Más allá del meme: el carpincho es una especie fundamental para el funcionamiento de humedales

(Por SR) Cada 10 de julio se celebra el Día de la Apreciación del Carpincho, una fecha dedicada a reconocer la importancia y el encanto de este animal sudamericano, que en los últimos años conquistó las redes sociales gracias a su apariencia tranquila, su carisma y su sorprendente vida social. Sin embargo, detrás del fenómeno viral existe una especie con un rol clave en el funcionamiento de los humedales y un mensaje claro para la conservación: admirarlo sí, domesticarlo no.

En los últimos años, el carpincho inspiró peluches e ilustraciones y hasta se transformó en un símbolo de tranquilidad. Pero, más allá de su fama digital, este gigante de los humedales cumple una función esencial para el equilibrio de los ecosistemas sudamericanos, según Frederick Bauer, director científico de WCS Paraguay, quien sostiene que conocer la especie es el primer paso para conservarla.

El carpincho (Hydrochoerus hydrochaeris) presenta un dato que sorprende de entrada: es el roedor más grande del mundo. A diferencia de lo que muchos podrían imaginar, no se trata de una especie amenazada. Bauer señala que actualmente está categorizada como de “preocupación menor” desde el punto de vista de la conservación, gracias a su elevada capacidad reproductiva y a que mantiene poblaciones abundantes en los lugares donde encuentra las condiciones adecuadas para vivir.

Pero que no esté en peligro no significa que carezca de importancia. Todo lo contrario. Como herbívoro de gran tamaño, consume importantes cantidades de vegetación en los humedales, con lo que contribuye al equilibrio de estos ambientes. Al mismo tiempo, forma parte de la dieta de grandes depredadores, por lo que se convierte en un eslabón indispensable dentro de la cadena alimentaria.

Su distribución también explica buena parte de su éxito. Los carpinchos habitan prácticamente todas las regiones tropicales y subtropicales de Sudamérica ubicadas al este de la cordillera de los Andes. En Paraguay están presentes en distintos ecosistemas naturales y, según Bauer, incluso han expandido su presencia hacia zonas donde antes no existían.

Uno de esos casos es el Chaco Central. La expansión de la ganadería y la construcción de tajamares para almacenar agua generaron nuevos ambientes favorables para la especie dentro del ecosistema del Chaco seco. Allí, donde anteriormente los carpinchos estaban ausentes, actualmente pueden encontrarse poblaciones establecidas gracias a la disponibilidad permanente de agua.

Aunque no existen censos nacionales que permitan conocer con precisión cuántos ejemplares viven actualmente en Paraguay, los especialistas coinciden en que las poblaciones son saludables y se mantienen ampliamente distribuidas en los ambientes naturales donde existen humedales.

Paradójicamente, las principales amenazas para el carpincho no son los cazadores ni los depredadores. Su alta tasa reproductiva le permite recuperarse con relativa rapidez de esas pérdidas. El verdadero riesgo aparece cuando desaparece el ambiente donde vive.

“La destrucción de los humedales es la mayor causa de desaparición de esta especie en determinados sitios”, explicó Bauer. Sin agua, simplemente, el carpincho no puede sobrevivir.

En ese contexto, Paraguay cuenta con una herramienta importante para su conservación. El país forma parte de la Convención Ramsar, un acuerdo internacional orientado a la protección de los humedales. Si bien el convenio pone especial énfasis en la conservación de las aves acuáticas, los sitios Ramsar también resguardan numerosas especies asociadas con estos ecosistemas, entre ellas, el carpincho.

Su creciente popularidad también abrió otro debate: la idea de tener carpinchos como mascotas. Bauer advierte que, aunque suelen ser vistos como animales dóciles y sociables, siguen siendo fauna silvestre y presentan comportamientos naturales que pueden generar conflictos con las personas.

Las hembras que protegen a sus crías pueden reaccionar de forma agresiva si perciben una amenaza, mientras que los machos, durante la época reproductiva, desarrollan un fuerte comportamiento territorial y pueden atacar tanto a personas como a perros u otros animales. A ello se suma otro aspecto importante: como cualquier especie silvestre, pueden transmitir enfermedades zoonóticas.

Entre las curiosidades de la especie aparece incluso su nombre científico. Hydrochoerus hydrochaeris significa literalmente “cerdo de agua” en griego, una denominación que refleja la manera en que los primeros naturalistas europeos interpretaron el aspecto de este singular roedor semiacuático.

Para Bauer, el mensaje final es sencillo, pero fundamental: la mejor forma de proteger al carpincho no es llevarlo a casa, sino garantizar que continúe viviendo libre en su ambiente natural.

“Coexistir con la fauna silvestre significa poder apreciarla, observarla en su paisaje y disfrutar de ella sin necesidad de convertirla en mascota”, concluyó.

En tiempos en los que la biodiversidad gana espacio en la conversación pública, el carpincho demuestra que una especie puede ser famosa sin dejar de ser silvestre y que conservar los humedales donde habita es, en definitiva, proteger mucho más que al roedor más grande del planeta.

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