Miel orgánica de Ñeembucú presume certificación de origen, con precios premium y plan de expansión comercial

(Por SR) La miel orgánica producida en el departamento de Ñeembucú comienza a posicionarse como un producto con valor agregado dentro del mercado nacional, con proyección incluso hacia nichos internacionales. Bajo la marca El Carrizal, el emprendimiento liderado por el apicultor Atilio Benítez avanza en su consolidación comercial, apoyado en certificaciones, alianzas estratégicas y una producción diferenciada basada en criterios orgánicos. “Nuestra miel orgánica ya empieza a ser reconocida tanto a nivel nacional como internacional”, destacó el productor al referirse al crecimiento del proyecto.

El fortalecimiento del emprendimiento se apoya en un proceso de formalización y control de calidad. Recientemente, técnicos del Instituto Nacional de Alimentación y Nutrición (INAN) realizaron una evaluación integral del establecimiento, revisando condiciones de higiene, producción y procesamiento de la materia prima. “Recibimos la visita de técnicos del INAN, quienes evaluaron los procesos de higiene, producción y procesamiento. Estos controles son importantes para garantizar la calidad del producto”, explicó Benítez.

Actualmente, el emprendimiento cuenta con stock disponible para el mercado local y avanza en la comercialización hacia Asunción mediante una alianza con la Asociación de Productores Orgánicos del Paraguay (APRO). Esta articulación permite el acceso a góndolas de supermercados habilitados, lo que marca un salto desde la venta directa hacia canales más estructurados y con mayor visibilidad. “Tenemos stock disponible para la venta local y estamos avanzando en la comercialización hacia Asunción a través de la APRO, que facilita la presencia de productos orgánicos en supermercados”, comentó.

El producto se comercializa en envases de vidrio, requisito establecido para este tipo de alimentos, y se ofrece en dos presentaciones: frascos de 300 gramos a G. 25.000 y envases de un kilogramo a G. 70.000. Este esquema de precios ubica a la miel dentro del segmento premium, impulsado por la certificación orgánica y el origen geográfico diferenciado. “La miel se vende en envases de vidrio, como exige la normativa, en frascos de 300 gramos a G. 25.000 y de un kilo a G. 70.000”, detalló.

Uno de los hitos del proyecto es la certificación orgánica documentada, a la que se suma la certificación geográfica de origen de los humedales del Ñeembucú, otorgada por la Dirección Nacional de Propiedad Intelectual. Este reconocimiento posiciona a la miel como un producto único dentro del país, con identidad territorial y atributos ambientales que fortalecen su propuesta de valor. “Contamos con certificación orgánica y también con certificación geográfica de origen de los humedales del Ñeembucú, lo que posiciona a nuestra miel como única en el país”, afirmó.

El desarrollo de esta producción no fue inmediato. Según Benítez, el proceso comenzó hace varios años junto a otros productores del departamento, con el apoyo del programa Pro Cadena, ejecutado con cooperación de la agencia alemana GIZ. A partir de esa iniciativa, unos 15 apicultores iniciaron la transición desde sistemas tradicionales hacia la apicultura orgánica, un cambio que demandó aproximadamente dos años y medio hasta alcanzar la certificación. “Este proceso empezó con otros productores y con el apoyo del programa Pro Cadena. Fuimos unos 15 productores que hicimos la transición a la apicultura orgánica, y nos llevó cerca de dos años y medio obtener la certificación”, recordó.

Hoy el sector atraviesa una etapa de crecimiento, con perspectivas de ampliar tanto la cantidad de productores como el número de colmenas instaladas. El aumento de la escala permitiría elevar el volumen de producción y responder a una demanda que comienza a expandirse, especialmente en mercados que valoran productos naturales con trazabilidad. “Estamos en etapa de crecimiento y queremos aumentar la cantidad de productores y colmenas para elevar el volumen”, indicó.

Además del componente comercial, la actividad apícola también tiene un impacto ambiental relevante. Las abejas cumplen un rol clave en la polinización de especies vegetales, contribuyendo a la biodiversidad y al equilibrio del ecosistema. Sin embargo, el sector enfrenta desafíos vinculados a la reducción de bosques naturales y la expansión de cultivos intensivos, factores que limitan la disponibilidad de flores y afectan la producción. “La apicultura atraviesa un momento complejo por la reducción de bosques naturales y la expansión de cultivos intensivos, que disminuyen la disponibilidad de flores”, advirtió.

Ante este escenario, los productores trabajan en coordinación con instituciones para fortalecer la cobertura vegetal y sostener la actividad en la región. La estrategia apunta a consolidar un modelo productivo sostenible que combine rentabilidad con conservación ambiental. “Estamos coordinando acciones con instituciones para fortalecer la cobertura vegetal y sostener la actividad apícola”, sostuvo Benítez, quien remarcó que “Ñeembucú tiene espacio y condiciones para que más productores se sumen a este modelo sostenible”.

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