El precio sí importa cuando hablamos de vino

(Por Florencia Parodi, comunicadora especializada en vinos) “El elefante en el cuarto” es una frase que usamos cuando queremos ignorar una situación y hacer como que no se encuentra allí, en el medio de todo, a pesar de su gran importancia. Eso es lo que siento que pasa a veces con el precio del vino.

Cuando alguien trae un vino a un encuentro, especialmente si es una etiqueta que no conocemos, tomamos la botella, leemos la contraetiqueta, tal vez arrugamos un poco la frente para hacerlo, y si somos bebedores, nos servimos una copa.

Con copa en mano, muchas veces buscamos una puntuación, una reseña o alguna referencia que nos ayude a entender qué tenemos delante. Algún indicio de que estamos ante un vino "mejor o peor". Lo que me llama la atención es que nadie pregunta por el precio directamente, al menos no de inicio. Tal vez sea porque preguntar por el precio es casi como admitir que influye en la forma en que valoramos el vino.

Y hoy quiero decirles que el precio sí importa.

El precio importa porque, más allá de todo el marketing que hay detrás, también hay una estructura de costos que cubrir. Es innegable que un vino tope de gama de una bodega no puede costar lo mismo que el de entrada, porque simplemente no es el mismo producto.

Y la razón es bastante simple ya que detrás de cada botella hay decisiones productivas que tienen un impacto económico. El vino es origen, sí, pero esa tierra tiene un costo y hay lugares más costosos que otros. También hay distintas maneras de trabajar el viñedo y elaborar el vino. Hay una infraestructura importante, con tanques, laboratorios, barricas y espacios. Y por supuesto, hay un equipo a cargo de todo.

Un vino de entrada de gama elaborado de manera industrial, más rápido, de forma más uniforme, puede ser muy rico, pero no puede tener el mismo costo que un vino elaborado con las mejores uvas de la bodega, con tiempos más largos de maceración, fermentación, crianza, con personas que están a cargo de cuidar ese proceso.

Claro que el precio también es una decisión de posicionamiento, pero es difícil que solo responda a eso, sin tener en cuenta los costos.

Y no está mal que nos gusten los vinos económicos, hay vinos riquísimos en esa gama, como tampoco está mal que nos gusten los más costosos. No nos hace ni mejores ni peores bebedores. Incluso, creo que encontrar joyas de gran RPC (relación precio-calidad) en el mundo del vino es doblemente satisfactorio.

Pero es normal que el precio brinde seguridad a la hora de comprar, aunque eso no signifique que en la copa te vaya a gustar más, ahí es donde entra a jugar el gusto personal. Ahora, no digo que sea una medida perfecta de calidad ni mucho menos determinante, pero sí suele ser una señal útil cuando no sabemos mucho sobre la botella que tenemos enfrente.

Así que no tengas miedo de mirar y preguntar por el elefante en la mesa o en la góndola. El precio también está ahí para darnos una indicación más sobre el vino y sobre la complejidad de su elaboración, especialmente cuando no conocemos demasiado sobre el prestigio de ciertas regiones, marcas, bodegas o estilos.

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