Para Rodolfo Hiebl, propietario e hijo de Don Benedicto, “Mis amigos y colaboradores me dicen Rudy, soy panadero y me la enseñó mi papá, despertándome a las cuatro de la mañana a ayudarle a hacer el pan para que a la mañana ya esté para los calientes y eso hasta hoy se me queda en el corazón. Amo esta panadería como mi segundo hogar”.
Actualmente, La Negrita cuenta con cinco sucursales y una propuesta que va más allá de la panificación tradicional. A los panes, rosquitas y palitos que forman parte de su identidad se sumaron servicios de buffet, rotisería y confitería, además de una amplia variedad de productos dulces, tortas y bocaditos.
La apuesta por mantener los estándares de calidad y servicio también se refleja en su preparación para las temporadas de mayor demanda. “En este lugar yo nací, a medida que yo crecía la panadería se iba agrandando, pero mi papá ya estaba antes y, bueno, es el resultado de mucho trabajo. Tenemos el top of mind gracias a la aceptación del público por nuestra calidad y el servicio”, resaltó Hiebl.
Por otro lado, con la Navidad en el horizonte, la empresa vuelve a concentrarse en sus productos tradicionales, entre ellos el pan dulce, que Hiebl destaca como uno de sus principales atractivos. Para el empresario, el valor está en la persistencia, la calidad y la atención al cliente.
La evolución de la marca también estuvo acompañada por cambios en su estrategia comercial. Paula Madalibera Noguera, encargada de Marketing de Panadería La Negrita, explicó que “uno de los principales desafíos fue llegar a un público más joven, sin dejar de lado a los consumidores que acompañan a la empresa desde hace décadas. El departamento de marketing surgió alrededor de 2019, en un contexto que obligó a replantear la forma de relacionarse con los clientes y diversificar los canales de venta”.
La pandemia aceleró ese proceso y abrió paso a una comunicación más directa mediante redes sociales y plataformas de delivery, como PedidosYa.
“Antes era mucho más familiar, de boca en boca y con publicidad tradicional”, señaló Vera. La incorporación de nuevos canales permitió ampliar el alcance de la marca y acercarla a consumidores que quizás no habían crecido con sus productos, pero que hoy pueden conocerlos y comprarlos de manera más sencilla.
Ese trabajo contribuyó a fortalecer el posicionamiento de La Negrita, especialmente en el segmento de confitería, donde sus alfajorcitos y pastafrolas tradicionales mantienen un lugar destacado. La empresa también comercializa sus panes en supermercados, extendiendo su presencia más allá de sus locales propios.
Detrás de la marca existe una estructura productiva que integra dos empresas: Panadería La Negrita, enfocada en los locales de venta, e Interpan S.A., responsable de la producción industrial. En conjunto, reúnen aproximadamente 300 colaboradores.
La planta industrial funciona en Lambaré, en una de las sucursales de la firma, y forma parte de un proceso de industrialización de la panificación que lleva más de 15 años. Desde allí se abastece, entre otros canales, a los supermercados, mientras que la casa matriz concentra la elaboración de productos de confitería, tortas y bocaditos.
La dimensión humana también ocupa un lugar central en su historia. Durante la celebración de sus más de nueve décadas, la empresa rindió homenaje a colaboradores jubilados y reconoció trayectorias que acompañaron su desarrollo.