“Crema nace como una alternativa para un público joven que busca otro tipo de espacios. Nos gusta mucho este barrio y queríamos crear un lugar donde la gente pudiera reunirse, sentirse cómoda y vivir una experiencia diferente, sin encasillarnos en un concepto específico”, explicó Jony Fleischman, uno de los socios del emprendimiento.
Crema presenta un gran jardín urbano pensado para disfrutar entre amigos. Su identidad está marcada por una cuidada selección musical, una propuesta gastronómica elaborada y detalles arquitectónicos que lo diferencian del resto.
Uno de los elementos que más llama la atención es una minirrampa de skate instalada dentro del predio, que funciona como escenario para las presentaciones musicales y representa el espíritu alternativo del lugar. “Queríamos darle un sentido más de calle y de comunidad. La rampa refleja bastante bien esa identidad que buscamos transmitir”, señaló Fleischman.
La música ocupa un rol protagónico desde el primer día. DJs especializados, muchos de ellos tocando exclusivamente en vinilos, forman parte de la programación habitual, mientras que todos los martes la rampa se transforma en escenario para un ciclo de jazz en vivo.
“Una de nuestras principales banderas es la calidad de la selección musical. Siempre buscamos DJs muy interesantes y una propuesta distinta. Los martes, por ejemplo, tenemos jazz en vivo y los domingos también contamos con DJs invitados”, comentó.
El espacio también sorprende por su barra exterior, una estructura de más de 15 metros que serpentea por el patio y en la que se integran la cabina del DJ y el sector de atención. Esa disposición busca eliminar barreras entre quienes preparan los tragos, quienes ponen la música y el público.
En cuanto a la propuesta gastronómica, Crema incluye platos pensados para compartir, como aceitunas apanadas, roast beef de la casa y una reinterpretación del clásico lomito callejero, además de una variada selección de tragos con y sin alcohol. La carta de vinos fue curada por el equipo de 1688 Restó, que priorizó etiquetas jóvenes y fáciles de disfrutar, en línea con el concepto relajado del lugar.
“Somos un resto bar. Queremos que la gente venga también a comer, no solamente a tomar algo. La gastronomía es una parte muy importante de la experiencia”, remarcó Fleischman.
La respuesta del público superó ampliamente las expectativas. En sus primeras semanas, el resto bar llegó a recibir a más de 500 personas durante algunas noches, una convocatoria que obligó al equipo a replantear aspectos operativos y de convivencia con el barrio.
“Es un lindo problema. Nunca imaginamos una convocatoria así en tan poco tiempo, pero también somos conscientes de que tenemos que cuidar a los vecinos. Por eso tenemos un cartel, que todo el mundo fotografía y etiqueta, con una frase que hace alusión a cuidar el barrio, a los vecinos y al entorno”, reconoció.