El conversatorio Paraguay en perspectiva: economía, inversión y desarrollo reunió a referentes del ámbito económico y empresarial en un momento particularmente sensible, marcado por cambios en la conducción del Ministerio de Economía y discusiones sobre el manejo del gasto público.
En diálogo con InfoNegocios, el presidente de la Capaco, José Luis Heisecke, explicó que el objetivo del encuentro fue generar propuestas concretas ante un escenario complejo. “Queremos ser proactivos, no solamente criticar, sino tratar de buscar una solución ante la situación creada en el país”, afirmó.
Uno de los principales puntos de preocupación es la desconexión entre la imagen macroeconómica de Paraguay —que logró grado de inversión— y la realidad interna del sector. “Hacia adentro, las deudas con proveedores van creciendo. Es una problemática real”, advirtió el titular del gremio.
Durante el conversatorio, los economistas coincidieron en que la calidad del gasto público es determinante para sostener la inversión en infraestructura. En particular, se puso el foco en la falta de focalización de los programas sociales, donde se estarían destinando más de US$ 1.000 millones al año sin mecanismos eficientes de control.
Esta situación, señalaron, reduce la capacidad del Estado para destinar recursos a obras estratégicas, generando un efecto directo sobre el dinamismo económico. Sin ajustes en este frente, el margen fiscal para impulsar infraestructura seguirá siendo limitado.
El debate también incluyó visiones contrapuestas sobre el rol del déficit. Mientras algunos especialistas plantearon la necesidad de mayor disciplina fiscal, otros defendieron la expansión del gasto como motor de crecimiento, especialmente cuando se destina a infraestructura.
Aun así, hubo un consenso claro: el cumplimiento de las obligaciones financieras del Estado es clave para sostener la confianza y garantizar previsibilidad, un factor central para la inversión.
Más allá del análisis técnico, el impacto ya se siente en el terreno. Heisecke describió un arranque de año marcado por la desaceleración del sector. “Las obras están muy lentas, muy despacio. Hay mucha gente que salió del sector”, señaló.
Si bien formalmente pocas obras están detenidas, el dirigente explicó que la mayoría opera a un ritmo inferior al previsto. “Es como ir a 60 km/h y luego pasar a 40 km/h”, graficó.
Este escenario tiene un efecto directo sobre el empleo. El sector de la construcción es uno de los principales generadores de mano de obra, incluyendo trabajadores sin formación formal y perfiles técnicos especializados. Cuando la inversión se ralentiza, el impacto social es inmediato.
“Cuando dejás de invertir, no solo faltan rutas u hospitales, también hay gente que se queda sin trabajo”, subrayó.
Presupuesto corto y expectativas por el nuevo equipo económico
A la desaceleración se suma un problema estructural: la brecha entre las obras previstas y los recursos disponibles. Según el gremialista, existen proyectos por cerca de US$ 1.000 millones, mientras que el presupuesto ronda los US$ 550 millones.
“El presupuesto es muy corto respecto a la realidad de las obras”, explicó Heisecke, anticipando posibles ajustes, ampliaciones presupuestarias o incluso demoras en la ejecución.
En este contexto, el cambio en el Ministerio de Economía y Finanzas generó expectativas moderadas en el sector. Desde Capaco valoraron las primeras señales, como el compromiso de avanzar en un plan de pagos para reducir la deuda acumulada.
“Nos pidió confianza y vimos que empezó a cumplir”, señaló el presidente del gremio, aunque aclaró que el escenario sigue siendo desafiante.
El mensaje final del sector es claro: sin previsibilidad, cumplimiento de compromisos y una mejor asignación del gasto, la inversión en infraestructura —clave para el crecimiento— seguirá condicionada. Y, con ella, también el empleo y la actividad económica.