¿Realmente necesitás comer sin gluten o sin lactosa? el debate detrás del boom healthy

(Por BR) La alimentación saludable dejó de ser solo un recordatorio o una recomendación médica; hoy se convirtió en una tendencia de consumo. Cada vez más personas prefieren consumir productos light, keto, sin gluten, sin lactosa, entre otros. El mercado del consumo saludable crece día a día. Las góndolas de los supermercados ya están ocupadas por etiquetas como “sin TACC” o “sin lactosa”, mientras que las redes sociales también impulsan la adopción de hábitos más saludables.

Claramente esto beneficia al ser humano, pero a la vez también existe un riesgo más si uno empieza a adoptar dietas o alimentos que quizás el cuerpo no necesita realmente y que incluso podrían generar efectos adversos. Para la nutricionista funcional Adriana Pernalta, uno de los principales problemas actuales es que muchas personas toman decisiones alimentarias guiadas por modas, influencers o tendencias generales, sin considerar las necesidades individuales de su organismo.

“Hoy en día hay muchos productos que se creen más sanos porque no tienen ciertos componentes. Por ejemplo, al decir light, uno piensa que es mejor porque tiene menos grasa; o si es keto, la gente cree que no va a subir de peso o que no le va a elevar el azúcar”, explicó.

La especialista señaló que ocurre algo similar con el auge de los productos enriquecidos con proteínas, como yogures proteicos o snacks “high protein”, así como también con los alimentos sin lactosa o sin gluten. Aunque estas opciones pueden ser útiles en determinados casos clínicos, no necesariamente son adecuadas para toda la población.

“Los productos sin lactosa, por ejemplo, muchas veces tienen una mayor carga de azúcares libres y pueden subir más rápido el azúcar en sangre. Entonces, no porque algo diga saludable significa que automáticamente sea bueno para todos”, advirtió.

Según Pernalta, “el gran error está en asumir que una dieta o alimento recomendado de forma masiva funcionará igual para todas las personas. Lo que sería bueno es investigar sobre uno mismo y entender qué necesita cada cuerpo, no qué necesita el cuerpo en general”.

En ese contexto, remarcó que las redes sociales y el marketing wellness tienen una fuerte influencia sobre las decisiones de consumo. Muchas veces, influencers o creadores de contenido comparten experiencias personales que terminan siendo interpretadas como recomendaciones universales. “Ellos pueden enseñar desde su experiencia, pero muchas veces no aclaran que no es para todos. Ahí es donde se generaliza la información”, afirmó.

Uno de los casos más frecuentes es el de las dietas sin gluten. La nutricionista explicó que el gluten es una proteína potencialmente alergénica y asociada a procesos inflamatorios, por lo que muchas personas eliminan este componente de su alimentación apenas escuchan información negativa sobre él.

Sin embargo, alertó que esta práctica puede dificultar diagnósticos médicos posteriores. “La persona deja el gluten, se siente mejor y se autodiagnostica sensibilidad al gluten. Pero después resulta que podía ser celíaca y, para confirmarlo, tiene que volver a consumir gluten durante semanas para realizarse los estudios correspondientes”, comentó.

Algo similar sucede con las dietas keto, caracterizadas por un alto consumo de grasas y una fuerte restricción de carbohidratos. Pernalta mencionó que no todos los organismos metabolizan las grasas de la misma manera y que algunas personas pueden experimentar malestares digestivos o metabólicos con este tipo de alimentación. “Cada organismo tiene necesidades diferentes. Una comida saludable no solo debe ser nutritiva, tiene que adecuarse a la realidad de cada persona ya sea sus hábitos, su economía, su digestión y hasta sus gustos”, indicó.

Otro fenómeno que ganó popularidad en los últimos años es el consumo de alimentos fermentados, como kéfir, kombucha, chucrut o kimchi, promocionados por sus beneficios sobre la microbiota intestinal. Si bien Peralta reconoció que estos productos pueden aportar bacterias beneficiosas, aclaró que no siempre son recomendables.

“Los fermentados funcionan bien cuando el intestino ya está sano. El problema es que hoy la mayoría de los intestinos no están equilibrados por el exceso de azúcares, carbohidratos refinados y la falta de fibras”, manifestó.

En esos casos, el consumo de fermentados podría empeorar síntomas digestivos. La especialista mencionó que muchas personas presentan desequilibrios intestinales, como sobrecrecimiento de hongos o bacterias, que pueden alimentarse justamente de este tipo de productos. “La cándida intestinal, por ejemplo, crece mucho con dietas altas en azúcar y también puede alimentarse de fermentados. Entonces, una persona consume kéfir porque le dijeron que era saludable, pero sin darse cuenta puede estar empeorando el problema”, señaló.

Además, indicó que los fermentados contienen histaminas, compuestos a los que algunas personas son sensibles y que pueden provocar inflamación, hinchazón, gases o síntomas similares a alergias. Frente a molestias digestivas frecuentes, Pernalta recomendó prestar atención a las señales del cuerpo antes de seguir tendencias alimentarias. Gases excesivos, inflamación abdominal o sensación de pesadez pueden ser indicadores de que el intestino necesita otro tipo de abordaje.

“Hay personas que comen papas, batatas o legumbres y ya generan muchísimos gases. Eso significa que el intestino está hiperfermentando y primero hay que averiguar qué está pasando antes de agregar más fermentados”, puntualizó.

Es así que, sugirió optar por alimentos de digestión más liviana y reducir temporalmente los más pesados o irritantes. Entre ellos, recomendó priorizar carnes blancas antes que rojas, evitar excesos de grasas animales y moderar lácteos o comidas muy procesadas. También destacó la importancia de las formas de cocción. “No es lo mismo un pollo grillado que uno hervido o más suave para el intestino. La forma en que cocinamos también influye muchísimo”, sostuvo.

En cuanto a vegetales, señaló que no todos producen gases y que, en momentos de incomodidad intestinal, conviene evitar alimentos altamente fermentables como brócoli, coliflor o repollo, priorizando opciones más suaves y fáciles de digerir. “Lo saludable no es igual para todos. La verdadera nutrición tiene que ser individualizada”, concluyó.

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