Miguel Viveros forma parte del Club Bandeirantes y FJ de Land Cruiser, una comunidad que reúne a entre 100 y 150 personas apasionadas por las Toyota todoterreno clásicas. No es un club tradicional con una agenda rígida de actividades: es, más bien, un grupo de gente que comparte una misma obsesión por estas máquinas y que, cuando puede, se junta para salir a recorrer, hacer un asado o simplemente hablar de fierros.
“Nos gusta mucho porque vos podés entrar en cualquier lado, es todo terreno”, cuenta Miguel en conversación con InfoNegocios.
El grupo reúne principalmente vehículos de la línea Toyota Bandeirante y FJ Land Cruiser. Son modelos de distintas épocas, con historias diferentes y propietarios que también tienen sus propias razones para conservarlos. La Bandeirante tiene origen brasileño, mientras que la FJ Land Cruiser nació en Japón, pero ambas comparten esa fama de ser máquinas resistentes y preparadas para mucho más que el asfalto.
Claro que mantenerlas no siempre es sencillo. Encontrar repuestos puede convertirse en una verdadera búsqueda del tesoro, y ponerlas nuevamente en condiciones requiere tiempo, dinero y bastante conocimiento mecánico. Algunos propietarios también modifican la suspensión u otros componentes para adaptarlas al uso que les dan.
En el caso de Miguel, esa relación con los fierros viene desde chico. A los 12 años comenzó a trabajar con su padre en un taller mecánico y fue allí donde aprendió buena parte de lo que hoy aplica a su propia camioneta.
El FJ25 que tiene actualmente estaba lejos de ser una camioneta lista para salir a la ruta cuando llegó a la familia. No tenía motor ni caja y necesitó bastante trabajo para volver a funcionar. Su padre logró recuperarlo utilizando otras piezas y, con el tiempo, Miguel terminó heredándolo.
Por eso, más que hablar de cuánto vale, prefiere hablar de lo que representa.
“Para mí no tiene, al menos hasta ahora, un precio porque es una joya y un recuerdo, prácticamente, de él”, explica.
Esa misma combinación de historias personales y pasión por los vehículos es la que terminó formando la identidad del grupo. Los integrantes organizan encuentros y salidas al interior cuando coinciden las agendas. Una de las últimas experiencias fue un viaje a Encarnación, donde incluso tuvieron algunos inconvenientes durante el recorrido.
Y ahí aparece una de las características que más destacan del club: si uno tiene un problema, los demás paran.
Herramientas, conocimientos y alguna que otra solución improvisada salen a la ruta cuando hace falta. La idea es arreglar entre todos y continuar el viaje. Para Miguel, esa camaradería es una de las mejores partes de pertenecer al grupo.
También están las historias que nacen fuera de los caminos. Personas que llegaron sin conocerse terminaron convirtiéndose en amigos, unidos primero por una camioneta y después por todo lo que fueron compartiendo alrededor de ella.
El grupo considera a Nacho Cabrera como su presidente y referente, aunque la dinámica es bastante informal y se sostiene principalmente por la participación de sus integrantes.
¿Y quién puede sumarse? La respuesta es sencilla: cualquiera que comparta la pasión. Tener una de estas camionetas ayuda, pero también pueden acercarse quienes simplemente quieran conocer más sobre ellas y participar de los encuentros.
La intención ahora es seguir sumando gente, descubrir nuevos caminos y llevar cada vez más a las familias a estas aventuras. Porque detrás de cada Bandeirante o FJ hay mucho más que chapa, motor y ruedas: hay historias familiares, amigos, kilómetros recorridos y ganas de seguir saliendo a la ruta.