La Mansión Irigoyen fue escenario del velatorio de los restos del Mariscal Francisco Solano López y de su hijo, Panchito López, tras su traslado desde Cerro Corá en 1936. La propiedad perteneció a don Romualdo Irigoyen, un destacado estanciero de la sociedad concepcionera, nacido en 1860 y fallecido en 1944.
Según relató Cardozo, “Irigoyen fue amigo de Emiliano R. Fernández y financió la expedición para recuperar los restos del Mariscal y trasladarlos a Concepción. El acontecimiento quedó ligado a la historia de la ciudad y hoy forma parte de la identidad del establecimiento”.
La casona también conserva referencias artísticas vinculadas a aquella época. Una pintura realizada por artistas locales reúne parte de esa memoria y recuerda la relación entre Irigoyen, Fernández y la expedición. Para Cardozo, esa historia fue determinante al momento de elegir el inmueble: la propuesta gastronómica debía desarrollarse sin perder de vista el patrimonio que lo distingue.
La recuperación de la mansión implicó un trabajo cuidadoso para mantener su esencia arquitectónica. “Algunos pisos originales tuvieron que reemplazarse debido al deterioro provocado por la humedad, pero se conservaron elementos que forman parte de su carácter, como puertas, ventanas y detalles de madera”, contó.
Uno de los trabajos más laboriosos fue recuperar la madera original de más de 30 puertas y ventanas. Las superficies acumulaban capas de pintura aplicadas durante décadas, por lo que un equipo de carpinteros dedicó aproximadamente dos meses a retirarlas y devolverles su aspecto natural.
La intención es combinar lo antiguo con una estética contemporánea. “No nos enfocamos en lo tradicional rústico. El concepto es ofrecer una experiencia moderna dentro de una casa que conserva las huellas de su pasado”, explicó.
En el plano gastronómico, Irigoyen apuesta por una carta centrada en las carnes y los cortes premium. Entre las opciones se encuentran picaña, vacío, costilla, entrecostilla, cupín, palomita y lomito. La cocina complementa la parrilla con preparaciones como lomito a la pimienta, al pachoqueso, al roquefort y picaña al ajo.
El rodizio es uno de los atractivos de la propuesta, aunque su formato todavía resulta novedoso para parte del público local, más acostumbrado a pedir platos a la carta. Por eso, el establecimiento también trabaja en la capacitación del personal para fortalecer el servicio y familiarizar a los clientes con esta modalidad.
La identidad gastronómica de Concepción también tiene un lugar destacado. Los lunes, la carta pone el foco en el pescado, con preparaciones como milanesa de surubí y cazuela. Esta última propuesta forma parte del bufet, mientras que el mandi’o chyrý se destaca entre los platos a la carta.
Uno de los datos que más llama la atención es el origen de sus visitantes: según Cardozo, actualmente alrededor del 90% de los clientes llega desde otras ciudades, mientras que el 10% corresponde a Concepción. Entre ellos hay personas del Chaco, Pedro Juan Caballero y otras localidades del departamento, además de visitantes extranjeros.
Irigoyen Parrilla funciona todos los días, de 11:00 a 2:00, con horarios diferenciados para cocina, parrilla y bar. La propuesta también incluye café, postres y tragos para quienes buscan una pausa fuera de los horarios principales de comida.
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