Ahuyentando al fantasma de los 90: tres economistas piden calma e instan al BCP recuperar credibilidad

Entre cadenas alarmistas de WhatsApp, el fantasma de la crisis de los 90 vuelve a encender las alarmas. Sin embargo, antes de caer en desesperación, es necesario entender que el contexto y las condiciones no son las mismas. Tres expertos en economía coinciden en que, si bien antes existía debilidad regulatoria, hoy el escenario es distinto. Además, sostienen que el caso de ueno bank es puntual, no sistémico, y que no hay motivos para entrar en pánico.

Amilcar Ferreira, consultor en asesoría financiera, Dionisio Borda y Germán Rojas, exministros de Hacienda.

Con lo sucedido con la entidad bancaria, indefectiblemente a varias personas se le vino a la memoria la crisis bancaria de 1995, sin embargo el escenario es bastante distinto de aquel entonces, cuando existía un control institucional débil y se dio una sumatoria de malas decisiones.

Para remontarnos al fantasma de ese pasado, primero hace falta conocer el contexto. Para 1995, según una publicación de 2018 del Banco Central del Paraguay (BCP), existían más de 100 entidades financieras (37 bancos y 68 financieras), producto de políticas liberalizadoras durante el gobierno de Andrés Rodríguez. 

“Las crisis bancarias de los 90 -se habla de la del 1995, 1997-1998 y 2001-2002- fueron sistémicas debido a préstamos a empresas vinculadas -a los propios bancos- y a la escasa supervisión del BCP. Asimismo, la falta de regulación en términos legales tanto para el BCP como el sistema financiero, con alto costo para el Estado y aún más para los ahorristas. El contexto económico estaba constituido básicamente por empresas con muy bajo desarrollo y un contexto fiscal débil”, recordó Dionisio Borda, economista y exministro de Hacienda.

Entonces, mientras el mercado crecía con rapidez, las regulaciones, normas y capacidades sancionatorias lo hacían a otro ritmo, uno más lento.

Según Amilcar Ferreira, consultor en asesoría financiera y estratégica, la crisis de finales del siglo XX se dio en medio de una gran debilidad legal e institucional, “teníamos leyes muy laxas que permitían que cualquiera abriera una entidad financiera; casi que como abrir una despensa y por otro lado un ente regulador muy débil”.

Por otra parte, en 1995 el país tenía un poco más de 4,5 millones de habitantes, pocos depósitos y varias instituciones compitiendo por captar dinero. 

Para junio de 1995, el BCP notó que algunos bancos no lograban cubrir sus obligaciones en la cámara compensadora -la entidad que interconecta y liquida las operaciones financieras o de pago entre diferentes entidades- por lo cual decidió intervenir y descubrió cuentas paralelas, es decir sin declarar o sin la debida autorización.

“La crisis de los 90 fue una crisis de aprendizaje porque a partir de allí se transformó la supervisión, de una regular a una rigurosa y adaptada a Basilea -el primer acuerdo internacional de regulación bancaria, establecido en 1988-”, afirmó Germán Rojas, economista y exministro de Hacienda.  

El escenario que tenemos hoy

“Hoy la situación no es igual: tenemos estabilidad macroeconómica y financiera, gran desarrollo de las empresas, un sistema financiero sólido y una disciplina fiscal, aunque esta última en franco deterioro, por el aumento del déficit fiscal y aumento continuo de la deuda pública”, opinó Borda.

En lo primero coincide Ferreira, quien enfatiza que “hoy día tenemos un sistema financiero con leyes que son muy adecuadas a las regulaciones internacionales, además de un ente regulador que está más fortalecido con respecto a lo que era la década del 90”.

En términos más sencillos, el marco regulatorio por el que se rigen las instituciones financieras no es el mismo.

“El escenario de los 90 era muy distinto: existía una debilidad regulatoria que constituía un campo fértil para cometer delitos. Hoy en día tenemos marcos regulatorios muy claros para el control. Además, en ese entonces, el pánico de los ahorristas era comprensible por el efecto dominó como si fueran llamas. Ahora es un caso aislado. La tarea pendiente es recuperar la confianza en el ente regulador, el BCP. Son 16 bancos que tienen solvencia y liquidez, con una sola excepción”, enfatizó Borda.

Para Rojas, lo que sucedió con ueno no se compara con la crisis de los 90, “ya no cabe el hecho de que hayan esquemas armados para privatizar ganancias y socializar las pérdidas”

“También: hay una interacción muy fuerte entre la detección de una situación que se da en las inspecciones y el monitoreo que se está haciendo y en las trabas que ponen las instituciones generalmente sustentadas en en criterios legales o jurídicos o como quiera llamarle para ganar tiempo para ver si puede solucionar en el ínterin. No considero que la supervisión no haya sido efectiva en el sentido de hacer un seguimiento”, afirmó Rojas.

“El sistema financiero paraguayo, más allá del caso puntual de ueno, está bastante sólido y maduro. El país ha avanzado muchísimo en gestión financiera. Desde mi punto de vista, ueno fue una buena idea, -llegó a tener 3 millones de clientes- pero mal ejecutada, porque algo que tendría que haber sido financiado con capital propio, con emisión de acciones se intentó financiar con préstamos vinculados en exceso de lo que la ley permite, según lo que manifestó el BCP. Creo que ueno intentó emular el modelo del brasileño Nubank, un banco digital, que perdió dinero los primeros 10 años hasta poder consolidar su tecnología y captar una gran cantidad de clientes, y una vez que se consolidó se volvió rentable”, apuntó Ferreira.

Por último, Ferreira afirmó que no hay razones para entrar en pánico. “La lectura que tengo es que se trata de un tema muy puntual. Es un banco muy grande en número de clientes, 3 millones, -el 9% del sistema financiero-, pero con saldos pequeños, por lo cual la base de la pirámide se ve afectada. Alcanza a mucha gente, pero en términos financieros no afecta al sector ni a la economía”.

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