El reciclaje dejó de ser solamente una actividad vinculada al cuidado ambiental para convertirse en una fuente de sustento para miles de familias y en un eslabón cada vez más relevante dentro de la cadena productiva. Según Eladio Ortíz, presidente de la Asociación de Recicladores del Paraguay (Arepar), unas 25.000 familias dependen actualmente de la recuperación y comercialización de materiales en el país.
En entrevista con InfoNegocios, el dirigente explicó que el sector está presente en los 17 departamentos y reúne a recicladores de base, recolectores de oficio y pequeños acopiadores que trabajan con materiales como metales, plásticos, cartón y otros residuos aprovechables.
Arepar fue fundada en 2008 y, de acuerdo con Ortíz, el gremio experimentó un crecimiento importante desde entonces. Actualmente, además de los recicladores, existen alrededor de 2.500 acopiadores que trabajan de manera independiente y formalizada, y funcionan como un puente entre quienes recuperan los materiales y las industrias que posteriormente los procesan.
El principal desafío que enfrenta actualmente la cadena está relacionado con la pérdida de valor de los materiales reciclables. La caída del dólar, según explicó Ortíz, está repercutiendo en los precios que reciben los distintos actores del circuito.
Uno de los ejemplos más claros es el de la chatarra. Hace unos tres meses, en los centros de acopio se podía pagar entre G. 1.000 y G. 1.200 por kilo, mientras que actualmente las industrias reciben el material a valores que, una vez descontados los costos correspondientes, terminan reduciendo significativamente el ingreso para el recolector.
El efecto es directo. Ortíz ejemplificó que anteriormente un reciclador podía reunir unos 50 kilos de chatarra y obtener alrededor de G. 60.000, mientras que actualmente puede necesitar recolectar unos 60 kilos para conseguir apenas G. 30.000.
“Ahí está el perjuicio y el efecto que está causando”, señaló.
Desde el sector industrial, según explicó el presidente de Arepar, la menor cotización responde también a la reducción de los precios internacionales de materiales como la chatarra y el hierro, productos que forman parte de los mercados de exportación.
De 100 % a 80 % de recuperación
El impacto económico también comienza a reflejarse en los niveles de recuperación. De acuerdo con los datos manejados por Arepar, la chatarra y los desperdicios de hierro, que anteriormente alcanzaban niveles cercanos al 100 % de reciclaje, actualmente se encuentran alrededor del 80 %.
El problema, advierte la organización, no es únicamente económico. Cuando el precio de un material deja de compensar los costos de recolección, clasificación, transporte y comercialización, también disminuye el incentivo para recuperarlo.
Esto puede hacer que materiales que anteriormente ingresaban a la cadena de reciclaje terminen nuevamente como residuos.
La situación alcanza, además, a los plásticos. Ortíz mencionó particularmente algunos tipos de materiales que dejaron de comercializarse y que llevan aproximadamente ocho meses sin salida, según el sector.
Al mismo tiempo, otros plásticos sí encuentran canales de aprovechamiento local. El PET de las botellas de gaseosa, por ejemplo, es enviado a empresas que lo muelen y lo industrializan para volver a utilizarlo en Paraguay.
También existen materiales que siguen destinados a mercados externos, entre ellos determinados metales, como latas, hierro y aluminio, además de algunos plásticos.
Para Arepar, el escenario actual trasciende la discusión sobre precios. Los recicladores de base son personas que salen diariamente a las calles para recuperar materiales y generar ingresos para sus hogares, mientras que, en otros casos, la actividad involucra a familias completas que dependen del reciclaje como oficio.
Por eso, una reducción del precio por kilo significa necesariamente recolectar un mayor volumen de material para alcanzar el mismo ingreso.
A esto se suma el impacto ambiental. Si un material pierde valor comercial, disminuye el incentivo para recuperarlo y puede terminar en vertederos, calles, cauces hídricos u otros puntos de disposición.
Así, el desafío para el sector no pasa solamente por sostener los ingresos de los 25.000 hogares vinculados a la actividad, sino también por mantener activa una cadena que recupera materiales y los reincorpora a procesos industriales, evitando que vuelvan al circuito de residuos.