El valor detrás de la brocha: “La sociedad empieza a comprender que un maquillador también es un profesional creativo”

La figura del maquillador dejó de ser vista como la de un simple prestador de servicios para consolidarse como la de un artista capaz de crear identidad, potenciar la imagen personal y marcar tendencias. Al mismo tiempo, el sector enfrenta nuevos desafíos impulsados por las redes sociales, los filtros digitales y la creciente demanda de autenticidad.

Para Guillermo Fridman, uno de los referentes más reconocidos del maquillaje profesional en Paraguay, “durante mucho tiempo costó que se entendiera el valor artístico de nuestro trabajo. Hoy la sociedad empieza a comprender que un maquillador no es solamente alguien que presta un servicio, es un profesional creativo. Pero también fue fundamental que los propios maquilladores aprendieran a darse su lugar”.

Según Fridman, la evolución del sector responde a un proceso que ya venía consolidándose a nivel internacional y que gradualmente comenzó a reflejarse en Paraguay. “Hubo, en su momento, íconos del maquillaje que fueron marcando este camino. Yo creo que una de las principales figuras que marcó ese estatus del maquillador fue Eva Noguera en su momento, y después, con el tiempo, sin darme cuenta, también lo marqué. También hay un montón de maquilladores que ya están teniendo ese lugar. Es decir, no es solamente la percepción de la sociedad, sino también la percepción que tiene el profesional”.

Paralelamente al crecimiento de la profesión, la industria experimenta una transformación en las preferencias de los consumidores. Durante años dominaron los maquillajes cargados y los estándares de belleza asociados a una apariencia artificial; sin embargo, la tendencia global apunta cada vez más hacia resultados naturales y personalizados.

Fridman aseguró que viene impulsando esta filosofía desde hace más de una década en Paraguay, incluso cuando todavía no era una corriente ampliamente aceptada dentro del mercado local. “Siempre defendí el maquillaje natural. No significa un maquillaje simple o sin técnica. Significa respetar la textura de la piel, los tonos naturales y resaltar la belleza propia de cada persona”, explicó.

Para el especialista, el maquillaje ya no debe utilizarse para ocultar características, sino más bien para potenciarlas. En ese sentido, consideró que el cuidado de la piel se volvió tan importante como los productos cosméticos. “La mujer está entendiendo que no necesita taparse, resaltar es lo que la hace única. Si quiere mejorar algo, muchas veces la solución está en el cuidado de la piel y no en agregar más maquillaje”, señaló.

La popularización de cámaras en alta definición, contenido audiovisual de calidad profesional y plataformas digitales hace que los excesos sean cada vez más visibles. “Las imágenes en HD muestran todo. Hoy se nota mucho más cuando un maquillaje está sobrecargado o cuando no respeta la textura natural de la piel”, agregó.

Sin embargo, no todos los cambios que llegaron con la digitalización son positivos. Fridman considera que las redes sociales generaron oportunidades importantes para democratizar el acceso a la información y acercar conocimientos de belleza a públicos más amplios, pero también instalaron prácticas que distorsionan la percepción de la realidad. “Las redes sociales ayudaron a masificar muchas profesiones y a que la gente entienda mejor ciertos conceptos. Pero también trajeron problemas como el abuso de filtros y la inteligencia artificial aplicada a la imagen”, afirmó.

También se observa un cambio en la forma en que las marcas seleccionan a sus representantes. Según su visión, en algunos casos se prioriza la popularidad digital por encima del conocimiento técnico. “Hay influencers que comunican muy bien y aportan valor. Pero también existe mucho contenido superficial, donde se recomienda un producto sin entender realmente su función, sus componentes o sus beneficios”, indicó.

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