Para Cáceres, la confianza constituye la base de su filosofía de trabajo. “La confianza se demuestra en cada despacho”, afirmó. Explicó que una operación aduanera puede definir cuánto cuesta una importación, cuánto demora y hasta la continuidad de determinados procesos productivos, por lo que el trabajo debe comenzar mucho antes de que la mercadería llegue al país.
En la agencia la tarea parte de revisar anticipadamente la clasificación arancelaria, el régimen aplicable, los permisos y los plazos. Esa metodología permitió mantener relaciones comerciales de largo plazo con clientes que incluso llevan más de 20 años trabajando con la firma.
“Cuando todo sale bien nuestro trabajo se vuelve invisible. Detrás de una carga que se libera sin contratiempos hay clasificaciones analizadas, permisos tramitados con anticipación y documentos revisados uno por uno”, expresó.
Un legado de tres generaciones
La Agencia Cáceres fue fundada en 1973 en Pedro Juan Caballero por su abuelo, el Dr. Eugenio Ramón Cáceres González. Posteriormente, su padre, el despachante Eliodoro Ramón Cáceres Peña, continuó al frente del negocio y se convirtió en su principal mentor profesional.
Según Nathalia, de él recibió tanto la formación técnica como una manera particular de entender la responsabilidad que implica el oficio.
“Me enseñó que la firma del despachante es la palabra de la agencia y que cada declaración que presentamos la respondemos nosotros”, señaló.
Ese aprendizaje también estuvo acompañado por la necesidad de adaptarse. A lo largo de los años, la empresa pasó del trabajo basado en documentos físicos a la gestión digital y amplió su presencia a varias ciudades del país, conservando los mismos principios.
Cáceres también reconoció los desafíos de desarrollarse profesionalmente en un sector históricamente masculino. Al inicio de su carrera, afirmó, tuvo que demostrar conocimiento y preparación para ganar espacio.
“Mi padre me enseñó a responder con conocimiento y con datos, y que el respeto se gana cuando uno domina su materia y sostiene su criterio”, manifestó. Actualmente observa con satisfacción una mayor participación de mujeres dentro del comercio exterior paraguayo.
El despachante, desde el inicio de una inversión
Para la gerente general, uno de los principales errores que puede cometer una empresa que empieza a importar o proyecta instalar una operación en Paraguay es incorporar al despachante recién cuando la mercadería está próxima a llegar.
Aunque en un proyecto de inversión participan consultoras, estudios contables y equipos técnicos, el despachante será posteriormente quien declare la mercadería y responda ante la administración aduanera durante la operación cotidiana.
Por eso consideró fundamental que participe desde la planificación, especialmente para verificar que los insumos, posiciones arancelarias, permisos, regímenes y plazos contemplados en el proyecto coincidan con lo que posteriormente se ejecutará.
“El proyecto se presenta una vez; la operativa se ejecuta todos los días”, resumió.
La IA sin reemplazar el criterio profesional
La transformación tecnológica también empezó a modificar profundamente el negocio. Cáceres señaló que la digitalización de las declaraciones aduaneras y el mayor uso del análisis de datos elevaron la velocidad y el nivel de control dentro del sistema.
Al mismo tiempo, las empresas industriales que llegan al país operan con volúmenes que requieren respuestas más ágiles, por lo que Agencia Cáceres comenzó a incorporar inteligencia artificial en sus propios procedimientos.
El objetivo es automatizar tareas repetitivas, ganar velocidad y mantener consistencia, pero sin trasladar a la tecnología decisiones que implican responsabilidad profesional.
“Una herramienta puede procesar documentos y sugerir una posición arancelaria; declararla es una decisión profesional con consecuencias legales, y esa responsabilidad sigue siendo nuestra”, sostuvo.
Para Cáceres, allí se encuentra el equilibrio: utilizar la automatización para liberar al equipo de procesos mecánicos y permitirle concentrarse en aquellos casos que requieren análisis y criterio.
Nuevas inversiones elevan la exigencia
El crecimiento de las inversiones y la llegada de compañías de mayor porte también están modificando las expectativas de los clientes.
Según explicó, una gran empresa ya no evalúa únicamente cuánto cuesta un servicio de despacho, sino cuánto tiempo demandará liberar una carga y si los procesos del proveedor pueden ser auditados.
Frente a este escenario, Agencia Cáceres está protocolizando procedimientos con el objetivo de que la calidad operativa no dependa exclusivamente de determinadas personas. Paralelamente, continúa incorporando herramientas tecnológicas y se encuentra finalizando su certificación como Operador Económico Autorizado.
“Un cliente corporativo necesita poder verificar cómo operamos” indicó.
Cáceres consideró que Paraguay atraviesa un momento de fuerte movimiento de inversiones industriales y un crecimiento de operaciones bajo regímenes especiales. Este escenario, afirmó, exige que los actores del comercio exterior eleven sus estándares de velocidad, tecnología y cumplimiento.
Hacer simple lo que detrás es complejo
Más allá de la evolución tecnológica, hay un aspecto de la profesión que continúa motivándola: lograr que el cliente no tenga que convivir con toda la complejidad que existe detrás de una operación de comercio exterior.
“Que no tenga que entender cada norma ni perseguir cada permiso. Si para él todo resultó simple, es porque de este lado se hizo bien”, expresó.
Esa responsabilidad también forma parte de la cultura que intenta transmitir a su equipo. Una clasificación incorrecta, un documento incompleto o un permiso fuera de plazo pueden terminar en cargas detenidas, costos de depósito o plantas industriales esperando insumos.
Por esa razón, Cáceres afirmó que busca explicar siempre el motivo detrás de cada procedimiento.
“Cuando alguien entiende qué hay detrás de una clasificación o de un permiso, deja de cumplir tareas y empieza a tomar decisiones con responsabilidad”, afirmó.
Fuera de la actividad profesional, viajar ocupa un lugar especial en su vida. Los viajes familiares son su forma de desconectarse de un trabajo marcado por plazos, urgencias y decisiones permanentes.
“Viajar me recuerda que nuestro trabajo, al final, es acercar el mundo a nuestro país”, concluyó.