En el marco del Día Mundial del Internet Seguro, especialistas del sector advierten que muchas empresas privadas todavía subestiman la magnitud de las amenazas digitales. Diego García, vicepresidente de la Cámara Paraguaya de Fintech, sostuvo en entrevista con InfoNegocios que uno de los principales desafíos es el atraso en la adopción de tecnologías en la nube, pese a que estas ya son un estándar a nivel global. “Hoy existen proveedores que invierten cientos de millones de dólares al año exclusivamente en seguridad y bloquean miles de ataques por hora”, explicó.
Según García, plataformas como Amazon, Google o Microsoft concentran una experiencia difícil de igualar por infraestructuras locales. La diferencia no está solo en la tecnología, sino en la capacidad de respuesta frente a ataques constantes. “La seguridad viene incluida en el costo mensual; por eso, estos servicios son más caros, pero también mucho más confiables”, señaló. Aun así, muchas empresas siguen optando por servidores físicos propios por una cuestión de costos aparentes.
El problema es que ese ahorro inicial suele transformarse en un gasto mayor a mediano plazo. Mantener infraestructura local implica inversiones en climatización, energía, redundancia, personal técnico y sistemas de respaldo. En Paraguay, además, el clima juega en contra: las altas temperaturas elevan los costos de refrigeración y mantenimiento. “Una empresa mediana puede invertir entre US$ 50.000 y US$ 100.000 en hardware que, en tres años, queda obsoleto”, advirtió García.
A esta realidad se suma un factor cultural. Más que resistencia, existe desconocimiento sobre los beneficios reales de la nube y los riesgos de seguir operando con tecnología dependiente del hardware. Muchas organizaciones aún utilizan software instalado localmente, lo que incrementa la vulnerabilidad frente a ataques, errores humanos y fallas físicas.
Desde el lado de la gestión del riesgo, Miguel Ángel Gaspar, especialista en ciberseguridad y presidente de Paraguay Ciberseguro, remarcó en conversación con nuestro medio que las empresas paraguayas suelen actuar de forma reactiva. “Creen que no les va a pasar y toman medidas recién cuando ya sufrieron un incidente”, afirmó. Uno de los errores más frecuentes es permitir que los funcionarios usen dispositivos personales para administrar información corporativa.
Esta práctica expone a las empresas a pérdidas silenciosas pero significativas. Contratos, contactos, decisiones estratégicas y datos confidenciales quedan alojados en teléfonos o notebooks particulares, sin políticas claras ni respaldo legal. “Cuando esa persona se va, se lleva consigo un caudal de activos digitales que la empresa no puede dimensionar”, explicó Gaspar.
Otro punto crítico es la ausencia de planes de continuidad del negocio. Muchas empresas confunden seguridad con backup, cuando en realidad se trata de un esquema mucho más amplio. “El backup es solo una parte. Hay que definir cómo seguir operando ante un ataque, una caída de sistemas o un incidente grave”, sostuvo. A esto se suma el uso extendido de software ilegal, activadores y programas sin licencia, que suelen introducir malware y comprometer toda la red.
En este contexto, la inteligencia artificial suma una nueva capa de complejidad. Si bien mejora la productividad, también potencia riesgos como la suplantación de identidad, la manipulación de contenidos y los fraudes digitales. Por eso, desde el Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicación (Mitic) se insiste en reforzar la conciencia digital, verificar fuentes y desconfiar de contenidos hiperrealistas generados por IA.
El mensaje de fondo es contundente: la seguridad digital ya no es un gasto opcional. En una economía cada vez más basada en datos, proteger los activos intangibles es tan importante como cuidar los financieros o los físicos. Postergar esa inversión no elimina el riesgo; solo lo encarece.