La idea surgió en 2023, cuando Pablo Jiménez, un biomédico interesado en la inteligencia artificial, detectó una dificultad frecuente en el sector tecnológico: muchas empresas necesitaban vender sus servicios a otras compañías industriales, pero no encontraban una forma efectiva de ubicarlas. Junto con Arnau Ayerbe, ingeniero especializado en IA, convirtió esa necesidad en un negocio.
El modelo de Throxy funciona mediante algoritmos que analizan información empresarial para localizar compañías que podrían convertirse en clientes. La plataforma busca perfiles específicos sin depender de redes profesionales como LinkedIn, donde una gran cantidad de negocios no mantiene actividad o directamente no tiene presencia.
La empresa logró generar ingresos por unos US$ 3,5 millones en aproximadamente tres años de actividad. Este crecimiento permitió que la compañía atrajera inversión, participara en programas internacionales para startups y ampliará su operación con equipos comerciales distribuidos entre Londres y Sudáfrica.
Aunque la inteligencia artificial representa el motor de búsqueda de nuevos contactos, Throxy mantiene una parte humana dentro del proceso comercial. La compañía descubrió que las llamadas directas todavía tienen un papel importante para cerrar acuerdos, especialmente cuando se trata de negocios industriales que no cuentan con una fuerte presencia digital.
Actualmente, la startup trabaja con clientes que van desde pequeñas empresas tecnológicas hasta grandes corporaciones. Según la compañía, su sistema permite generar entre 10 y 30 reuniones comerciales mensuales para cada cliente, acelerando procesos que tradicionalmente requieren grandes equipos de ventas.
Uno de los casos destacados fue el apoyo a un laboratorio británico de inteligencia artificial, que logró aumentar su facturación desde US$ 1 millón hasta cerca de US$ 30 millones en un periodo de dos años después de utilizar la herramienta para conseguir nuevas oportunidades comerciales.
Los fundadores de Throxy consideran que el futuro de las ventas entre empresas combinará la capacidad de análisis de la inteligencia artificial con la interacción humana. La tecnología permite detectar oportunidades ocultas, pero la negociación y la construcción de confianza todavía dependen de las personas.