El sector maicero paraguayo se encamina hacia una fase de expansión estructural con una meta clara de mediano plazo: duplicar la producción y alcanzar las 10 millones de toneladas en los próximos cinco años. Así lo señaló Hugo Pastore, representante ejecutivo de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco), en un contexto donde el cultivo combina estabilidad en el área sembrada, demanda externa sostenida e industrialización creciente.
La hoja de ruta del sector se apoya en un volumen base que ya posiciona al maíz como uno de los principales rubros agrícolas del país. Según Pastore, la producción de referencia de la última campaña alcanzó aproximadamente 6,5 millones de toneladas, con un esquema de comercialización que continúa activo incluso con existencias de la zafra anterior.
“Se recolectaron 6 millones y medio de toneladas, y todavía se sigue exportando maíz de la campaña pasada”, explicó el ejecutivo en entrevista con InfoNegocios, destacando la continuidad del flujo comercial hacia los mercados externos.
En paralelo, el sector se prepara para el inicio de la cosecha de la zafriña, en un escenario donde el clima vuelve a ser un factor determinante. El área sembrada se mantiene estable en torno al millón de hectáreas, sin variaciones significativas respecto a campañas anteriores, lo que aporta previsibilidad desde el punto de vista productivo.
“Va a estar cerca del millón de hectáreas, más o menos lo que venimos manejando desde hace algunos años. No hubo mucha variación”, señaló Pastore.
Sin embargo, la atención está puesta en el impacto de las bajas temperaturas registradas recientemente y en posibles excesos de humedad en zonas del interior del país. Estos factores aún están siendo evaluados por el sector privado, que aguarda reportes de campo para determinar eventuales afectaciones en rendimiento y calidad.
Más allá del corto plazo, la dinámica del maíz paraguayo está cada vez más influenciada por la industria. El crecimiento del segmento de biocombustibles, especialmente el etanol, se consolida como uno de los principales motores de la demanda interna, junto con la alimentación animal y las exportaciones.
De acuerdo con estimaciones del sector, alrededor de 2 millones de toneladas se destinan actualmente a la producción de etanol, cerca de 1 millón al consumo animal y poco más de 3 millones a los mercados externos. Este esquema refuerza la diversificación del uso del grano y reduce la dependencia exclusiva del comercio internacional.
Brasil continúa siendo el principal destino del maíz paraguayo, absorbiendo más del 50% de los envíos, seguido por mercados como Chile, Perú y Uruguay, que completan la diversificación regional.
En este contexto, la estrategia del sector apunta no solo a ampliar el volumen de producción, sino también a fortalecer la industrialización local y la apertura de nuevas plantas vinculadas al etanol, lo que podría incrementar la demanda interna en los próximos años.
“El maíz tiene que seguir creciendo. La meta es llegar a 10 millones de toneladas y acompañar el desarrollo de la industria”, sostuvo Pastore al referirse a la proyección del sector.
El desafío, según la visión de Capeco, será sostener este crecimiento en un escenario climático cada vez más variable y con una mayor integración entre producción primaria, industria y mercados externos. En ese equilibrio se definirá la próxima etapa del maíz paraguayo.