“La primera repostera de Paraguarí fue mi mamá, hace 40 años, y yo crecí viendo cómo ella realizaba los pedidos. Mientras hacía mi tesis hice un curso de cocina, que era de cupcakes, y ahí empecé a comercializar. Como me gustaba mucho recorrer lugares lindos, quería algo así para mi ciudad. Por eso le puse el nombre de mi mamá, porque ella fue la primera repostera en Paraguarí”, relató Fernando.
Ese sueño tomó forma en 2015 con un primer local, mucho más pequeño que el actual. Sin embargo, el camino todavía tenía varias escalas por delante. Tras un tiempo trabajando en el Banco Nacional de Fomento (BNF), González sintió que su crecimiento profesional tenía otro rumbo. “Me di cuenta de que podía más. No me gustaba trabajar para otros y quería seguir creciendo”, explicó.
Con esa convicción decidió viajar a Estados Unidos, donde trabajó en un restaurante ecuatoriano ubicado en Nueva York, desempeñándose como jefe del área de pastelería. La experiencia cambió completamente su manera de entender el trabajo.
“Nueva York es la escuela de la vida. Ahí aprendí muchísimo, me hice fuerte y entendí lo que significa realmente trabajar en una cocina profesional: levantarse a las cinco de la mañana y dar el cien por ciento todos los días”, recordó.
Su idea era permanecer solo unos meses y luego regresar a Paraguay, aprovechando que era el cumpleaños de su mamá, pero la llegada de la pandemia modificó completamente sus planes. De vuelta en Paraguarí, tuvo que replantear el negocio.
“Empecé haciendo postres en frascos y vendiéndolos desde la ventana de mi casa. Ahí entendí que tenía dos opciones: irme nuevamente o apostar definitivamente por abrir el lugar que siempre soñé”, dijo.
La decisión implicó asumir riesgos, gestionar financiamiento y apostar por un proyecto mucho más ambicioso.
Inspirado en cafeterías de Asunción, González comenzó a diseñar un concepto propio. También recurrió a un chef para perfeccionar recetas que ya había desarrollado, buscando elevar la calidad sin perder el sabor casero que heredó de su madre.
El resultado fue una cafetería donde las grandes protagonistas siguen siendo las recetas tradicionales de Ña Nilda. Entre las especialidades más solicitadas figuran las tortas clásicas de vainilla con dulce de leche y la versión de chocolate, elaboradas exactamente con las recetas familiares que dieron origen al emprendimiento. “Son las tortas que todos conocen. Son las recetas de mi mamá y siguen siendo lo que más busca la gente”, afirmó.
Con la llegada del invierno, otro producto ganó protagonismo: los rolls de canela, disponibles tanto en su versión clásica como rellena.
Hace apenas unos días, Fernando inauguró su nuevo local, esta vez en su propia casa completamente remodelada, dejando atrás el espacio alquilado donde funcionaba anteriormente el café. Además, inaugurará un espacio para eventos con capacidad para 50 personas.
Además de la cafetería, ahora ofrece menú ejecutivo desde G. 35.000, pizzas artesanales, hamburguesas, entradas y platos para almuerzo y cena.
Entre las novedades destaca una pizza que rápidamente se convirtió en una de las favoritas de los clientes: La Braga, preparada con queso Paraguay y miel picante. También forman parte de la carta papas rústicas, mandioca, chorizo con mostaza y una canasta de panes, mientras que próximamente se sumarán vinos, cervezas, tragos y espumantes para fortalecer la propuesta nocturna.
El horario también acompaña esta evolución. Ña Nilda abre de 7:00 a 23:00, permitiendo recibir tanto a quienes buscan desayunar como a quienes desean almorzar, merendar o compartir una cena. “Durante la mañana mantenemos una atmósfera tranquila de cafetería, pero cuando llega la noche cambiamos la música y buscamos un ambiente más relajado y alegre para acompañar la experiencia”, comentó González.
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