Lamas defendió el impacto de la minería de Bitcoin sobre el empleo y el desarrollo tecnológico fuera de los grandes centros urbanos. Señaló que HIVE opera oficialmente con el 100% de su capacidad desde finales de 2025 y que sus centros de datos en Valenzuela e Iguazú generaron puestos de trabajo en zonas donde anteriormente no existía infraestructura de este tipo. “Hoy día tenemos 250 personas trabajando con nosotros, eso equivale a más de 750 salarios que pagamos mensualmente”, afirmó.
El ejecutivo destacó que buena parte de los trabajadores vinculados a estos centros realiza tareas de operación, mantenimiento y supervisión, con acceso a tecnología especializada sin necesidad de trasladarse a Asunción. Para Lamas, este modelo permite llevar empleos de alta capacitación a comunidades del interior y vincularlas directamente con servicios tecnológicos que se consumen a escala internacional. “Son chicos que se quedan en sus casas trabajando en un lugar en donde tienen la posibilidad de tener acceso a una industria que maneja tecnología de punta”, sostuvo.
La discusión también giró hacia la forma en que la minería de Bitcoin puede convivir con otras actividades que demandan electricidad. Lamas puso como referencia a Texas, donde, según explicó, los operadores de minería comenzaron a aprovechar excedentes energéticos antes del actual auge de los centros de datos para inteligencia artificial. La actividad contribuyó, a su criterio, a impulsar inversiones en redes, conexiones e infraestructura que posteriormente facilitaron la llegada de nuevos proyectos tecnológicos.
En el caso paraguayo, el presidente de HIVE planteó que la minería puede utilizar energía disponible en momentos de menor demanda sin desplazar necesariamente a hogares, comercios o industrias. “Nosotros nos apagamos cuando el país se enciende y nos encendemos cuando el país se apaga”, expresó. También remarcó que los contratos con la ANDE contemplan la posibilidad de interrumpir el suministro de estos operadores cuando el sistema requiera atender la demanda nacional, una condición que, afirmó, la industria acepta como parte de su funcionamiento.
Kim, por su parte, confirmó que el interés internacional ya abarca proyectos de distintas dimensiones y que la inteligencia artificial comenzó a modificar el perfil de las solicitudes que recibe el país. Desde Rediex, explicó, actualmente analizan propuestas que van desde iniciativas de entre 1 y 10 megavatios hasta grandes proyectos que requieren uno o dos gigavatios de potencia. “Tenemos pedidos de proyectos pequeños, medianos, grandes de todo lado del mundo”, señaló.
El especialista sostuvo que ninguna de esas propuestas se encuentra cerrada y que el Gobierno evalúa cada solicitud antes de definir qué proyectos pueden acceder a la energía disponible. En ese proceso, destacó la coordinación entre el sector privado y el público como uno de los elementos que favorecen la atracción de inversiones. “El sector privado habla y el gobierno escucha”, resumió Kim, al remarcar que esta interacción permite incorporar criterios técnicos a las decisiones sobre el destino de los recursos energéticos.
La creciente demanda de electricidad para centros de datos también plantea una nueva discusión sobre cómo administrar la energía disponible y qué tipo de inversiones priorizar. Kim reconoció que la llegada de grandes consumidores reduce el margen energético que existía anteriormente, pero sostuvo que el país también comenzó a ser más selectivo respecto de los proyectos que busca atraer. Con la minería de Bitcoin como antecedente y la inteligencia artificial como nuevo motor de demanda, el desafío pasa ahora por transformar la disponibilidad energética en infraestructura digital, empleos calificados y nuevas inversiones sin descuidar las necesidades del sistema eléctrico nacional.