El 18 y 19 de febrero, Paraguay volvió a enfrentar una contradicción estructural: un país reconocido por su abundancia energética quedó prácticamente a oscuras.
Una falla en la línea de transmisión de 500 kV que conecta la energía proveniente de Itaipú con el sistema interconectado nacional provocó un apagón que afectó a gran parte del territorio. Semáforos fuera de servicio, interrupciones en el suministro de agua potable, industrias paralizadas y comercios operando con generadores propios evidenciaron una vulnerabilidad que no es nueva.
El episodio dejó en evidencia que el problema no está en la generación —Paraguay sigue teniendo excedentes energéticos— sino en la capacidad de transportar y distribuir esa energía de manera estable y confiable. El Gobierno impulsa la llegada de data centers, minería de activos digitales e industrias electrointensivas, pero ¿la infraestructura acompaña esa ambición?
Para Óscar Mersan, director de M360 Paraguay, la energía es una variable determinante en cualquier proceso de inversión industrial. “Paraguay tiene abundancia en generación, pero históricamente su problema fueron las redes de distribución. Si la energía no llega de manera estable a donde tiene que llegar, eso se convierte en un factor decisivo”, señaló.
En esa línea, mencionó, por ejemplo, que en sectores como la inyección de plásticos un corte puede implicar hasta seis horas de reseteo de maquinaria y pérdida de materia prima. En la industria textil, variaciones de tensión afectan directamente la calidad del producto. En ambos casos, la inestabilidad se traduce en costos y pérdida de competitividad.
La pregunta sobre la estabilidad energética es recurrente en conversaciones con inversores extranjeros. Muchas veces se recomienda instalarse cerca de una subestación o incluso invertir en infraestructura propia, lo que encarece el proyecto. “El inversor percibe que alimentarse solamente de la red actual no es suficiente. Eso requiere una inversión adicional”, dijo Mersan.
Más allá del episodio puntual, Mersan plantea un desafío estratégico: Paraguay está promoviendo inversiones a un ritmo que podría superar la capacidad de respuesta de su infraestructura.
“Estamos vendiendo un modelo de desarrollo, pero si no expandimos la infraestructura energética, vial y urbana al mismo tiempo, se puede generar una saturación”, explica.
El riesgo no es solo técnico; también es social y económico. Sin planificación territorial, zonas industriales definidas y políticas públicas que acompañen la llegada masiva de capital extranjero, el crecimiento podría derivar en aumento de alquileres, presión urbana y desplazamiento local sin beneficios estructurales claros.
Para el directivo, el debate energético debe ir acompañado de una discusión más amplia sobre planificación y políticas públicas que ordenen el proceso de atracción de inversiones.
La minería digital y la modulación energética
Desde el sector de activos digitales, José Benítez Rickmann, presidente de la Cámara Paraguaya de Minería de Activos Digitales, explicó que las empresas del sector trabajan bajo contratos que contemplan hasta 300 horas anuales de modulación en casos de necesidad extrema.
“Ya veníamos modulando la energía antes del día del corte. Apagamos los data centers desde las 8 de la mañana durante 24 horas. De esa manera, la ANDE logra evitar cortes para la ciudadanía”, comentó.
Según detalló, el apagón del 18 de febrero no impactó directamente en sus operaciones porque el sector ya estaba reduciendo consumo como parte de ese esquema de cooperación.
No obstante, Benítez Rickmann coincidió en que es imprescindible acelerar las inversiones en transmisión y respaldo. Mencionó proyectos como la subestación de 500 kV en Emboscada y la reconfiguración de líneas existentes como pasos necesarios para ganar capacidad y redundancia.
“Modernizar la infraestructura beneficia tanto a las industrias electrointensivas como a la ciudadanía en general”, sostuvo.