En entrevista con InfoNegocios, el médico clínico Robert Núñez brindó más información sobre este tema. “Esta condición se produce cuando las válvulas de las venas, encargadas de facilitar el retorno de la sangre hacia el corazón, no funcionan correctamente. Como consecuencia, la sangre puede acumularse, aumentar la presión y provocar que las venas se dilaten”.
Es decir, las venas son el canal por el cual la sangre regresa al corazón -mientras que por las arterias se bombea la sangre que salen del corazón- y cuando las válvulas de las primeras -algo similar a compuertas- se debilitan o no funcionan correctamente, la sangre se acumula, las venas se agrandan y así se ven debajo de la piel.
Las venas varicosas normalmente aparecen en las piernas. Aunque la edad es uno de los factores que influyen en su aparición, existen otras condiciones que pueden favorecer su desarrollo. Entre ellas se encuentran los antecedentes familiares, el sedentarismo, el sobrepeso, los cambios hormonales y permanecer durante muchas horas sentado o de pie. Las várices no son una afección exclusiva de las personas mayores ni una consecuencia inevitable del paso de los años.
En el caso de las personas jóvenes, las rutinas de trabajo y estudio también merecen atención. Pasar gran parte del día frente a una computadora, permanecer sentado durante horas o realizar poca actividad física puede dificultar el retorno venoso. “Esto no significa que el sedentarismo sea la única causa, pero sí es un hábito que conviene revisar”, mencionó el especialista.
“No es conveniente esperar a que las venas comiencen a hacerse visibles para prestarles atención”. En algunos casos, las primeras manifestaciones son mucho más discretas: pesadez, cansancio en las piernas, hinchazón de tobillos, calambres o molestias que aumentan al finalizar el día. “Son señales que muchas veces se atribuyen al ritmo cotidiano, pero que, cuando se vuelven frecuentes, merecen una evaluación médica”, resaltó.
“Aunque muchas personas consideran que las várices representan principalmente un inconveniente estético, pueden estar relacionadas con una insuficiencia venosa que requiere seguimiento”. Cuando no existe una evaluación adecuada, algunos pacientes pueden desarrollar hinchazón persistente, cambios en la coloración de la piel, inflamación e incluso úlceras venosas.
En cuanto al tratamiento, las alternativas dependen de las características de cada paciente y del estado de sus venas. “Entre las opciones disponibles se encuentran las medias de compresión, la escleroterapia, los procedimientos con láser o radiofrecuencia y determinadas intervenciones quirúrgicas”, mencionó Núñez.
La prevención también comienza con pequeños cambios cotidianos: caminar, realizar actividad física, evitar permanecer demasiado tiempo en una misma posición y hacer pausas para movilizar las piernas. Estas medidas ayudan a favorecer la circulación y pueden contribuir a controlar los síntomas.
En definitiva, las várices no son una cuestión exclusiva de la edad adulta. También pueden aparecer durante la juventud, por lo que reconocer sus primeras manifestaciones y buscar orientación médica es fundamental. No se trata solamente de prestar atención a las venas que se ven, sino también de escuchar las señales del cuerpo. Una consulta oportuna permite conocer qué está ocurriendo y determinar cómo cuidar la salud circulatoria en cada etapa de la vida.