Paraguay mira al átomo: ¿qué realmente implica y cuánto costaría operar con energía nuclear?

(Por SR) La energía nuclear volvió al debate paraguayo ante el crecimiento de la demanda eléctrica. Se estudian hasta 900 MW mediante tres reactores modulares pequeños (SMR), cooperación internacional y una hoja de ruta de 19 hitos, pero todavía no existe una decisión de construir una central. Antes de eso, hay factores humanos, climáticos, institucionales y ambientales que deben considerarse.

Paraguay volvió a mirar hacia el átomo, no porque exista una central diseñada, financiada o en construcción, sino porque el crecimiento de la demanda eléctrica obliga a pensar qué fuentes podrán sostener el desarrollo del país durante las próximas décadas.

La discusión tiene antecedentes que se remontan incluso a antes de Itaipú, pero adquirió una nueva dimensión en los últimos años con estudios de factibilidad, cooperación con organismos internacionales y con Estados Unidos, y el análisis de pequeños reactores modulares (SMR, por sus siglas en inglés) y microreactores.

¿Qué se estudia instalar?

Entre las alternativas estudiadas aparece un escenario de tres SMR de 300 MW cada uno, con una capacidad conjunta de 900 MW, una potencia equivalente a la necesaria para abastecer de electricidad a una ciudad de más de un millón y medio de habitantes. Sin embargo, esa cifra corresponde a un estudio de factibilidad y no representa una decisión de construir una central nuclear.

El propio Gobierno reconoce que el país se encuentra todavía en una etapa incipiente. Antes de colocar un reactor en territorio nacional deben resolverse cuestiones regulatorias, financieras, técnicas, ambientales y de seguridad, además de formar capital humano y definir cómo se gestionarán los residuos, tales como combustible nuclear gastado y residuos radiactivos de baja y media actividad, al igual que las centrales convencionales. 

La pregunta, por tanto, no es solamente si Paraguay puede tener energía nuclear. Es qué hay detrás de esa posibilidad y cuánto tendría que cambiar el país para estar en condiciones de hacerlo.

Una idea que viene de lejos

La energía nuclear no es una conversación completamente nueva en Paraguay. Victorio Oxilia, especialista en políticas energéticas, recordó que el tema ya aparecía durante la década de 1960, antes de la construcción de Itaipú. En aquel momento, el país dependía de centrales térmicas alimentadas primero con leña y, posteriormente, con derivados del petróleo, mientras todavía no se conocía el potencial hidroeléctrico de sus grandes ríos.

Posteriormente, durante la década de 1990, Oxilia tuvo contacto con documentación de la entonces Comisión Nacional de Energía Atómica que hacía referencia a un posible reactor en la zona de Cerrito, en la Región Occidental. El especialista aclara que se trataba de un antecedente preliminar y que no existe certeza sobre la fecha exacta del documento.

El escenario actual es diferente. Paraguay cuenta con una enorme capacidad hidroeléctrica, pero enfrenta un crecimiento sostenido de la demanda y la necesidad de diversificar su matriz.

La demanda cambia el escenario

Antonio Vayá Soler, asesor de la Agencia de Energía Nuclear de la OCDE, plantea que la discusión debe mirar el sistema eléctrico que tendrá Paraguay dentro de 10 o 15 años y no solamente el actual.

Entre 2022 y 2025, la demanda eléctrica aumentó casi 50%, mientras que los escenarios de ANDE contemplan crecimientos superiores al 5% anual durante las próximas décadas. Dependiendo del escenario, la demanda total podría ubicarse entre 10 y 15 GW hacia 2040, frente a unos 5 GW actuales.

Para Vayá, el debate debe considerar tres factores: la concentración de la generación en Itaipú y el río Paraná, la incertidumbre sobre nuevas grandes hidroeléctricas y la velocidad del crecimiento de la demanda.

En el corto plazo, considera que la generación solar puede incorporarse de manera rápida, pero advierte que necesita respaldo mediante baterías, refuerzos de red, interconexiones u otras fuentes firmes.

Una matriz futura, desde esta perspectiva, podría combinar hidráulica, solar, almacenamiento y una fuente de generación continua, como el gas o la nuclear.

Desde el Gobierno, Mauricio Bejarano, viceministro de Minas y Energía del MOPC, ubica la energía nuclear en un horizonte de mediano y largo plazo. Para cubrir las necesidades más inmediatas se analizan alternativas como la solar fotovoltaica, el aprovechamiento de ríos internos, la biomasa, el biogás y, eventualmente, el gas natural.

La Autoridad Reguladora Radiológica y Nuclear (ARRN) de Paraguay menciona, por su parte, escenarios en los que Paraguay podría utilizar prácticamente toda la energía disponible de Itaipú y Yacyretá hacia 2030 y necesitar alrededor de 500 MW adicionales por año desde aproximadamente 2033.

Son ejercicios de planificación diferentes y no una única proyección oficial, pero todos apuntan a una misma cuestión: el sistema deberá incorporar nueva generación.

Los 900 MW bajo estudio

Jorge Andrés Molinas Insfrán, secretario ejecutivo y ministro de la ARRN, explicó que los estudios de factibilidad desarrollados conjuntamente con ANDE contemplan tres reactores SMR de 300 MW, con una capacidad total de 900 MW.

La incorporación de los tres SMR sumaría 900 MW, una capacidad equivalente a cerca del 10% de la actual capacidad de generación eléctrica disponible para Paraguay. 

También se analiza un modelo diferente: empresas privadas podrían instalar microreactores para generar electricidad destinada a su propio consumo y, eventualmente, comercializar excedentes a ANDE o a terceros.

En ese escenario aparecen microreactores de hasta 30 MW y SMR que pueden llegar a 300 MW.

Esto modificaría el esquema financiero, porque parte de la inversión podría ser asumida directamente por usuarios industriales con grandes necesidades energéticas.

Pero hay una precisión fundamental: Paraguay todavía no decidió construir una central nuclear.

Lo que existe actualmente es una evaluación de alternativas y una hoja de ruta para determinar si el país puede y debe llegar a esa instancia.

19 hitos antes del reactor

El camino internacional está marcado por el Milestones Approach del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que contempla tres fases y 19 cuestiones de infraestructura.

La primera etapa busca generar las condiciones para tomar una decisión informada. La segunda prepara al país para contratar y construir. La tercera comprende la implementación de la primera central hasta su puesta en operación.

Paraguay se encuentra todavía en una etapa preliminar. Antes de avanzar, debe resolver aspectos como tecnología, emplazamiento, integración a la red, costos, financiamiento, regulación, recursos humanos, combustible, residuos, responsabilidad civil, seguridad y preparación ante emergencias.

El proceso tampoco es inmediato. Vayá estima que, desde la primera consideración hasta la entrada en operación de una primera central, suelen transcurrir entre 10 y 15 años. Bejarano menciona unos 15 años como promedio internacional.

La ARRN estima que la instalación física podría demandar aproximadamente cinco años para un microreactor y siete años para determinados SMR de 300 MW. Pero esos plazos parten de una condición esencial: que el país ya tenga preparado el andamiaje institucional, regulatorio y humano.

El Estado todavía debe construir capacidades

Uno de los primeros desafíos no está dentro del reactor, sino en la estructura estatal.

El OIEA recomienda crear una organización denominada NEPIO (Nuclear Energy Programme Implementing Organization), encargada de coordinar las distintas instituciones involucradas en un eventual programa nuclear.

Bejarano reconoce que Paraguay todavía no cuenta formalmente con esta estructura dotada de personal.

La intención es que el futuro Ministerio de Energía tenga un papel central en la coordinación, junto con ANDE y las instituciones vinculadas con la seguridad, el ambiente y la educación.

Al mismo tiempo, debe mantenerse la independencia del regulador. En Paraguay, esa función corresponde a la ARRN, creada mediante la Ley 5169 en 2014.

El desafío es que el país todavía no posee experiencia supervisando una central eléctrica nuclear.

Eduardo Viedma, presidente de la Asociación Paraguaya de Energías Renovables (APER), resume el problema desde el punto de vista del capital humano: “No hay mucha experiencia, de hecho no hay nada de experiencia” en generación nuclear.

Por eso, plantea comenzar la formación de profesionales con anticipación. La ARRN calcula que formar especialistas puede requerir aproximadamente tres años para determinadas tecnologías de microreactores y cinco años para especialistas en SMR.

La preparación también contempla la cooperación con instituciones académicas y organismos de otros países. Se busca fortalecer el vínculo con la Universidad Texas A&M mediante la FIUNA y aprovechar la experiencia de la Comisión Nacional de Energía Atómica de Argentina. Bejarano menciona incluso la posibilidad de enviar jóvenes paraguayos a Estados Unidos para capacitarse y adquirir experiencia práctica.

¿Cuánto costaría?

El costo es uno de los puntos donde las estimaciones presentan mayores diferencias.

Oxilia considera que la principal dificultad para Paraguay sería económica. Desde su perspectiva, el costo de generación nuclear podría ubicarse entre US$ 150 y US$ 200 por MWh, frente a una referencia de alrededor de US$ 38 por MWh para energía firme de Itaipú. 

Vayá advierte, sin embargo, que no resulta suficiente comparar únicamente el costo nivelado de electricidad. Deben considerarse la construcción, el financiamiento, las contingencias, el costo de capital, la integración al sistema y el valor de disponer de capacidad firme.

La ARRN tampoco establece todavía un costo definitivo. Molinas explica que dependerá de la tecnología, la cantidad de unidades, el proveedor y el nivel de participación local.

Como referencias, menciona desde decenas hasta cientos de millones de dólares para microreactores, dependiendo de su potencia, y alrededor de US$ 1.000 millones para determinados proyectos SMR, sujeto a las condiciones específicas de cada proyecto.

También existen estimaciones empresariales de aproximadamente US$ 70/MWh para determinadas tecnologías de microreactores, pero se trata de referencias comerciales de proveedores y no de un costo comprobado para una eventual central paraguaya.

La escala de inversión es otro factor relevante. Vayá estima que una central convencional de aproximadamente 1 GW podría requerir unos US$ 10.000 millones. En cambio, los SMR podrían reducir la magnitud de la inversión inicial, aunque todavía deben demostrar suficiente madurez comercial y competitividad económica.

Las estimaciones internacionales sitúan actualmente la construcción de un SMR de 300 MW en el orden de US$ 1.800 millones a más de US$ 3.200 millones para las primeras generaciones de proyectos. Los fabricantes esperan reducir significativamente esos valores mediante la producción modular en serie, según la OIEA y la World Nuclear Association.

¿SMR, microreactores o una central convencional?

La discusión tecnológica no está cerrada. Un reactor convencional de alrededor de 1 GW ofrece una tecnología más madura y economías de escala, pero representa una inversión muy elevada para el tamaño del sistema paraguayo.

Los SMR permiten distribuir la capacidad en módulos más pequeños. La alternativa podría ser particularmente relevante para Paraguay si estas tecnologías alcanzan suficiente madurez hacia 2040. Según el Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA), parte de las Naciones Unidas, los reactores modulares pequeños (SMR) son reactores nucleares avanzados con una capacidad de potencia de hasta 300 MW por unidad, lo que representa cerca de un tercio de la capacidad de generación de los reactores nucleares de potencia tradicionales, es decir, 900 MW.

Además, en comparación a un reactor tradicional, los SMR pueden fabricarse y luego enviarse e instalarse. Este tipo de centrales emplean combustible a base de uranio específicamente el uranio-235, el cual podría comprarse en el mercado internacional ya procesado y fabricado para el modelo específico de reactor. 

Otra posibilidad son los microreactores destinados a consumidores específicos. Esta opción podría interesar especialmente a industrias de consumo intensivo y centros de datos, que necesitan suministro continuo. Según la publicación Microreactores: Avances en el desarrollo tecnológico (Perspectiva 2026) de la IAEA, los microreactores son una subcategoría de los reactores modulares pequeños (SMR), pero están pensados para producir menos potencia y operar en lugares remotos, aislados o con infraestructura limitada. Su capacidad de producción es menor a 30 MW térmicos, equivalentes aproximadamente a 10 MW, 

Aparte de su menor tamaño, se diferencian por estar concebidos para ser más transportables, requerir poca construcción en el sitio, funcionar durante largos periodos con mínima intervención y, en algunos casos, operar de manera autónoma o semiautónoma. 

La tecnología todavía se encuentra mayormente en etapas de demostración o precomerciales. Estados Unidos concentra la mayor cantidad de proyectos y, en 2026, varios diseños estadounidenses alcanzaron criticidad inicial a potencia cero, es decir, consiguieron mantener por primera vez una reacción nuclear en cadena controlada, aunque todavía a niveles de potencia muy bajos y sin generar electricidad comercial. 

Oxilia considera que la generación nuclear podría resultar atractiva para este tipo de cargas precisamente por su capacidad de operar de manera permanente. Bejarano, sin embargo, señala que todavía no está definido quién consumiría una eventual generación nuclear: primero deben completarse los estudios y los hitos regulatorios.

Residuos y seguridad: lo que todavía no existe

Una central nuclear también obliga a resolver qué sucede después de generar electricidad.

Paraguay no tiene infraestructura para gestionar combustible gastado de una central porque nunca contó con generación nuclear.

Molinas estima que tres SMR de 300 MW podrían producir alrededor de 1 tonelada de combustible gastado por año.

El esquema analizado contempla un almacenamiento inicial en piscinas dentro del predio de la central durante aproximadamente ocho años y, posteriormente, almacenamiento en seco mediante contenedores metálicos, ya sea en el país o mediante reexportación al país de origen, dependiendo de los acuerdos.

Paraguay sí cuenta con experiencia en la gestión de otros materiales radiactivos. Según la ARRN, acumula aproximadamente seis décadas de experiencia con materiales utilizados en medicina e industria. En abril de 2026 se concretó, además, la reexportación de fuentes en desuso de radio-226 y cesio-137 bajo vigilancia internacional.

Pero gestionar fuentes médicas o industriales es diferente de gestionar combustible gastado de una central.

Lo mismo ocurre con la seguridad. Paraguay cuenta con la ARRN y mantiene cooperación con organismos internacionales y con la Nuclear Regulatory Commission de Estados Unidos, pero actualmente no dispone de capacidades específicas para responder a un accidente en una central nuclear, porque no existe ninguna.

Si el país avanzara hacia la generación nuclear, esas capacidades deberían desarrollarse antes de la puesta en operación, incluyendo planes de emergencia y coordinación entre organismos de seguridad, salud, bomberos y otras instituciones.

Argentina, Europa y las lecciones externas

La experiencia internacional forma parte de la discusión paraguaya. En América Latina, Argentina, Brasil y México cuentan con reactores de potencia conectados a sus redes. Argentina resulta especialmente relevante por el desarrollo del CAREM, un reactor modular de pequeña potencia que atravesó interrupciones, revisiones y, finalmente, una paralización de sus obras físicas en 2026.

El caso muestra que desarrollar o incorporar una tecnología nuclear requiere continuidad institucional, financiamiento y capacidad técnica durante períodos prolongados.

Europa también está retomando la discusión nuclear. Al cierre de 2025, la Unión Europea tenía 98 reactores en operación, con 96,2 GW de capacidad. En marzo de 2026, la Comisión Europea adoptó una estrategia para acelerar el desarrollo de SMR y apuntar a los primeros proyectos europeos durante la década de 2030.

Estonia, Rumania, Polonia, República Checa, Suecia, Finlandia y Países Bajos estudian distintas alternativas.

Vayá destaca particularmente a Polonia y Estonia. Polonia está más avanzada en su programa nuclear, mientras que Estonia analiza SMR en un sistema eléctrico de menor tamaño.

La experiencia europea también muestra que la energía nuclear tiene desafíos asociados al contexto climático. Durante episodios de calor extremo y bajos niveles de agua registrados en 2026, algunas centrales tuvieron que reducir su producción debido a restricciones vinculadas a la refrigeración.

Es decir, incluso una fuente de generación firme debe analizarse considerando las condiciones geográficas y climáticas del lugar donde será instalada.

El verdadero plan nuclear está antes del reactor

Al final, la discusión paraguaya no se reduce a escoger entre una central convencional, tres SMR o varios microreactores.

Antes de cualquiera de esas decisiones, Paraguay debe definir quién conducirá el programa, fortalecer al regulador, formar profesionales, desarrollar legislación específica, estudiar emplazamientos, establecer mecanismos de financiamiento, definir qué ocurrirá con el combustible gastado, preparar planes de emergencia y determinar quién será propietario y operador de una eventual central.

También debe decidir cuánto está dispuesto a pagar por energía firme y cuánto valor asigna a diversificar una matriz altamente concentrada en la hidroelectricidad.

Y existe un factor político-institucional de fondo: un programa nuclear tendría que trascender varios gobiernos.

Vayá señala que, entre la primera consideración y la primera central, suelen transcurrir entre 10 y 15 años, por lo que se necesita una decisión de Estado de largo plazo.

Por ahora, entonces, Paraguay no está construyendo una central nuclear. Está construyendo —todavía de manera incipiente— las condiciones que le permitirían decidir si quiere hacerlo.

Los 900 MW bajo estudio, la cooperación con Estados Unidos, la capacitación de profesionales, los estudios con ANDE y la hoja de ruta de 19 hitos forman parte de esa etapa previa.

El verdadero plan nuclear paraguayo, por ahora, no está en una obra ni en un reactor. Está en decidir si el país necesita el átomo, cuánto está dispuesto a invertir para tenerlo y qué estructura deberá construir antes de encenderlo.

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