Todo comenzó en 2021, siguiendo los pasos de sus padres. Cuando cumplió 18 años recibió su primera moto y eligió una Harley-Davidson Iron 883. No era precisamente una moto discreta, pues tenía cubiertas rosas y algunos detalles inspirados en Barbie. “Amaba mi moto”, recordó en conversación con InfoNegocios.
Luego vendió su Harley y dio un giro hacia otro estilo de conducción, pues se compró una Suzuki GSX-R 600, una deportiva que hoy es su compañera de todos los días. “La Harley es una moto para viajes, es una moto cómoda. En cambio, la Racing es más para subir adrenalina”, dijo. “Me encanta el mundo de las motos, me encanta viajar”, agregó.
Aunque las motos también forman parte de sus momentos de recreación, para Yamila no es cuestión de una actividad de fin de semana. Trabaja en una estética y utiliza su moto para ir al laburo, hacer sus actividades y trasladarse por la ciudad. Es, literalmente, su medio de transporte diario.
Su mamá, María Lina Diaz, continúa andando en moto y es presidenta de la Asociación de Mujeres Motociclistas del Paraguay, espacio del que Yamila también forma parte. Juntas participan de rodadas y encuentros, especialmente los fines de semana y en salidas nocturnas, cuando sus horarios laborales se los permiten.
Un mundo que todavía tiene sus prejuicios
Salir a rodar siendo mujer y, además, hacerlo sobre una moto de gran cilindrada todavía implica enfrentarse a ciertas situaciones. Yamila considera que hoy existe una mayor aceptación porque cada vez hay más mujeres que se suman al motociclismo, aunque eso no significa que los prejuicios hayan desaparecido.
“Cuando nosotras salimos todas juntas, sí o sí pasa el tipo que se quiere meter en la caravana, que nos quiere hacer de menos. Por el hecho de tener moto, luego no se nos respeta”, contó.
También recordó situaciones de acoso en la calle y comentarios de conductores que parecen asumir que una mujer no debería estar al mando de una motocicleta de esas características. “Una vez, por ejemplo, me pasó que he sufrido acoso en la calle”, relató.
“Siendo mujeres, a veces como que no nos quieren dar nuestro lugar”, reflexionó al hablar de esas experiencias. Sin embargo, asegura que aprendió a no dejar que esas situaciones condicionen su afición: “Ya normalicé, acepto y no les hago caso. Sigo con mi vida”.
Para quienes quieren iniciarse en este mundo, su consejo es que deben perder el miedo y darse la oportunidad. “Yo les digo que se animen, porque es una sensación única. No es lo mismo irse en auto, no es lo mismo irse en bus. En la moto es otra sensación”, sostuvo refiriéndose a aquellas mujeres que todavía no se animan a hacerlo.
Dejó un mensaje especial para su género: “Ellas jamás se tienen que achicar por nadie, tienen que creerse las empoderadas”.
Eso sí, recomienda comenzar con una cilindrada baja e ir ganando experiencia antes de pasar a modelos más grandes. Además, dice que tener una moto deportiva exige un presupuesto importante, pues el mantenimiento y los repuestos pueden ser costosos y una reparación simple puede representar, como mínimo, G. 800.000.
Dos pasiones que conviven
Fuera de las rutas, Yamila también encontró en el fitness otra forma de expresar su estilo de vida. Durante un tiempo creó contenidos para TikTok sobre entrenamiento y motociclismo. Contó que fue atleta, compitió y llegó a ser campeona, dos actividades que considera parte de su identidad.
“Son dos pasiones diferentes, pero juntas”, finalizó.