“Me gusta que la gente venga, que lo vea, que lo toque”, dijo. Aunque hoy trabaja desde su casa y no desde un local, insiste en que las personas conozcan el proceso y la pieza en persona. Para ella, una foto puede decir mucho, pero no todo. Ver la flor, tocarla y entender su delicadeza forma parte de la experiencia.
El emprendimiento comenzó a mediados de julio y agosto del 2025, impulsado por una prima que vive en Miami y que ya trabajaba con este tipo de técnica. “Ella siempre fue muy hábil con las manualidades, y yo desde acá, una espectadora tremenda, apoyándola siempre. Y me dice, ¿por qué no empiezas a hacer? Porque en Paraguay has visto, le digo, en Paraguay yo no he visto este tipo de trabajo. No sé si alguien lo hará, pero no había visto. Entonces inicié y ella me iba mostrando por videollamadas cómo se hacía el trabajo”, relató.
La técnica es tan delicada como fascinante. Hanice compra las orquídeas, las disfruta primero en la planta y, antes de que se marchiten, las corta cuidadosamente. Luego las coloca en sal de sílice, un material especial que permite deshidratar la flor sin destruirla. “El tiempo varía según la especie, algunas tardan tres días, otras diez. La flor te va diciendo”, explicó. El resultado es una estructura frágil, casi como papel, que puede conservar su color, volverse translúcida o quedar marcada solo por sus nervaduras. “Ellas deciden cómo quieren quedarse”, dijo Hanice.
El encapsulado es otra etapa, a diferencia de otros trabajos donde las flores se recortan o se reconstruyen, Hanice no corta nada. Trabaja la flor tal como queda, respetando la forma que adopta al contacto con la resina y la luz UV. Cada capa se aplica con extremo cuidado, hasta lograr una pieza firme, resistente y duradera. “Si la cuidas, dura toda la vida”, aseguró.
Hoy trabaja principalmente con orquídeas phalaenopsis (las más emblemáticas), además de mini phalaenopsis y Cattleyas, que utiliza para aros de mayor tamaño. “Cada planta es impredecible, de una vara con varias flores, quizás solo algunas sobreviven al proceso. Por eso, ninguna pieza es idéntica a otra. Es la energía de la flor la que decide cómo queda”, afirmó.
Además de aros, Hanice está desarrollando collares, cadenas, anillos y brazaletes. Los costos de producción van variando ya que la sal sílica, la resina UV y los materiales importados implican una inversión constante. Aun así, prioriza la calidad y el cuidado del cliente, ofreciendo garantía y probando personalmente cada accesorio. Los conjuntos de aros y collar rondan entre G. 250.000, por separado las piezas entre G. 230.000, G. 270.000 o G. 290.000.