, explicó, en referencia a las condiciones climáticas que afectan especialmente al tomate de verano.
Sotelo reconoció que lograr una cobertura total de la demanda con producción nacional no es un proceso inmediato, sino un trabajo de varios años. Sin embargo, sostuvo que ya se empiezan a ver resultados concretos. “Tenemos los datos, los números que nos dicen que estamos cubriendo este mes de febrero”, indicó, y adelantó que nuevos cultivos están iniciando su cosecha, lo que permitirá evaluar hasta cuándo se puede sostener el abastecimiento local.
De cara a 2026, el MAG ya comenzó con la planificación de los cultivos de tomate y, posteriormente, avanzará con los esquemas productivos de papa y cebolla. El objetivo, según Sotelo, es ir aumentando progresivamente el período de cosecha de la producción nacional, fortaleciendo la presencia local en el mercado y aportando mayor previsibilidad a productores y consumidores.