Las micro, pequeñas y medianas empresas representan actualmente el 98% de las unidades empresariales de Paraguay y generan más del 75% del empleo nacional. En términos concretos, unos 2,4 millones de personas trabajan en una mipyme, lo que convierte al sector en el principal generador de puestos de trabajo del país.
Pese a su peso en la economía, el ecosistema continúa enfrentando barreras estructurales relacionadas con la informalidad, el acceso restringido al crédito, la limitada capacidad de gestión empresarial y la fragmentación de los trámites públicos.
Para abordar estos desafíos, el Viceministerio de Mipymes trabaja en el citado plan. Según explicó el viceministro de Mipymes, Gustavo Giménez, la iniciativa pretende convertirse en el norte institucional para los próximos cinco años y ordenar las políticas públicas en torno a una visión común: construir empresas más formales, financiadas, competitivas y digitalizadas.
“Tenemos 500.000 mipymes hoy con Cédula Mipymes y alrededor de 700.000 en la informalidad que tenemos que traer. Son más de un millón de clientes”, señaló Giménez al dimensionar el alcance que deberán tener las nuevas políticas públicas.
Cuatro pilares y ocho ejes de acción
La hoja de ruta se estructura sobre cuatro pilares que agrupan ocho ejes de trabajo simultáneos. El primero se concentra en la formalización inteligente y el financiamiento, con el objetivo de simplificar procesos y evitar que los emprendedores deban presentar la misma documentación ante distintas instituciones.
La propuesta plantea una mayor interoperabilidad entre organismos como el Ministerio de Industria y Comercio, la Dirección Nacional de Ingresos Tributarios, el Instituto de Previsión Social y el Ministerio de Trabajo. La meta es que la Cédula Mipymes funcione como una puerta de entrada a un sistema de formalización más integrado.
Giménez explicó que contar con el Registro Único del Contribuyente constituye solamente el primer paso, ya que, posteriormente, las empresas deben realizar trámites laborales, previsionales, sanitarios y sectoriales. La intención del plan es reducir esa peregrinación institucional y facilitar que los empresarios conozcan claramente qué requisitos deben cumplir según su actividad.
En materia financiera, el plan contempla la puesta en funcionamiento del Fondo Nacional de Mipymes, con recursos proyectados por US$ 100 millones, además de instrumentos como el factoraje, las garantías mobiliarias, el crowdfunding, el capital semilla y los fondos de inversión ángel.
Capacitación para quienes dirigen las empresas
El segundo pilar aborda el desarrollo empresarial y la transformación digital. La estrategia parte de una pregunta central: además de capacitar a los trabajadores, ¿quién prepara a los propietarios para dirigir una empresa?
Para responder a esta necesidad, el plan busca fortalecer la Red Nacional de Centros de Desarrollo Empresarial, que actualmente cuenta con sedes en San Lorenzo, Encarnación y Ciudad del Este. Estos espacios ofrecen asistencia gratuita para mejorar la organización, la administración y la sostenibilidad de los negocios.
La meta es extender la red hasta alcanzar los 100.000 empresarios capacitados y complementarla con la plataforma Avanza Mipymes y el Chequeo Digital, herramientas destinadas a ofrecer capacitación, diagnósticos y servicios empresariales de manera masiva.
La transformación digital ocupará un lugar transversal dentro de esta estrategia. La tecnología ya no constituye una alternativa reservada para determinadas generaciones o empresas, sino una condición indispensable para competir, gestionar y acceder a nuevos mercados.
El Estado y los mercados internacionales
El tercer pilar está relacionado con el mercado interno y la internacionalización. En el ámbito local, uno de los objetivos será hacer efectiva la reserva del 20% de las compras públicas para las mipymes.
Aunque la normativa establece esa participación, muchas empresas todavía no logran vender al Estado por falta de información, capacidad operativa, formalización o herramientas que faciliten su incorporación al sistema de contrataciones públicas.
“El Estado es el mayor comprador de la República”, recordó Giménez, quien sostuvo que aprovechar esa reserva de mercado podría abrir una importante oportunidad comercial para el sector.
Paralelamente, la hoja de ruta busca que más empresas puedan exportar mediante la plataforma Exporta Fácil. La meta planteada es triplicar la cantidad de mipymes exportadoras y demostrar que el acceso a los mercados internacionales ya no está limitado únicamente a las grandes compañías.
El viceministro mencionó casos de pequeños negocios paraguayos que actualmente comercializan filigranas en Portugal, carteras de cuero en Francia, confecciones en Estados Unidos y guitarras en Indonesia.
También destacó el protagonismo femenino dentro del ecosistema. El 47% de las mipymes están lideradas por mujeres, mientras que, en el ámbito emprendedor, la participación femenina supera el 80%.
Una estrategia que debe llegar a todo el país
El cuarto pilar contempla la territorialidad y el fortalecimiento de la cultura emprendedora. La intención es ampliar los servicios destinados a las mipymes en los 17 departamentos, impulsar clústeres productivos e incorporar contenidos de educación emprendedora en colegios y universidades.
La transformación del ecosistema, sostuvo, deberá construirse desde los territorios, atendiendo las características productivas y las oportunidades de cada región.
Para ello, el plan prevé articular el Sistema Nacional de Mipymes, una mesa de trabajo que reunirá a instituciones públicas, gremios, cooperativas, empresarios, emprendedores, universidades y organizaciones vinculadas al sector.
Seis sectores con potencial de crecimiento
Además de los cuatro pilares, el plan identifica seis sectores estratégicos en los que Paraguay tendría condiciones favorables para incrementar su productividad y aportar al objetivo gubernamental de duplicar el producto interno bruto durante la próxima década.
Los sectores priorizados son la manufactura avanzada; la agroindustria y la bioeconomía; la economía verde y circular; la economía digital; la industria forestal sostenible; y la denominada economía plateada, vinculada con los servicios de salud, el turismo adaptado y los cuidados dirigidos a una población de mayor edad.
En manufactura avanzada, las oportunidades incluyen la metalmecánica, las autopartes y los textiles técnicos. En agroindustria, el desafío será transformar una mayor proporción de la producción primaria en alimentos procesados y productos con valor agregado.
La economía digital también aparece como uno de los principales motores. Giménez recordó que el comercio electrónico paraguayo pasó de mover alrededor de US$ 900 millones a superar los US$ 2.300 millones, con una participación creciente de comercios nacionales.
Trece reformas para ampliar el financiamiento
Una de las áreas más ambiciosas del plan será la ejecución de 13 reformas destinadas a mejorar las condiciones de acceso al crédito y crear alternativas para empresas que hoy no califican dentro de los mecanismos tradicionales.
Entre ellas se encuentran la reglamentación del crowdfunding, la adecuación de la Ley de Factoraje, la creación de sociedades de garantías recíprocas, la implementación de fideicomisos y la aprobación de una Ley de Garantías Mobiliarias.
Esta última permitiría que las empresas utilicen como respaldo financiero activos como inventarios, maquinarias, cuentas por cobrar o producción futura. De esta manera, una mipyme que no posea un inmueble podría igualmente ofrecer garantías para solicitar un préstamo.
El factoraje, por su parte, permitiría adelantar el cobro de facturas emitidas a grandes empresas o al Estado. El plan contempla que una mipyme pueda ceder una factura con vencimiento a 30, 60 o 90 días y recibir los recursos en un plazo mucho menor, lo que evitaría problemas de liquidez.